Obra de Mercedes Pardo abre en galería del Centro de Arte Los Galpones

2 octubre 2026 | Arte y Espectáculo

Cuando era niña, Mercedes Pardo (1921-2005) encontró en las acuarelas una forma de canalizar su personalidad inquieta. Su madre, Inés Mercedes Ponte, descubrió que al colocarla frente a un lienzo la pequeña lograba concentrarse en la pintura. En esa misma época, la niña quedaba fascinada por el mosaico veneciano que revestía el baño de su abuela. Con tan solo 10 años, Pardo no sospechaba que en esos momentos germinaba la vocación artística que definiría su vida.

Años más tarde, tras explorar las posibilidades de la luz y el color mediante el collage y la pintura, la artista —considerada una de las máximas exponentes del abstraccionismo en Venezuela— reconocería en aquel diseño doméstico su primer despertar estético.

En homenaje a su trayectoria, la Galería ABRA presenta en el Centro de Arte Los Galpones la exposición Archivo Abierto, un compendio de 28 piezas que incluyen croquis, bocetos, collages y acrílicos. La muestra revela el proceso creativo íntimo de una creadora cuyo legado continúa en proceso de constante revalorización.

Egresada de la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas de Caracas en 1944, Pardo obtuvo el Premio José Loreto Arismendi en el V Salón Oficial Anual de Arte Venezolano. Una beca estatal le permitió instalarse en París a finales de la década de 1940 para estudiar Historia del Arte en la Escuela del Museo del Louvre. Durante su estadía en la capital francesa, mientras refinaba su propuesta plástica en el taller de André Lhote, conoció al artista Alejandro Otero, con quien se casó en Londres en 1951.

De regreso en Venezuela, participó en la emblemática Exposición Internacional de Arte Abstracto celebrada en la Galería Cuatro Muros en 1952. A partir de entonces, el color asumió el papel protagónico en su propuesta.

Entre el cuidado de sus hijos Alejandro, Gil Fernando y Mercedes, la artista desarrolló obras de densidad pictórica y experimentación cromática. En 1956 diseñó las escenografías para la obra teatral Intervalo, de Elizabeth Schön, presentada en el Teatro Nacional. En 1960, a la espera de su cuarta hija, Carolina, y a falta de un taller formal, Pardo adaptó un baúl en su habitación como caballete provisional y guardamueble de sus lienzos.

Dos años después se trasladó a San Antonio de los Altos, estado Miranda. Allí colaboró en la fundación de la Escuela Cooperativa para impulsar talleres artesanales y de expresión plástica, y estableció su casa-taller definitiva, espacio en el que consolidaría su producción artística.

Su disciplina diaria comenzaba a primera hora de la mañana en el taller del jardín. La meditación era su paso previo indispensable antes de tomar los pinceles, según recuerda su hija Mercedes Otero, directora de la Fundación Otero Pardo (FOP): “Ella se levantaba temprano, pero se despertaba a mediodía. Y mientras se despertaba, estaba como meditando, metida ahí adentro, haciendo todas estas cosas que vemos: sus bocetos, collages, sus obras. Iba como penetrando hasta que ya estaba despierta y entonces empezaba a pintar de verdad”.

Aprovechando la luz natural, la artista trabajaba jornadas enteras en las obras que hoy reúne la Galería ABRA. La muestra Archivo Abierto: Mercedes Pardo se exhibe en el Centro de Arte Los Galpones de martes a sábado de 10:00 a.m. a 6:00 p.m., y los domingos de 10:00 a.m. a 4:00 p.m.

Creación en la discreción

Más allá del ámbito plástico, Mercedes Pardo asumió con entrega sus roles familiares y comunitarios. “Nosotros fuimos cinco hijos: mi papá y nosotros cuatro”, cuenta su hija Mercedes Otero. Como madre, cuidaba de ellos fomentando su creatividad, pero como esposa atendía a Alejandro Otero casi tanto como a sus hijos. También era una cocinera extraordinaria, ejercía la docencia en la escuela que fundó y pintaba con constancia.

En alguna ocasión llegó a calificar el ejercicio del arte por parte de las mujeres de su época como una labor sigilosa: “Podría decir que aunque yo hice una obra muy sostenida, era prácticamente una producción clandestina, para no decir marginal. Yo he estado, como mujer y ser humano, trabajando todo el tiempo y robándole el espacio a todas las otras responsabilidades que uno tiene que asumir”. Sin embargo, lejos de tomar esa clandestinidad como un impedimento, lo hizo ventaja: pintó a su propio gusto, con discreción y silencio, pero también con libertad. (EN)

 

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