El anuncio de un nuevo brote del letal virus Nipah en la India escaló rápidamente hasta la cima de las tendencias en las redes sociales chinas, acumulando más de 43 millones de visualizaciones bajo el rótulo de la OMS sobre el riesgo de una pandemia mundial.
La noticia llega en el momento más inoportuno para Pekín: a pocos días del 2 de febrero, fecha en la que arranca el ‘chunyun’, el periodo de 40 días de viajes por el Año Nuevo lunar que el año pasado movilizó a más de 9.000 millones de personas.
Para la ciudadanía china, la mención de un patógeno zoonótico sin vacuna ni tratamiento (y con una letalidad de hasta el 75%) es un disparador de traumas recientes.
Tras tres años de la política de ‘cero covid’, marcada por fronteras selladas y confinamientos draconianos, el sentimiento mayoritario en plataformas como Weibo es el miedo al encierro.
«No quiero que me encierren otra vez», es el eco constante de unos internautas que exigen ahora el endurecimiento de los controles fronterizos y la revocación de la reciente relajación de visados con la India, una medida que irónicamente buscaba mejorar las relaciones bilaterales.
Postura de expertos ante el virus Nipah
A pesar del clamor digital, la comunidad científica china mantiene un tono de cautela optimista. El reputado infectólogo Zhang Wenhong aseguró que el país cuenta con sistemas de secuenciación de última generación (NGS) capaces de diagnosticar y rastrear cualquier brote con una rapidez inexistente en 2020.
Por su parte, virólogos de la Universidad de Wuhan sostienen que el riesgo de una epidemia local es bajo, debido a que las especies de murciélagos frugívoros portadores del Nipah en la India no son las mismas que habitan en territorio chino.
Además, recalcan que China no ha registrado un solo caso importado desde que se identificó el patógeno en 1998.
Desde diciembre de 2024, el Nipah ya figura en la lista de vigilancia prioritaria de la Aduana china, lo que demuestra que las autoridades no ignoran la amenaza.
El brote en la India, aunque limitado por ahora a dos casos confirmados y casi 200 personas bajo vigilancia, puso a prueba la estabilidad emocional de una China que aún se recupera de las cicatrices sociales de la última pandemia.
El reto para el Gobierno de Xi Jinping será gestionar el equilibrio entre la seguridad sanitaria durante el ‘chunyun’ y la necesidad de evitar una psicosis colectiva que paralice la economía en su momento de mayor consumo. (EFE)








