Raúl Alegrett: ¿Que pasa con nuestros Agricultores?

6 noviembre 2016 | Economía, Todas las del inicio

¿QUÉ PASA CON NUESTROS AGRÍCULTORES?

Está claro que la oferta de bienes agrícolas en el país ha tenido siempre, desde que nos convertimos en exportadores de petróleo, un elevado componente de importación. No hemos alcanzado desde entonces cifras de abastecimiento interno por encima del 65 o 70% del valor de nuestro consumo, como sería deseable. Venezuela no es un territorio de capacidad ilimitada para la producción agrícola como la gente de las ciudades suele imaginar; de hecho sufrimos de una importante penalidad: tenemos una demanda elevada de trigo y no hemos podido encontrar condiciones ni variedades que nos permitan producirlo con un mínimo de racionalidad económica. Esto nos hace muy dependientes de las importaciones de determinados países. En menor proporción, existe un elevado déficit tradicional en la producción de plantas oleaginosas, a pesar de iniciativas como la introducción del girasol o la soya y el cultivo de palma africana. Asimismo, aunque somos productores de leche bovina, nuestra ganadería lechera enfrenta limitaciones climáticas que afectan su productividad manteniendo una marcada insuficiencia en la oferta sin desconocer el haber conquistado significativos avances en productividad. Estos tres grupos de productos constituyen un bloque de importaciones costosas que pesa determinantemente en nuestra balanza comercial externa, por lo que debe intensificarse la investigación y experimentación sobre los mismos y establecer convenientes incentivos.

Pero existen otros productos de consumo masivo en los que se puede y debe sustituir la importación, así como productos que pudieran exportarse o incrementar su exportación. No obstante, las estadísticas y la evidencia diaria indican que más bien estaríamos retrocediendo, a pesar de cuantiosos recursos asignados por el Estado para el financiamiento de la actividad productiva. ¿Qué pasa entonces con nuestros agricultores?

Producir en el campo no es fácil. No basta con tener acceso a una extensión de tierra y a un monto de recursos financieros. Lo primero es que el productor tenga seguridad sobre la tierra que posee y garantías suficientes en cuanto a su integridad física y de las personas de su familia y de sus colaboradores. Asimismo, en lo que respecta a los bienes personales y de producción.

Para realizar con éxito su labor productiva, el agricultor o ganadero requiere disponer oportunamente de los insumos, maquinarias, equipos y piezas de recambio que exige la actividad. El financiamiento con apoyo de crédito suficiente y oportuno es indispensable, pero no garantiza por sí solo la provisión de las exigencias señaladas. Satisfacerlas implica que esos insumos y bienes de producción se encuentran disponibles en el país y convenientemente accesibles o que es posible acceder a ellos desde el exterior. Objetivamente, ésta no es la situación actual y por tanto habrá tierra productiva sin sembrar y deficientes cosechas por siembras con material inadecuado, mal mantenimiento del cultivo, afectación de plagas no controladas, insuficiencia o fallas en las labores dependientes de maquinaria y equipos.

La producción agrícola es una actividad compleja y requiere de buena información y apropiados consejos. Para ello se requiere que servicios de investigación de instituciones del Estado, de las universidades o privadas, se aboquen a trabajar sobre rubros prioritarios y que su información

llegue adecuadamente al productor. La disponibilidad y eficiencia de los servicios relacionados, constituye una plataforma fundamental para aumentar la productividad.

La comercialización remunerativa de la producción es objetivo principal de toda actividad productiva. La agricultura no es una excepción, aún cuando una parte de los productos pueda destinarse al consumo familiar o auto consumo. En tal sentido, un elemento determinante en la cadena productiva lo constituyen las condiciones y el precio de venta del producto.

Si los precios de los productos no compensan los gastos de producción y en lugar de beneficios ocasionarán pérdidas, el productor lógicamente suspenderá su actividad. Esto es lo que sucede cuando ocurren aumentos en los costos de producción y de comercialización que no pueden ser trasladados al comprador o asumidos por el Estado.

Un aumento en el costo de producción puede ocurrir por causas naturales que obligan a un incremento en el uso de insumos y otros recursos causando pérdidas de productividad, pero también por el aumento en el costo de los distintos factores de producción: tierra, capital, trabajo, tecnología. En nuestro país es muy importante la incidencia del comportamiento del precio de los insumos, materiales, equipos y salarios, particularmente en condiciones de elevada inflación y deterioro en el valor externo de nuestra moneda.

Asimismo, un proceso ineficiente de comercialización incide en el costo del producto. Dificultades en almacenamiento o transporte de los productos, infraestructura vial deficiente, restricciones en la circulación y venta, pérdidas y mermas en el proceso, encarecen el precio al consumidor.

Si por otra parte se establecen precios máximos que no reconocen los aumentos de los costos debidos a razones ajenas al desempeño de los productores, el resultado será el desincentivo a la actividad productiva y la disminución en las áreas de siembra.

¿Son los agricultores venezolanos los responsables de la insuficiente producción agrícola?

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