El pasado domingo 5 de abril, el eco de las naves de la Iglesia Nuestra Señora de Fátima, en el Centro Cívico de Puerto Ordaz, no solo resguardó oraciones, sino que se convirtió en el epicentro de una de las manifestaciones artísticas y solidarias más conmovedoras de la ciudad. La tercera edición del concierto sacro “In Gloria”, temporada 2026, reunió a 120 artistas en escena con un propósito que trascendió las partituras, transformar el arte en alimento para los más vulnerables. Además puso en relieve la gran capacidad interpretativa de los jóvenes músicos de la Camerata Sinfónica Guayana, los coros “Erasmo Bejas”de Sidor y el municipal “Caroní” y los solistas invitados.
Bajo la diligente acción del maestro Ricardo Donado, creador y artífice anual de las tres ediciones, y con la venia del Padre Manuel Díaz,artistas y comunidad la comunidad respondieron al llamado de la Fundación Canta Guayana y diversas instituciones para una velada donde cada kilo de alimento no perecedero entregado en la entrada se convirtió en un puente de esperanza gestionado por Cáritas Ciudad Guayana para una comunidad necesitada de la zona.
Pero además del altruismo de la iniciativa, que ya representó un ganar,ganar, el Concierto “In Gloria” fue una conmovedora muestra de excelencia musical y ejecución de alto nivel que logró dibujar en el rostro de la mayoría de los asistentes una persistente sonrisa que se mantuvo durante todo el espectáculo; pues si algo logró esta tercera edición fue conquistar plenamente a los espectadores.
El despertar de la fuerza y la fe
La noche inició bajo la batuta del maestro Víctor García Cazorla, quien condujo a la Camerata Sinfónica de Guayana a través de la Obertura Egmont, Opus 84 de Beethoven. La pieza, compuesta para la tragedia de Goethe, llenó el templo con su mensaje de lucha por la libertad, preparando el espíritu para lo que vendría: un viaje por la historia de la fe.
El patrimonio venezolano reclamó su lugar con la Misa en Re de José Ángel Lamas. En un momento de profunda introspección, las voces de la Coral Sidor “José Erasmo Bejas” y la Coral Municipal Caroní se unieron a las de los solistas Karla Guzmán, Victoria Zapata, Hernán Cisneros y Abraham Díaz. Fue un homenaje necesario al «músico melancólico» de la Caracas de la época de la independencia, cuyas notas sobrevivieron a la demolición de templos y al paso de los siglos. Si bien su legado de más de 40 obras es poco conocido y difundido en el país. A pesar de lograr obras con el preciocismo técnico y la riqueza de su Misa en Re, que sin duda a mucho le sóno como un coro de ángeles y compases de música celestial, como comento a la salida una anciana dama presente en el concierto.
Entre la elegancia y la introspección
Tras un breve intermedio, el maestro Carlos Ramírez tomó el podio para ofrecer el movimiento más icónico de la Sinfonía n.º 7 de Beethoven: el Allegretto. Esta pieza, conocida por su ritmo de marcha fúnebre que late como un corazón herido, mantuvo al público en un silencio sepulcral, cumpliendo la promesa de una experiencia de «magnetismo emocional».
La elegancia de Mozart no tardó en aparecer con el Lacrimosa de su Réquiem, una de las piezas más místicas de la historia de la música. La soprano Karla Guzmán volvió a brillar en el Laudate Dominum, elevando su voz hacia la cúpula piramidal de la iglesia en un acto de pura devoción técnica y espiritual.
El clímax: De Bach al Padre Nuestro Universal
La dirección de la segunda parte del programa rotó entre la maestría de Ricardo Donado y los directores invitados. Pasajes cautivadores del Magnificat de Bach y selecciones del oratorio El Mesías de Händel marcaron el ascenso hacia el final. El «Hallelujah» de Händel, dirigido por García Cazorla, puso en pie el sentimiento de los asistentes, reafirmando por qué es la obra sacra más interpretada del mundo.
Sin embargo, el momento de mayor quiebre emocional llegó con la modernidad. Baba Yetu, del compositor Christopher Tin, cerró la noche. Esta obra, que hizo historia al ser la primera pieza de un videojuego en ganar un Grammy, es una versión en suajili del «Padre Nuestro». Las voces del tenor Juan Marcano y la contralto Carolina Redhead, junto a la masa coral, crearon una atmósfera de fraternidad universal que unió a la audiencia en un solo latido.
Un aplauso que alimenta
Al finalizar, la ovación en pié para los 120 artistas no solo premió la ejecución técnica, sino la entrega de directores como Carlos Ramírez, Víctor García Cazorla, Josué Garbán el director del Coro Municipal que les pudo acompañar en el espectáculo, y el director general Ricardo Donado.
Más allá de la técnica impecable de la Camerata y las corales, «In Gloria» dejó en Puerto Ordaz una certeza: en tiempos de dificultad, la música no es un lujo, sino un acto de profunda humanidad. El domingo, en la Iglesia de Fátima, Guayana demostró que su gente es capaz de orar con la voz, pero sobre todo, de amar con las manos. Y la música y los cantos magistralmente ejecutados, mostraron como son un camino maravillo para acercarse a la grandeza del Creador y honrar su sacrificio y regalo a al humanidad, que es precisamente lo que conmemora la Semana Santa Cristiana. (Gustavo Montaña- CNP 8236)










