Dentro de poco, probablemente este mismo año o, a mas tardar, a principios del próximo vamos aprestaremos a participar en unas elecciones presidenciales, que significarán el cierre definitivo de una época y el inicio de un nuevo período histórico en el país.
Para esa contienda electoral, desde hace ya unos tres años luce incontenible la candidatura prístina de María Corina Machado, una lideresa surgida de las entrañas de la sociedad civil venezolana que se hartó de un liderazgo partidista, con unas pocas excepciones, vencido, mediocre, excluyente, sectario y cada vez mas proclive a la corrupción.
La mayoría de las organizaciones partidistas que conforman el vasto universo de la alternativa democrática nacional, ha manifestado su apoyo a la candidatura presidencial de María Corina Machado, unas por genuina convicción política y otras por simple y tradicional oportunismo. “Crece el trigo junto a la cizaña”, refiere una frase bíblica.
Durante los 27 años de la tiranía socialista, esta se encargó con mucha eficacia de dinamitar a todos los partidos políticos opositores, tanto a los tradicionales como a los que nacieron al calor de supuestas ideas de cambio y renovación. Es así que se intervinieron judicialmente a varias organizaciones, se compraron consciencias de muchos líderes de ellas, se reprimió a los que con dignidad mantuvieron sus posiciones y, en general, esos partidos, sus dirigentes y militantes, fueron sometidos a un masivo proceso de destrucción, descrédito y corrupción, que hoy día hace muy difícil distinguir la posición política real de muchos de ellos.
La lamentable situación de inseguridad y confusión reinante en ese conjunto de partidos y movimientos políticos, es lo que me lleva a la firme decisión de proclamar que solamente el partido VENTE VENEZUELA, la organización creada por María Corina Machado, es la única que ofrece garantías plenas de total solidaridad y compromiso con su candidatura presidencial y, con la posterior ejecución de su plan de gobierno denominado Venezuela Tierra de Gracias.
No se trata de sectarismo ni de hegemonía partidista, quienes me conocen saben de mi condición de demócrata cristiano, se trata simplemente de realismo político.
Analicemos objetivamente la realidad actual de los principales partidos nacionales.
Acción Democrática, el partido más antiguo y de mayor impacto en la historia democrática del país. Su conducción formal, encabezada por Bernabé Gutiérrez, de manera pública y notoria se encuentra total y absolutamente al servicio de la usurpación socialista, en especial de su dirigente mas connotado, Diosdado Cabello, quien pareciera ser su futuro candidato presidencial. La otra AD, la llamada “en resistencia” liderada por Henry Ramos Allup, personaje que encarna todo el desprestigio y falsedad del liderazgo político del pasado. Su más reciente participación electoral, tanto en la primarias de 2023 como en el apoyo a la candidatura de Edmundo González Urrutia, estuvo enmarcada bajo la sombra de la deslealtad y la traición. El candidato de su confianza, el que él le impuso a su partido para las primarias, Carlos Prosperí, terminó alborozado en los brazos de Nicolás Maduro. Posteriormente, la custodia de los votos a favor del candidato Edmundo González Urrutia que se le confió a su partido en el estado Lara, resultó ineficaz y de dudosa lealtad por cuanto inexplicablemente se “extraviaron” un total de 150.000 votos. De modo que no hay ninguna garantía, aún cuando la AD en resistencia recupere los símbolos partidistas, que su votación efectivamente vaya a engrosar el caudal electoral a favor de María Corina.
El caso de COPEI tiene cierta similitud al de Acción Democrática. Con el COPEI oficial, el impuesto por la tiranía encabezado por Miguel Salazar y Carlos Alvarado, sucede exactamente igual a lo que acontece con la AD de Bernabé Gutiérrez, ya que ambos grupos partidistas solo compiten por ver cual de los dos es más genuflexo e indigno ante la tiranía usurpadora. En cuanto se refiere al otro COPEI, el que se identifica con el apellido ODCA, la situación también es muy parecida a la AD de Ramos Allup. De hecho, todos sus procederes caracterizados por la indefinición y posiciones acomodaticias, hacen pensar que este último dirigente adeco pareciera ser el gran mentor e inspirador de ese COPEI.
En definitiva, ninguna de las direcciones nacionales de estos dos partidos, en cualesquiera de sus dos versiones, son garantías de compromisos y lealtad con el cambio, con la libertad y con el rescate democrático que el país reclama. Votar por ellos en sus respectivas tarjetas, implicaría, en un caso, hacerlo explícitamente a favor de la usurpación y la tiranía y, en el otro, significaría una gran duda e inseguridad acerca del destino final de esa expresión electoral. Por tanto, para evitar desagradables sorpresas, ambos deben ser descartados.
Esto por supuesto no significa en modo alguno la descalificación de la votación acciondemocratista y copeyana, especialmente de su dirigencia y militancia media y de base, que en su gran mayoría desde hace ya por lo menos tres años, está formando parte activa del electorado que respalda leal y solidariamente a María Corina Machado.
En relación a las otras agrupaciones partidistas de mayor relevancia en el escenario político nacional, Voluntad Popular, Un Nuevo Tiempo y Primero Justicia, el cuestionado desempeño político y ético de sus principales líderes, salvo casos excepcionales como el de Juan Pablo Guanipa, deja mucho que desear y no ofrecen garantías de lealtad, firmeza y compromiso serio con el modelo político que postula el liderazgo de María Corina Machado.
Por estas razones podemos afirmar que no es igual votar por la candidatura presidencial de María Corina Machado a través de la tarjeta del partido Vente Venezuela, que hacerlo por otras que aunque tengan colocada su fotografía para identificarse, puesto que no garantizan que la fidelidad sea hasta el final, para lograr el cambio político, económico, social y cultural que queremos los venezolanos.








