En Cúcuta, principal paso fronterizo entre Colombia y Venezuela, la tensión por el despliegue militar de Estados Unidos en el mar Caribe parece no inquietar a quienes cruzan a diario de un país a otro, mientras las autoridades locales se preparan para una eventual emergencia migratoria.
En estos días en los que los ojos del mundo están puestos en la crisis de Estados Unidos con Venezuela, el movimiento de personas y vehículos por los puentes que conectan el departamento colombiano Norte de Santander con el estado venezolano Táchira es absolutamente normal, como si los vientos de guerra soplaran para otro lado.
Tanto en el puente binacional Simón Bolívar como en el Francisco de Paula Santander, la gente va y viene a pie, en automóvil o motocicleta, arrastrando maletas y bultos que forman parte de su vida diaria, ajenos a la volatilidad política y militar que ronda Caracas.
«Por el momento todo está tranquilo, sigue normal todo», dijo a Efe Yuranis Mariela Ramírez, venezolana que regresaba a su casa tras hacer compras en Cúcuta. La mujer, que permanece pendiente de las noticias para estar prevenida, afirmó que tiene un familiar en Cúcuta donde podría refugiarse en caso de escalada del enfrentamiento entre Washington y Caracas.
Conflicto lejano
Desde agosto, cuando Estados Unidos inició el despliegue militar a gran escala en el Caribe, cerca de Venezuela, con el pretexto de combatir el tráfico de drogas, la tensión ha ido en aumento mientras crece la posibilidad de una intervención militar para desalojar a Nicolás Maduro.
Sin embargo, en los pasos fronterizos hay quienes creen que al final todo seguirá igual.
«No pasará nada, no creo que ataquen al pueblo», manifestó a Efe Mary Nieto, quien dijo sentirse más segura por vivir en una zona rural del Táchira.
Colombia y Venezuela comparten frontera terrestre de 2.219 kilómetros, la mayor parte despoblada, donde la principal preocupación es sobrevivir a la pobreza y el abandono.
Uno de esos habitantes es Carlos Bermúdez, venezolano que viaja con su familia a Bogotá porque un hermano le consiguió un empleo, como parte del éxodo venezolano que alcanzó niveles críticos en 2019 y 2020.
En el aeropuerto internacional Camilo Daza, de Cúcuta, tampoco se observan señales de incremento de viajeros pese a las restricciones a los vuelos en el espacio aéreo de Venezuela ordenadas por Donald Trump.
Respuesta institucional
Ante la incertidumbre, la Secretaría de Fronteras y Cooperación Internacional de Norte de Santander preparó un plan para proteger a la población local y migrante.
«El enfoque está puesto en anticipar una ola migratoria y fortalecer la capacidad institucional de respuesta», dijo a Efe Viviana Fonseca Alarcón, quien aseguró que cuentan con planes de contingencia actualizados para afrontar un posible nuevo éxodo.
En materia de seguridad, la funcionaria destacó que la zona cuenta con esquema de seguridad robusto integrado por el Ejército y la Policía colombiana para mantener el control migratorio y prevenir actividades ilegales. (EN)








