El Legado Bajo Embargo de Fospuca: La Angustia de Don Vincenzo Aceto, Fundador de Guayana de 88 Años

5 diciembre 2025 | Regionales, Sociedad

 

 En la Zona Industrial UD-321 de Ciudad Guayana, tras las puertas enrejadas de TARREINCA, Taller de Reparaciones Industriales, se libra una batalla que trasciende lo mercantil. Es una lucha por la dignidad de un hombre que dedicó su vida a construir, no solo su empresa, sino parte de la ciudad misma.

Vincenzo Aceto, un inmigrante italiano que llegó a Venezuela en 1955 antes de cumplir la mayoría de edad, hoy, a sus 88 años (cumplirá 89 el próximo 23 de abril), es el rostro de la angustia empresarial. Su empresa, TARREINCA, ha sido objeto de una solicitud de embargo por parte de la empresa de recolección de desechos sólidos Fospuca Caroní, por una deuda que la familia califica de inaceptable.                                                             

El Inmigrante y el Constructor de Guayana

La historia de Don Vincenzo es la de la Guayana pujante. Llegó a Venezuela el 2 de abril de 1955, justo a tiempo para celebrar sus 18 años el 23 de abril en suelo venezolano. «Si hubiera cumplido en Italia 18 años, no me dejaban salir. Tenía que ir primero al servicio militar», relata con la lucidez de quien recuerda su propia odisea.   Años después, incluso en un viaje de regreso a Italia, tuvo que mostrar documentos de su contrato laboral en Venezuela para evitar ser apresado preventivamente por el servicio militar no prestado.   Como tantos europeos de la posguerra, salió de su pueblo campesino para perseguir el sueño de una vida mejor, lejos de la pobreza y destrucción de la Italia luego del facismo y la ocupación de los aliados.  Para abrirse paso con lo único que tenía, su ingenio, sus manos y el deseo de prosperar.

En Venezuela, construyó su vida. Su empresa se especializó en la venta de partes hidráulicas y equipos del más diverso tipo, desde las industrias básicas de Guayana y las petroleras, hasta grandes fábricas del centro del país,  y algo que comenta con un dejo de sátira, abasteciendo a compactadores de basura a nivel nacional. «Hasta la fecha es lo que estoy vendiendo,» afirma. Sin embargo, este legado se ve empañado por la acción legal de un embargo interpuesto por la empresa Fospuca Caroní, que lo acusa de una deuda de 9,667 dólares o euros -seguramente se trata de la última moneda-, que con multas y costos procesales, la demanda se estima en alrededor de 23,200 (dólares o euros).

Un Servicio No Prestado

La gran paradoja del embargo es que el servicio no ha sido recibido.

«Ahorita me vienen a informar que Fospuca me demandó por un servicio que nunca me ha dado,» denuncia Don Vincenzo.

Su hija, quien maneja la gerencia de la empresa y encara la situación, lo corrobora; pues comenta que Tarreinca se deshace de sus desechos, que son mínimos (una bolsa negra al mes), a través de chatarreros que siempre han limpiado el taller, pues realmente la operadora de aseo nunca se ha parado a recoger una bolsa de basura en su local.  Recuerda un incidente que ilustra la falta de servicio: «Fospuca una vez pasó y yo los paré. Y le dije, señores, yo tengo unos cauchos viejos ahí, ¿será que ustedes se los pueden llevar? Ay, señora, ese no es nuestro trabajo.»  Y le plantearon que  tenía que pagar un adicional o simplemente dejarlos afuera, cosa que hizo indignada, y por suerte rápidamente se los llevaron los chatarreros.

Además de los montos que califican de exorbitantes e injustificados, para ellos es preocupante  el proceso, pues ni siquiera hubo notificación formal de la demanda. «Yo tuve que ir al tribunal por una gestión y en los pasillos escuché de una medida de embargo contra nosotros,» explica la hija, quien se enteró accidentalmente de la acción judicial contra TARREINCA.

La empresa de repuestos y antes taller tiene casí 4 décadas sirviendo a Guayana y a Venezuela.

La falta de pago a Fospuca  llevó a la suspensión del portal tributario municipal, un hecho que genera gran indignación. «Prefiere la alcaldía que primero le paguen a un prestador de servicios privado que al Fisco municipal,» cuestiona la dama. La familia asegura que mantienen todos sus servicios tributarios al día, incluyendo los pagos mensuales de ingresos brutos a la alcaldía. Pues  nunca han  contemplado dejar de cumplir con sus obligaciones.

La Carga Humana: La Salud en Espera

El golpe emocional y financiero llega en el peor momento para Don Vincenzo, cuya salud se ha deteriorado en los últimos tres años.

«Tengo dolores de todas partes ahorita,» confiesa el empresario. «Yo cuando me pongo arriba de la cama a descansar, me pongo a pensar todo el pasado. Porque en el futuro, ¿qué  creen que estoy esperando yo me lleve? «

Su hija  detalla el alto costo de mantener la calidad de vida de su padre. «Mi papá ha sido una persona sana toda su vida.» Esto cambió con una emergencia hace tres años donde tuvieron que operarle los intestinos dos veces, extirpándole 70 centímetros.

A sus 88 años de vida, Don Vicenzo se encuentra con que le quieren embargar por un servicio que ni siquiera le han prestado.

La emergencia más reciente es ortopédica. En febrero pasado, Don Vincenzo fue sometido a un reemplazo de cadera izquierda y aún tiene pendiente la operación de la cadera derecha. «Él no podía estar acostado, no podía estar sentado. Entre los hermanos nos pusimos de acuerdo y empezamos a reunir el dinero para él. Esas operaciones no son económicas,» explica la hija.

El ingreso promedio de la empresa ronda con suerte cubre los salarios y gastos básicos de administración. Los servicios como electricidad, agua y el relleno sanitario ya representan una carga significativa, que con frecuencia se lleva cerca de la mitad o más de los ingresos.    Como muestra sólo basta darse un paseo por la zona industrial 321 para ver la soledad que reina en el sector, lo que naturalmente se traduce en escasos clientes, creando un panorama nada halagador para cualquier tipo de ventas.  En ese marco, la familia se pregunta cómo sufragar los $23,200 en multas y cargos extrajudiciales mientras priorizan la terapia, medicamentos, y la vital segunda cirugía de cadera para su padre.

«Verlo en estas condiciones y que me digan a mí, tienes que pagarle a Fospuca 23.200 dólares, que no sé de dónde salen… ¿Cómo  le debo a una empresa que no me presta servicio, con la que no firme un contrato y que me quiere embargar con proformas emitidas por ellos mismos?» se pregunta Natalia.

El testimonio de Don Vincenzo Aceto y su hija  refleja la angustia de un empresario y su familia, que tras una vida de trabajo, ve amenazado su patrimonio y su dignidad en la recta final de su vida, forzado a elegir entre una deuda cuestionable o asegurar su bienestar y salud.  (CNP 8235)

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