Lo que comenzó hace siete años como un trazo de esperanza en la mesa directiva de Fedeindustria Bolívar, el jueves pasado finalmente tomó altura. No fue solo un avión de Rutaca lo que aterrizó en Boa Vista este 26 de febrero; fue la culminación de un «caminar» de casi tres mil días marcado por pandemias, hiperinflación y una determinación que se negó a claudicar ante las vicisitudes.
El presidente de Fedeindustria Bolívar, Tomás Guerra, lo define con la claridad de quien ha guardado las cifras en el bolsillo durante años: «Nos necesitamos los dos». Con el vuelo inaugural, la distancia entre el Estado Bolívar y el Estado de Roraima se redujo a tan solo una hora y diez minutos, dejando en el pasado los viajes extenuantes por carreteras deterioradas que, hace dos décadas, eran el único cordón umbilical del comercio binacional.
Un recibimiento de altura
La recepción en suelo brasileño fue un termómetro del hambre comercial que existe en la región. Cerca de 200 empresarios esperaban en Boa Vista, acompañados por figuras políticas de peso como el senador Chico Rodríguez y representantes de la Embajada de Brasil.
Para Guerra, este no es un puente cualquiera; es la puerta de entrada al Mercosur. «Es un mercado que va desde el Amazonas hacia las islas del Caribe y Europa, un comercio que estaba allí a la espera de herramientas e iniciativa. Aquí está la gran solución», afirmó el líder gremial con el orgullo de quien ve una nueva etapa económica iniciarse en el estado.
El reto: Blindar lo nuestro
A pesar de la euforia, el tono de la crónica gira hacia la reflexión y la cautela cuando se habla del futuro del empresario local. Guerra reconoce que Venezuela se enfrenta a gigantes: inversores con músculo financiero y tecnología de punta que vienen de la mano de la apertura petrolera y comercial.
«No nos podemos amilanar», advierte. El desafío para el sector industrial de Bolívar no es solo vender boletos o comerciar productos básicos. El reto es integral y reclama una serie de medidas urgentes que el empresariado y el gobierno bolivarense deben asumir en tres campos básicamente:
Actualización tecnológica: Integrar inteligencia artificial y criptomonedas en el ADN empresarial.
Formación constante: Blindar al empresario venezolano mediante talleres y consorcios.
Visión de escala: Entender que la competencia que viene es «potencialmente superior» y requiere unidad.
La pelota en la cancha privada
Tras años de gestiones políticas, alianzas con la Cámara Binacional Brasil-Venezuela y negociaciones con la aerolínea bandera del estado, la infraestructura ya está servida. El optimismo de Fedeindustria es palpable, pero viene con un llamado a la acción inmediata.
Como sentencia Guerra, el tiempo de la planificación terminó y el de la ejecución ha comenzado: «La pelota ahora está en la cancha del empresario». Bolívar y Roraima ya no están separados por una trocha de asfalto roto, sino unidos por un cielo que promete ser el motor de un impulso económico sin precedentes. Y aunque los aúlicos de siempre le atribuyen el logro de esta meta al gobierno, realmente ha sido la cristalización de una larga ruta de contactos y acuerdos empresariales binacionales que al fin han logrado un primer y valioso fruto palpable, conexión aérea directa. (CNP 8235)








