¿Cómo un país socialista acabó con el parque automotor?

31 mayo 2019 | Economía, Todas las del inicio

El retiro voluntario de una cantidad indeterminada de empleados de la planta de Ford Motors en Valencia, no quiere decir que la empresa planea despedirse de Venezuela. Todo lo contrario, busca quedarse y amoldarse al complejo mercado de vehículos que queda como producto de la destrucción masiva del parque automotor venezolano.

“Nuestra planta en Valencia continúa operando, adaptando la oferta con la demanda, en línea con los pedidos de nuestros concesionarios. Ford lleva 56 años operando en Venezuela y no tiene planes de abandonar el país”, confirmó la automotriz.

Un futuro nada prometedor parecía esperar con los brazos abiertos a los empleados de la compañía. Según ex trabajadores, cerca de 800 personas aceptaron el paquete de retiro desde diciembre del año pasado.

En la búsqueda de soluciones

Aunque la compañía ha ofrecido, desde hace tres años, un proyecto de retiro voluntario, no fue sino hasta 2018 cuando esta realidad se hizo más evidente.

La empresa recalcó que la idea es otorgar a las personas que quieran sumarse un inicio desde cero hasta nuevos emprendimientos y proyectos a largo plazo.

“Desde principios de 2015, el sector automotriz dejó de recibir asignaciones de divisas por parte del Gobierno, para atender las importaciones de material requerido para la producción de vehículos. Por lo que se hizo imperante la necesidad de buscar alternativas innovadoras en pro de la continuidad de la empresa y de los más de 100 mil empleos de la industria automotriz que estaban en riesgo”, explicó Ford Motor.

Desde esa fecha, Ford buscó idear un mecanismo para autogenerar divisas y resguardar su supervivencia en una economía en quiebra, como lo es el caso venezolano; entendiendo que se trata de una realidad donde los ciudadanos no tienen como prioridad ahorrar para un carro. Las preocupaciones son otras en una coyuntura desgastada por la incertidumbre, el intento de supervivencia y una sociedad que nada contra el espiral hiperinflacionario.

Lo que sí es cierto es que la automotriz aún ofrece al mercado venezolano sus vehículos cotizados en dólares.

“Se enfocó en un proceso innovador a través del cual la empresa podía conseguir, mediante su red de concesionarios, los fondos en divisas necesarios para colocar los pedidos del material de ensamblaje importado para vehículos (MEIV) y así poder fabricar los autos en Venezuela, en la planta ubicada en Valencia, con contenido local, los cuales serían vendidos a los compradores finales bajo un esquema mixto que permita a los concesionarios recuperar su inversión y seguir colocando pedidos para continuar la producción”, detalló la empresa.

Del estrellato a la miseria                                                                         

Ford Motors reveló que en lo que va de 2019 no se ha fabricado ni un solo carro y ni siquiera existe un plan de producción, manifestaron las fuentes sindicales.

El país suramericano, hace varios años, tenía una capacidad instalada para fabricar hasta 250.000 carros. De hecho, hace apenas 12 años produjo 172.000 modelos.

En los últimos tres años, en Puerto Cabello, ingresó casi uno de cada cuatro de los modelos nuevos que hoy circulan en Venezuela.

LA renuncia viene porque cerca del 70% de los empleados permanecían en sus hogares y hay incertidumbre

¿Qué generó la renuncia?

El secretario de Capacitación del sindicato de la planta, Ángel Pandares, indicó que toda esta travesía inició para ellos desde la caída de producción de los años 2015 y 2016.

“En vista de la salida del país de la empresa General Motors, donde quedaron en la calle más de 3.500 trabajadores, la gran mayoría de los Ford Motors, comenzamos a vivir una incertidumbre. En 2016, se ensamblaron 1.050 las unidades; en 2017 fueron 420 unidades y en 2018, 105 unidades”, expresó Pandares.

Ante tal circunstancia, cerca del 70% de los empleados permanecían en sus hogares, unos convocados y otros no. Los mismos eran solicitados cuando se necesitaba de su conocimiento en la planta.

“Era intermitente el trabajo”, dijo Pandares.

No obstante, este escenario cambió, según las declaraciones de algunos ex empleados, cuando a finales de 2018 la compañía los llamó para anunciarles que en 2019 la sede dejaría de operar.

“Ya viendo la tragedia del sector automotriz, la empresa estaba ofreciendo paquetes pero dando información que no había plan de producción y la imposibilidad de cumplir con el contrato, como comedor, cesta navideña, planes recreativos, entre otros, la nómina diaria que éramos unos 1.100 trabajadores tomamos la decisión de irnos”, aseveró Pandares.

Efecto dominó

Los empleados empezaron a ver cómo renunciaban sus supervisores y eso incendió, mucho más, las alarmas.

“Se fue la gerencia de Ingeniería, de Producción, de Mantenimiento, Dirección de Planta, de Pintura”, puntualizó Ángel Pandares que, ahora, intenta sacar adelante un pequeño negocio en Güigüe, ubicado en el municipio Carlos Arvelo de Carabobo.

Juan Rojas, quien también trabajó por 10 años en la planta de la fábrica en Valencia, narró que, en su caso, la decisión de despedirse de Ford Motors vino luego de analizar la inestabilidad que le generaba no estar de forma estable en su trabajo.

Una Venezuela en números rojos

Los últimos boletines corporativos compartidos por Ford Motors, que incluyen a Venezuela, fueron publicados en 2016, cuando se registró una pérdida de 477 millones de dólares en el flujo de caja vinculado al ejercicio de 2014.

Por otra parte, en los resultados corporativos mundiales de 2015 y 2016, no hacen mención sobre Venezuela. Los estados financieros locales fueron desligados de los resultados corporativos de la productora. Así lo hicieron también otras trasnacionales como Coca Cola, Pepsi Cola y FCA, antigua Chrysler de Venezuela.

Valencia era comparada con la Detroit venezolana, debido a las crecientes plantas ensambladoras localizadas en su zona industrial. En la actualidad, muchas de ellas están sin trabajar. Otras como General Motors abandonaron, completamente, sus operaciones desde hace dos años.

La odisea para conseguir el dinero necesario para importar los materiales requeridos en el desarrollo de los carros; la disminución en las ventas y, ahora, las fallas en el sistema energético, complican mucho la recuperación del sector automotriz. Esto, en medio de un contexto caracterizado por la hiperinflación, nulidad en los créditos financieros y bancarios y el colapso general de Venezuela; que cuenta la leyenda llegó a ser el cuarto mayo ensamblador de carros de Latinoamérica.(Venepress)

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