Donald Trump se vendió como el paladín del rescate de la grandeza americana y defensor de los valores de la cultura occidental y cristiana, con un estilo de liderazgo diferente al del político convencional, para lo cual se afincó en los sentimientos de la antipolítica que se habían venido asentando en gran parte del electorado norteamericano. Sin embargo, en la práctica, con los hechos concretos que han caracterizado su desempeño público y privado, Trump se puso en evidencia como lo que realmente siempre ha sido y muchos se negaron a aceptar, un timador, un estafador, un mentiroso contumaz, un abusador misógino y un patán disfrazado de político innovador.
Ya los venezolanos habíamos conocido un antecedente de este nefasto personaje al que no le dimos la debida importancia. Me refiero al grotesco incidente que tuvo hace unos 30 años atrás con una de nuestras reinas de belleza, la Srta. Alicia Machado, que en 1996 resultó electa Miss Universo en el certamen realizado ese año. En aquella oportunidad el Sr. Trump llegó a ser el propietario de la empresa organizadora de ese evento y, por circunstancias que no vienen al caso analizar, tuvo serias diferencias con la ganadora del título de Miss Universo, pero lo que sí quedó en evidencia con ese incidente fue el talante ofensivo, irrespetuoso y vulgar del Sr. Trump, a quien la Srta. Machado acusó públicamente incluso de haber tratado de abusar sexualmente de ella. Esa alerta temprana acerca de la cualidad moral de este individuo, no fue tomada en cuenta por los electores norteamericanos a la hora de decidir por quien votar, ni tampoco por los ciudadanos venezolanos, que ciframos nuestras esperanzas de liberación política en la actuación, que presumíamos honesta y sensata, del referido personaje,
Dolorosamente nos has tocado ahora a los venezolanos de bien, sufrir en carne propia las consecuencias de los desvaríos y atolondradas maneras de ejercer el poder por parte de este insano mental.
Lo que en su momento la mayoría de la población opositora del país nos imaginamos era una operación providencial, que respondía a una estrategia para salvaguardar vidas e intereses geopolíticos del pueblo americano y, de paso, contribuir al rescate de la democracia y la libertad en Venezuela, terminó develándose como la profundización y prolongación de la tragedia que a lo largo de 27 años martiriza a los venezolanos.
Adicional al daño causado a la población de Venezuela, los efectos perversos de la gestión Trump se extienden de manera universal al pensamiento liberal y al modelo de economía de mercado que le es inherente. Con sus actitudes personales y posiciones públicas, irónicamente Trump le ha entregado en forma abundante y gratuita, un verdadero arsenal de armas propagandísticas a sus enemigos en el ámbito de la política estadounidense y global, para que ataquen sin piedad los ideales de la libertad, la justicia y la economía libre. Es así como ahora el movimiento WOKE, conformado por progresistas, izquierdistas de toda índole, feministas, ecosocialistas, la comunidad LGTB, los promotores de la ideología de género y todo el abanico de comunistas, resentidos sociales y pervertidos políticos, disponen de una generosa fuente argumental que viene a reforzar sus prédicas antisociales, antieconómicas, anticristianas y antihumanas.
La actitud y la conducta de Donald Trump confirma una vez más, que la política y la economía no pueden estar desligadas de la moral.






