La capital francesa es, una vez más, el escenario donde la moda no solo se exhibe, sino que se redefine. La inauguración de la Semana de la Moda femenina de París se convirtió en el testamento del cambio con marcas jóvenes como Weinsanto y Julie Kegels, abriendo el telón junto a la magnitud de Saint Laurent. De esta manera, marcaron un diálogo entre el ímpetu de lo nuevo y la atemporalidad de lo consagrado.
Esta edición, que abarca hasta el 7 de octubre, es calificada por los expertos, y con razón, como «histórica». No se trata de una temporada más, sino de un nuevo ciclo creativo, según AFP.
Más de 110 firmas presentarán sus colecciones primavera-verano 2026, pero el verdadero drama yace en los movimientos tectónicos en las cúpulas creativas.
La audacia de los nombres nuevos
La industria del lujo, que enfrenta sus propias turbulencias económicas y comerciales, apuesta por el golpe de timón más radical: una decena de nuevos creadores asumen roles decisivos.
Este relevo generacional es la inyección de adrenalina que el sector demanda para evitar el anquilosamiento.
Los ojos del mundo se posan en dos estrenos que encapsulan la magnitud de esta era de transición:
Matthieu Blazy en Chanel: el 6 de octubre se vivirá el momento más esperado. Blazy, tras su paso por Bottega Veneta, asume la titánica tarea de suceder a Virginie Viard, la mano derecha que continuó el legado del inolvidable Karl Lagerfeld. Es el fin de una era y el inicio de la incógnita sobre el futuro de la casa de la doble C.
Jonathan Anderson en Dior: con una trayectoria brillante, marcada por la radical transformación de Loewe, el norirlandés presentará su visión femenina para Dior el 1 de octubre. Su llegada a esta casa icónica promete una sacudida, un pulso renovado en una de las firmas más veneradas.
El efecto dominó de estos movimientos se extiende hasta Loewe, que abre su propio capítulo con el dúo Jack McCollough y Lazaro Hernandez, fundadores de Proenza Schouler.
De la pasarela al pueblo: Saint Laurent y L’Oréal
Mientras las casas de lujo diseñan el mañana, la moda también busca su encuentro con el gran público.
La presentación nocturna de Saint Laurent es un foco de la alta costura, pero el colofón popular lo pone el desfile de L’Oréal París.
Este evento, abierto en la plaza de la municipalidad, eleva a sus embajadoras—desde Eva Longoria hasta Jane Fonda— a protagonistas, democratizando, por un instante, el acceso a este universo. Es la belleza que desciende del pedestal.
La Semana de la Moda de París no es solo una vitrina de tendencias, sino el sismógrafo de la cultura y el comercio global. Las decisiones tomadas en estos nueve días forjarán la estética, y la economía, de la próxima década. (EN)








