El Estudio de Artes Escénicas de Chacao sueña en grande

28 noviembre 2025 | Arte y Espectáculo

En los camerinos del Centro Cultural Chacao (CCCH), entre las estrechas paredes de color naranja, el entusiasmo, la euforia y el caos reinan mientras los 21 actores egresados del primer taller montaje del Estudio de Artes Escénicas de Chacao se preparan. En sus rostros lucen maquillajes surrealistas de color blanco y labios negros, delineados puntiagudos cual arlequines. Los intérpretes entran y salen del camerino, se ven en el espejo, buscan sus vestuarios para interpretar Así que pasen cinco años de Federico García Lorca.

Al grupo le tomó 12 semanas llevar a las tablas esta difícil tragedia, un clásico teatral donde el surrealismo y el desamor se entremezclan en una propuesta de espacio vacío para reducir costos de producción. El montaje final, que se presentó en noviembre y tendrá dos nuevas funciones el 12 de diciembre a las 6:30 pm y el 13 de diciembre a las 6:00 pm, fue un objetivo cumplido para los participantes. El camino de esos 21 actores, considerados ahora profesionales, comenzó en marzo con el primero de dos niveles de formación dictados en el Estudio de Artes Escénicas de Chacao.

Entre la emoción, ejercicios de vocalización y calentamientos sobresale en el elenco Elizabeth Blandín. A sus 53 años, destaca entre el grupo de jóvenes por su cabello canoso. Se prepara, se maquilla y se pone su vaporoso vestido blanco para la función. Para ella, la edad nunca ha sido un impedimento para cumplir un sueño que tuvo desde su niñez: dedicarse a la actuación.

“Las artes escénicas son como cualquier profesión, uno tiene que ir evolucionando, transformándose y formándose en la vivencia. Yo me atreví, nunca me imaginé que iba a quedar precisamente por mi edad. A veces a uno le dicen que después de los 40 uno tiene ya el bastón y debe echarse a morir. Yo creo que, en realidad, es todo lo contrario. Uno al dejar de moverse, de buscar conocimiento, es cuando llega realmente la vejez. La vejez es mental y espiritual”.

Al igual que muchos proyectos teatrales y de formación, la historia de estos 21 actores comenzó con una audición. En febrero el director y fundador del Estudio de Artes Escénicas de Chacao, Juan Carlos Duque, acompañado de los coordinadores Xiomara Moreno y Williams Blanco, anunciaron la convocatoria.

Rafael Toaldo, uno de los más altos del grupo, camina con su vestuario negro y sus labios pintados por los camerinos. Estudiante de la Escuela Nacional de Cine, el joven de 27 años cuenta que sentía mucha emoción de ser parte del estudio desde el comienzo. De 10 monólogos que enviaron para las audiciones, escogió un texto con el que se sentía muy identificado.

La propuesta fue atractiva desde el inicio: por 50 dólares mensuales, 200 dólares si se realizaba un único pago, los participantes aprenderían historia del teatro, expresión corporal, métodos de actuación, canto, baile, voz, dicción y hasta análisis de texto.

Los profesores fueron actores reconocidos en el gremio. Javier Vidal, Carmen Julia Álvarez, Francis Romero, Antonio Delli, Angélica Arteaga, Nelson Lehmann, Roberto Ojeda y William Cuao. Calificados por su trayectoria y su experiencia en las tablas, también escogieron a los seleccionados en las audiciones.

De más de 400 postulantes, ingresaron apenas 27 en el Estudio de Artes Escénicas de Chacao, cinco de ellos becados, dos de ellos de San Fernando de Apure y Valencia. Los escogidos se anunciaron tras un arduo proceso en los que privó el potencial y el talento. “El objetivo era ver si esas personas tenían el potencial para llegar a ser actores. Este estudio es tan generoso que no se quedó cerrado con que fueran solo jóvenes, tampoco se quedó cerrado en escoger a aquellos que fueran atletas o que tuvieran una expresión física. La cosa era que se notara que esa persona podría llegar a ser un actor”, explica Xiomara Moreno sobre el proceso.

Como resultado el grupo era muy diverso, de todas las edades, desde los más jóvenes mayores de 18 años hasta Blandín, de 53. Un grupo que durante casi nueve meses se encontró, de lunes a jueves, desde las 9:00 am hasta la 1:00 pm. Lo mejor que tuvo el taller, rescata Moreno, fue la selección y, como todo taller de formación, hubo quienes no tuvieron la disciplina para llegar al final. Otros presentaron complicaciones que los apartó del camino. Al final, de 27 llegaron 21. “Me cambió bastante esta escuela, era ir todos los días a enfrentarme con algo que me asusta. Te vuelves como un temerario, le agarras el gusto a sentir miedo a atreverte a hacer algo que te saca de tu zona de confort. Todos los días eran de atreverse a hacer algo nuevo”, reflexiona Toaldo.

Estudio de Artes Escénicas de Chacao, un piloto exitoso

La nueva generación de actores en Venezuela no cuenta con formación académica. Es lo que piensa Juan Carlos Duque, quien sentía inquietud al ver que, aunque hay talento, no hay tantas oportunidades de estudio. Por ese motivo decidió abrir un espacio para atender esa necesidad: el Estudio de Artes Escénicas de Chacao. Su meta no solo era la formación, sino que la carrera de artes escénicas se tomara en serio.

Buscaron profesores que fueran capaces de instruir a los alumnos de manera integral, evitando encasillarlos en un solo método de actuación. Con orgullo, Moreno afirma que sus egresados son capaces de asumir cualquier tipo de texto teatral: clásico, absurdo, surrealista o naturalista. “Queríamos que pudieran hacer tanto Arthur Miller con Las Brujas de Salem, como una obra del absurdo de Ionesco como El Rinoceronte; o una obra surrealista como esta de Lorca. También pasamos por las obras de Shakespeare. Eso implica un actor que tenga conocimiento del decir, de su cuerpo como herramienta y que pueda manejar las emociones. Aquí lo importante son los estudiantes. No hay algo que esté por encima de que ellos puedan desarrollarse”.

El siguiente paso fue seleccionar a los profesores, una labor en la que privó el profesionalismo y la experiencia. El criterio era encontrar personas con larga trayectoria en las tablas, lo que, además, le daba más atractivo al estudio. Para Williams Blanco, asistente de coordinación, ese fue precisamente el plus que le dio validez al proyecto pionero. “Incluso yo quería ver clases con ellos”.

Lograron un grupo muy capacitado que desarrollaron el potencial de los alumnos: participantes que no sabían pronunciar la “R”, por ejemplo, ahora hablan perfecto sobre el escenario. ¿Cómo lo hicieron? Con mucho trabajo. “Uno de los grandes problemas del teatro venezolano es que a veces se encasillan en una sola tendencia y entonces los actores se vuelven incapaces de trabajar en otra cosa. Eso es una responsabilidad que debe atender un estudio de artes escénicas y aquí lo hicimos”, insiste Moreno.

Como todo proceso, escogieron pensum, tiempos y qué programa seguir. Poco a poco, por ensayo y error, corrigieron detalles. “Esto es una especie de piloto. Todavía estamos evaluando, se está haciendo la obra y ya sabemos qué cosas habrá que cambiar”, confiesa Moreno.

Fue ensayo y error desde el primer día, destaca Blanco. Como parte del grupo de fundadores del estudio reconoce que sentía miedo ante la misión que estaban llevando a cabo. “Siento que hubo muchas cosas positivas que creo hay que mejorar. Y lo negativo es una lista larga. Es todo un proceso. Tenemos que sentarnos a analizar para la segunda etapa del estudio porque vamos a volver a abrir el primer nivel nuevamente”. (EN)

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