Franklin Brito, 12 años después Elisa Trotta Gamus

1 septiembre 2022 | Opinión

Los venezolanos hemos vivido más de 23 años de destrucción en todo sentido, desde lo económico y lo político hasta lo social y lo humanitario. No sucedió de la noche a la mañana, claro, porque no fue producto de una guerra o de una catástrofe natural, sino de un diseño político perversamente ejecutado por Hugo Chávez primero y Nicolás Maduro después; de ahí que el drama que ha empujado a más de seis millones de venezolanos a huir del país (varios de ellos intentándolo por ese infierno que es la selva del Darién) se titule “Emergencia Humanitaria Compleja”. Es compleja, precisamente, porque su origen es político. Ha sido la decisión de una dictadura que, controlando la totalidad de los poderes del Estado, usando las armas de la República contra la población y generando hambre, miedo y desesperanza, esto es, férreo control social, ha encontrado las tres patas del mantenimiento de su hegemónico poder… por ahora.
 
Quienes estudiamos ciencias sociales siempre escuchamos decir que para una nación dos décadas son poco, y sí, en términos históricos es así, pero para nosotros, los ciudadanos que padecemos esas épocas, no sucede igual. 23 años ha sido mucho, y durante tanto tiempo los recuerdos dolorosos aumentan, porque una dictadura decidida a causar daño a quienes ellos ven como enemigos siempre encontrará la manera de lograrlo, además, como forma de “enviar un mensaje”, como las mafias. Uno de ellos, y hoy a 12 años de su muerte quiero recordarlo, es a Franklin Brito, biólogo y productor agrícola venezolano. Un emblema.
 
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Al señor Brito lo vi muchas veces durante varias manifestaciones, su caso ya era conocido, porque comenzaba a marcar un patrón claro del autoritarismo “revolucionario”, pero la noticia de su muerte la conocí estando en Brasil llevando a cabo una pasantía de mi posgrado. Lo recuerdo claramente, el título de la nota decía así: Muere el primer venezolano en huelga de hambre contra Chávez. No era necesario leer el nombre, estaba claro de quién se trataba. Otra muerte causada por el chavismo, y ya para ese año (2010) habían sido demasiadas. Y todavía no sabíamos que luego el sucesor cometería crímenes de lesa humanidad, que hoy investigan en La Haya.
 
Brito había iniciado una huelga de hambre en protesta contra el Instituto Nacional de Tierras (INTI) del gobierno de Hugo Chávez, que de modo arbitrario le expropió 290 hectáreas de su finca en Iguaraya, estado Bolívar. Todos los litigios los perdió contra el Estado, que ya para ese momento tenía muy poco de diferencia con el gobierno y con el partido. La justicia, sabemos, es el primer poder que todo autócrata busca someter primero, es la que más le incomoda siempre. Chávez lo había logrado muy rápido.
 
Brito también protestaba por los despidos injustificados de él y de su esposa del Ministerio de Educación, donde trabajaban desde hacía años. ¿Por qué tanta saña? Porque eran el “enemigo”. El campo, el productor, los que no dependían del Estado y los que, con su trabajo, colaboraban para que los demás tampoco dependieran del Estado. Su delito fue ser un obstáculo para los planes hegemónicos del régimen. No había transcurrido ni un año de la muerte de Brito, y Chávez gritaba a los cuatro vientos: “¡La guerra contra el latifundio es esencia de la revolución bolivariana!”.
 
La huelga de hambre que inició en la Plaza Miranda, en el centro de Caracas, y se prolongó de forma intermitente por 6 años, porque no encontró el respaldo que buscaba en la justicia venezolana (ya explicamos la razón), pero tampoco en la interamericana. Esto último podemos debatirlo ampliamente de forma jurídica, pero políticamente hablando, la verdad es que Chávez tuvo siempre un gran apoyo internacional, o al menos demasiadas voces que prefirieron hacer silencio ante las atrocidades que cometía. Para que el mundo volteara a ver lo que el chavismo había hecho en Venezuela, fue muchísimo lo que tuvimos que trabajar, y a muchísimos los que tuvimos que llorar. Tema para abordar en otro momento.
 
Fue entonces el 30 de agosto de 2010 cuando Franklin Brito fallece. Estaba en el Hospital Militar de Caracas, donde fue recluido a la fuerza. Todo muy verosímil, un agricultor al que le robaron lo que era suyo, cuya huelga había sido desoída por el poder, enviado por la fuerza a morir rodeado de militares. Él, que medía 1.90 metros de altura, pesaba apenas 35 kilos cuando dejó este mundo, sin haber recuperado sus tierras, sin haber logrado justicia.
 
Su lucha comenzó casi siete años antes, cuando iniciaron las políticas de expropiación del chavismo, que hurtaron casi 5.5 millones de hectáreas que quedaron prácticamente todas, incluyendo las 290 del señor Franklin, ociosas. Por eso hoy en Venezuela 8 de cada 10 personas son pobres, y la mayor bonanza petrolera de nuestra historia concluyó en niños desnutridos y adultos mayores literalmente muriendo de hambre.
 
Eso sí, de esas millones de tierras inutilizadas, expropiadas durante dos décadas, ahora anunciaron que al menos un millón serían entregadas a los buenos socios del régimen, los iraníes. Porque si algo han tenido quienes han ocupado el poder durante todo este tiempo (gran parte de él a la fuerza), es que hablan mucho de soberanía, pero nuestro país lo han entregado a rusos, chinos, cubanos, iraníes, y a grupos irregulares como las FARC, ELN, Hezbollah, entre otros. Ellos son los amigos, los enemigos son los trabajadores del campo venezolano.
 
Ya que este escrito tiene como objetivo principal recordar a este biólogo y productor agrícola venezolano, a 12 años de su muerte, también quiero recordar las palabras de Ángela, su hija, que hace varios años escuché en algún lugar: “no vieron que la causa de Franklin Brito era una lucha por los Derechos Humanos aquí en Venezuela, una lucha por el debido proceso, una lucha por el acceso a la justicia”, y una lucha por la propiedad privada, agrego yo.
 
La dictadura naciente de Hugo Chávez quiso enviar un mensaje quitándole sus tierras, botándolo de su trabajo a él y a su esposa, dejándolo morir recluido por la fuerza en el Hospital Militar, pero el mensaje lo terminó enviando el valiente Franklin Brito. Nos advertía lo que ya ocurría y lo que venía.
 
En nuestra memoria siempre, ahora cuando seguimos luchando por recuperar la democracia, la libertad, la justicia y el respeto a la propiedad privada, y luego cuando toque reconstruir el país y hacer nuevamente productiva cada tierra destruida por la dictadura.
 
Siempre presente, Brito

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