En las rumbas de Caracas el cinismo baila al ritmo de Reggaeton

1 agosto 2023 | Arte y Espectáculo

“Quisiera volverme un chavista. Tener un Camaro sin placa para estrellarlo cuando me aburra. Chuparme la soya de los dedos con lo que chupamos el subsuelo. Ser más popular que Jesús en Caracas. (…) Ojo: no quisiera ser chavista, sino un chavista”. Cuando Carlos Egaña comenzó a escribir estas palabras en el primer párrafo de la que se convertiría en su primera novela, Reggaeton (2022), el mundo entero estaba en cuarentena por causa de la pandemia del covid-19. Durante los primeros tres meses de aislamiento en 2020, el también poeta y profesor de Spanglish en Estados Unidos, escribió la mitad de la historia. La idea principal, sin embargo, la tenía en mente desde hacía algún tiempo. El resto, confiesa, lo fue construyendo mientras caminaba y daba paseos por El Hatillo.

Graduado recientemente de la maestría de Escritura Creativa en Español de la Universidad de Nueva York, el joven autor venezolano de 27 años de edad quería escribir desde la perspectiva de alguien muy cínico de la clase media-alta en Caracas. Estableció que su protagonista estudiaría en un colegio privado de la capital  y se desenvolvería en una comunidad donde, en teoría, “prima la moral y la virtud en contraste con la miseria que se vive en el país”.

Lo que destaca de esta voz principal de la narración, desde las primeras palabras de la novela, además de su cinismo, es su particular anhelo por disfrutar de las comodidades y el poder que tienen algunos simpatizantes del chavismo en la ciudad: “Quiero enchufarme, ser bolichico, ser un chavista. Picar mi pedazo del pastel en vez de esperar a que me lo traigan, en vez de quejarme por llegar tarde”, dice el protagonista de la novela.

En Reggaeton, este joven narrador, cuyo nombre no se menciona en ningún momento, decide experimentar de lleno ese vacío que caracteriza la rumba diurna y nocturna en Caracas. En cada una de esas fiestas a las que acude experimenta dosis extremas de alcohol, tabaco y drogas mientras trata de concretar su ansiada iniciación sexual. Su propósito, que lo lleva al disfrute de ese placer hedonista que hay en las altas esferas juveniles, es lograr su visión del éxito: ser un chavista.

“En muchas formas retrata a una generación que es producto y reflejo de un entorno sociocultural, educativo, económico y político desintegrado. Una Venezuela menguada, hueca, banal y decadente, cuyos agentes de cambio solo parecen manejados por las mismas ambiciones de sus opuestos y en la cual, bajo el ruido de la fiesta perpetua y sus notas sin tregua de reggaetón, todo se derrumba”, se lee en la sinopsis de la novela disponible en Amanzon.

Como autor, Egaña sabía cuál sería el inicio de la historia. También tenía pensado el punto de inflexión, el evento que marcaría la mitad de la novela. Darle un final, un cierre y trazar un desenlace, confiesa, fue lo que más se le complicó. “Me tomó el resto de ese año. Lo terminé aproximadamente en diciembre de 2020. De allí en adelante empezó el proceso de comunicarse con las editoriales para su publicación”, cuenta.

Publicado por Ediciones Puntocero, Reggaeton se suma a las otras obras de Egaña, los poemarios Hacer daño (Oscar Todtmann Editores, 2020) y Los Palos Grandes (dcir ediciones, 2017). Este año, además, publicó su primer chapbooktitulado contra América escrito en su mayoría en inglés, con BottlecapPress.

Hay varias razones por las que Carlos Egaña tituló Reggaeton su primera novela. Una de las principales fue por pensar este género musical como un personaje más de la historia. Gran parte de los ambientes en los que se desarrolla la narración, explica el autor, resultan comunes y familiares para muchos venezolanos. Son ambientes en los que este género musical está demasiado presente. El reguetón, en general, a juicio de Egaña, es algo que está en las vidas de los venezolanos desde muy pequeños.

“Canciones con letras que son muy sucias pero que para nosotros son como rezar un padre nuestro. Para mí era importante rendir honor a ese cinismo, tal vez irónico, tal vez no, que pareciera celebrarse muchas veces en reguetón al darle un rol protagónico en una ciudad como Caracas, en medio de las aventuras del protagonista”, explica.

Como inspiración, revela, estuvo el libro Qué viva la música de Andrés Caicedo, una de sus novelas favoritas. En ese texto, la salsa es parte de la historia y eso fue lo que intentó hacer consu novela. “La música o ciertos músicos me inspiran más que algunos autores al momento de crear, mis poemas tienen más referencias a canciones que a cualquier otra cosa. Y en Venezuela, el reguetón es la espina dorsal del tiempo libre cuando el alcohol es el principal ingrediente en un contexto juvenil”. Así, entonces, decidió como escritor jugar con las letras del género  y cruzar realidades diferentes que conviven en Venezuela.

Egaña confiesa que hay algo de su personalidad en todos los personajes, sobre todo en uno en particular. Con eso, espera que el lector se ría como él lo hizo al escribirlo, aunque al final el propósito principal es comunicar algo que la mayoría vive, siente y se niega a aceptar.

“Dentro de mi ser más romántico digo que no concuerdo con ninguna de las perspectivas en el libro, más allá de que sí he comulgado con una u otra en algún momento y más allá de que tengo amigos que practican unas u otras o varias a la vez. A pesar de que me parecía necesario retratar un cinismo tan nuestro allí, no creo que esté mal tener algo de utopía en nuestras mentes para avanzar hacia el futuro”, reflexiona.

La novela está actualmente en un par de librerías de Brooklyn, recientemente llegó a una librería en Toronto, Canadá. En Caracas se encuentra en El Buscón, en Tecniciencias y en cualquier librería donde esté presente la Editorial Alfa. Por ahora su obra se ha vendido sobre todo en Amazon.

Escribir es comprometerse

La historia que se narra en Reggaeton transcurre en medio de una secuencia de fiestas que, en ocasiones, se alternan con momentos cotidianos del protagonista. Sus últimos días cursando el bachillerato y su inicio en la universidad son los eventos que contextualizan la narración. Los personajes, que se dan a conocer por medio de sus dos nombres o por apodos, nunca por el apellido, son parte de una historia que puede ser muy factible en Venezuela. Para Egaña, lo más difícil al escribir la novela fue mezclar esas piezas que la construyen, los distintos discursos que forman parte de la historia y se engranan a la visión del protagonista.

“La verdad es que me divertí muchísimo jugando con estas realidades y enmascarando a gente querida y no tan querida en los personajes que aparecen en la novela”. El proceso creativo lo llevó a experimentar, incluso, una “pasión desacerbada” que, con el paso de las palabras, las páginas y el tiempo se fue desgastando. “En ese momento sentí como si escribir fuera caerse a palos, uno en su onda más fiestera, con ganas de seguir disfrutando y ganar alguna memoria bella, para posteriormente quedar con un dolor de cabeza, la resaca. Pero ya empezaste una tarea y tienes que terminarla”.

Para el también antiguo profesor de Estudios de Género y Narrativa Norteamericana Contemporánea en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) escribir es comprometerse. No niega que la escritura, en muchas oportunidades, trae muchas alegrías sí; pero también trae consigo el deber de terminar lo que se empezó.

“Ese compromiso, que era terminar la novela, no fue el más fácil de los procesos. Tal vez porque estaba internalizando cada vez más la soledad total que fue para todos el tiempo de la pandemia. Al principio pensábamos: ‘Qué chévere este tiempo para descansar, saldremos luego a reunirnos’, pero luego nos dimos cuenta de que no sería tan así. El descanso dejó de ser un descanso”, reflexiona. La novela, comenzó entonces, a ser un proceso difícil de culminar.

Algo profundamente nuestro

Con Reggaeton, Egaña quería hacer un texto que fuera “profundamente nuestro”, tal como hace el autor cubano Guillermo Cabrera Infante en su obra Tres Tristes Tigres. En el proceso intentó, sobre todo, ser fiel a eso que se dice y se decide día a día en el país.  Considera que hay varios narradores venezolanos importantes que escriben intentando que los lean en el exterior. Eso, que Egaña define como una “obsesión” por cautivar al lector extranjero, ha derivado en narrativas que tratan de explicar lo que pasa en el país.

Esas formas, confiesa, se le hacen un poco artificiales “Hice un retrato que se me hizo importante seguir. No creo que las novelas necesariamente reflejan lo que ocurre en la calle, como se dice en alguna parte de Rojo y negro de Stendhal, pero en este caso peco de seguir ese principio”, afirma.

El lector que se adentre en la historia narrada en Reggaeton podrá percatarse del registro tan cotidiano con el que se expresan sus personajes. Cada uno de ellos, por más que difieran en cuanto a su visión del mundo o su ideología, mantienen un tono narrativo común, accesible sin términos complejos o rebuscados. Esa decisión en cuanto al registro de la novela, explica Egaña, surgió después de que hace varios años conociera y hablara con el poeta venezolano Jhon Rivera Stredel.

 “Me hizo una crítica muy directa a mis poemas. Al final de la conversación mencionó la importancia de lo comprensible que puede ser una mera palabra; la magia que puede haber detrás de las expresiones que usamos en el día a día, de jugar con lo que decimos comúnmente para encontrar mayores sentidos en vez de hacer enjambres muy cultos. A partir de allí he intentado ir por ese camino: no lograr más con menos, sino lograr más con lo que bien conocemos”, explica.

En Reggaeton tuvo una conciencia muy clara de eso y recurrió a un gran amigo, Mauro Marinelli, para conversar constantemente sobre qué tan reales sonaban los personajes mientras los escribía. “Si están en la novela, o están inspirados en conocidos míos, o están inspirados en conocidos de mis conocidos. Tuve la oportunidad, pues, de revisar y confirmar, entre gente querida, lo verosímil. Para mí fue un ejercicio de investigación y cooperación muy serio. Cuando describo las discotecas lo hago después de comunicarme con los dueños o con algún socio, después de buscar fotos para asegurarme de que sea tal cual como lo describo. Es una obra de ficción, pero las coincidencias con la realidad no son casuales. Por eso digo que este texto parte de un proceso de cooperación. El artista nunca es uno solo”.

Un autor necesario

Egaña se muestra complacido con los comentarios recibidos por su obra. Los venezolanos se la leen rápido, asegura, mientras que a los extranjeros les resulta divertido. Al principio temía que los lectores se frustraran con el exceso de jerga a pesar de que sea común entre los venezolanos. “El hecho de aprender formas nuevas de decir algo, de darse cuenta de lo que significa mientras se lee, es algo que aprecian varias personas de habla hispana en otros países, no algo que temen”.

Entre las reseñas positivas de Reggaeton destaca, incluso, la de la escritora, compositora y cantante dominicana Rita Indiana, que calificó la novela como una “sátira y manifiesto de la ideología imperante latinoamericana, la corrupción. Carlos Egaña es un narrador necesario”.

Actualmente, está  trabajando en un texto híbrido, entre novela y poemario, sobre un amigo que tuvo que huir de Venezuela cuando el chavismo decidió que la Fundación Embajadores Comunitarios era un organismo de propagación de ideas imperialistas. Su amigo logró escapar a tiempo y pasó de vivir precariamente a tener una buena vida en el exterior.  “Creo que esa historia, cómo pasó a Nueva York y cómo pasó de vivir precariamente a alcanzar una buena dosis de felicidad es muy interesante. He querido parodiar a diferentes autores, como Kurt Vonnegut, Anne Carson y Maggie Nelson en el texto”.

Del proyecto, la primera mitad la presentó como tesis de maestría. También le gustaría escribir algo sobre la artista plástica venezolana Marisol Escobar mientras hace las gestiones necesarias para seguir aprendiendo y dando clases en Estados Unidos, país donde reside desde 2021.(EN)

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