¿Sabemos tratar a nuestros padres y personas ancianas? Waldo Negrón

22 noviembre 2022 | Sociedad

Deseo compartir con ustedes una historia publicada en el famoso libro La Culpa es de la
Vaca, escrito por Jaime Lopera y Marta Bernal. La historia se titula La carta del viejo
“Amada hija”
“El día que este viejo ya no sea el mismo, ten paciencia y compréndeme”.
“Cuando derrame comida sobre mi camisa y cuando olvide cómo atarme mis zapatos,
tenme paciencia: recuerda las horas que pasé enseñándote a hacer las mismas cosas.
Si cuando conversas conmigo repito y repito las mismas palabras y sabes de sobra
cómo terminan… no me interrumpas y escúchame. Cuando eras pequeña para que te
durmieras, tuve que contarte miles de veces el mismo cuento hasta que cerrabas los
ojitos”.
“Cuando estemos reunidos y sin querer haga mis necesidades, no te avergüences y
comprende que no tengo la culpa de ello, pues ya no puedo controlarlas. Piensa
cuántas veces cuando niña te ayudé y estuve pacientemente a tu lado esperando a que
terminaras lo que estabas haciendo”.
“No me reproches porque no quiera bañarme; no me regañes por ello. Recuerda los
momentos que te perseguí y los mil pretextos que te inventaba para hacerte más
agradable tu aseo”.
“Cuando me veas inútil e ignorante frente a todas las cosas tecnológicas que ya no
podré entender, te suplico que me des todo el tiempo que sea necesario para no
lastimarme con tu sonrisa burlona. Acuérdate que fui yo quien te enseñó tantas cosas.
Comer, vestirte y cómo enfrentar la vida tan bien como lo haces, son producto de mi
esfuerzo y perseverancia”.
“Cuando en algún momento, mientras conversamos, me llegue a olvidar de qué
estamos hablando, dame todo el tiempo que sea necesario hasta que yo recuerde, y si
no puedo hacerlo… no te impacientes; tal vez no era importante lo que hablaba y lo
único que quería era estar contigo y que me escucharas en ese momento”.
“Si alguna vez ya no quiero comer, no me insistas. Sé cuánto puedo y cuándo no debo.
También comprende que, con el tiempo, he perdido los dientes y el gusto para sentir.
Cuando mis piernas fallen por estar cansadas para andar… dame tu mano tierna para
apoyarme como lo hice yo cuando comenzaste a caminar con tus débiles piernitas”.
Por último, cuando algún día me oigas decir que ya no quiero vivir y solo quiero
morir… no te enfades. Algún día entenderás que esto no tiene que ver con tu cariño o
cuánto te ame. Trata de comprender que ya no vivo, sino que sobrevivo, y eso no es
vivir”.
“Siempre quise lo mejor para ti y he preparado los caminos que has debido recorrer.
Piensa entonces que con este paso que me adelanto a dar, estaré construyendo para ti
otra ruta en otro tiempo… pero siempre contigo”.
“No te sientas triste, enojada o impotente por verme así. Dame tu corazón,
compréndeme y apóyame como lo hice cuando empezaste a vivir”.
“De la misma manera como te he acompañado en tu sendero, te ruego me acompañes a
terminar el mío”.
“Dame amor y paciencia, que te devolveré gratitud y sonrisas con el inmenso amor que
tengo por ti”.
“Te quiere,
Tu viejo”
¿Lecciones de la historia?
El adecuado trato, respeto y consideración a nuestros padres, y a los ancianos en
general, es uno de los indicadores del desarrollo de las sociedades. El trato despectivo,
insultante y de dolorosa indiferencia hacia las personas de edad avanzada, representan

una verdadera “rémora” social, un aspecto que evidencia poca madurez de los seres
humanos, de cualquier entorno social.
Las personas mayores, han dado su vida por sus hijos y familiares, al tiempo que han
dado una valiosa contribución a las organizaciones o empresas donde hayan tenido su
desempeño laboral. Tienen sobrados méritos y enormes aportes que la sociedad, y su
entorno cercano, deben saber valorar y aquilatar.
De allí, mis queridos lectores, de resulta de vital importancia que sepamos valorar a
nuestros padres, abuelos y personas ancianas, para darle ese trato considerado, amoroso,
respetuoso y de mucha consideración para ayudarles a vivir, de la manera mas grata
posible, los últimos años de sus existencias.
Concluyo estas reflexiones con este pensamiento:
“Envejecer es como escalar una gran montaña; mientras se sube las fuerzas
disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena”. Ingmar
Bergman
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Waldo Negrón
Twitter: @Waldo_Negron. Instagram: @waldonegron
Facebook; Waldo Negron
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Canal Youtube: https://www.youtube.com/channel/UCmN9W8GHrXUZs88LEHudx8w
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