Democracia, madera, zinc y cemento Noel Álvarez

21 julio 2020 | Opinión

Al poco tiempo de tomar el poder, Fidel Castro dijo: “Es verdad que hay gobiernos
constitucionales corrompidos también; pero al paso que los gobiernos
constitucionales tienen que cuidarse porque deben asistir a unas elecciones y
pueden perderlas si hay democracia verdadera y votan las personas… cuando se
trata de una dictadura, roban años en el poder y nadie los sustituye”. Si esto no
fuera tan serio, parecería un chiste, este discurso en boca del dictador que oprimió
a Cuba durante 49 años. A esos casi 50 años hay que sumarle otros 12 que llevan
sus sucesores en el poder.
Un analista político, venezolano, expresó lo siguiente: “El problema fundamental
de todos los dictadores es pensar que nunca caerán, que nunca pasarán, que son
inamovibles, eternos. Es el espíritu de engaño que han dejado habitar en su
corazón”. Ciertamente, los autócratas piensan que vinieron a este mundo para
mandar, que pueden convocar procesos políticos, por encima de lo establecido
legalmente y ser los protagonistas de la historia. Sin embargo, la vida de dictador
es solitaria, siempre tiene la sombra del temor de caer, de ser abandonado. Los
tiranos olvidan con frecuencia que, el mismo que sembró la ambición en ellos,
puede sembrar idéntica semilla en otros. Un ejemplo de la debilidad de los tiranos
fue Herodes, cruel dictador que se creyó Dios. Menospreció el derecho y lo justo.
Cambió las reglas para mantenerse en el poder y por atender los consejos de
Herodías, su primera combatiente, fue defenestrado por Calígula y enviado al
destierro, donde falleció al poco tiempo.
«El problema de los pueblos… no es la gente, sino los presidentes que quieren
permanecer en el poder demasiado tiempo». Otra cita graciosa. Fue escrita como
perla de sabiduría romántica por el presidente de Uganda, Yoweri Museveni. La
provocadora frase continúa aún vigente, a pesar de haber sido pronunciada hace
más de cuatro décadas. Los opositores que se atrevan a borrar la novelera
expresión, acuñada por Yoweri, son amenazados, perseguidos, torturados,
encarcelados y sus organizaciones políticas ilegitimadas. El mandatario cambia
las reglas a su antojo, llegó al poder en 1986, pero, solo fue en 2013 cuando
permitió la participación de partidos políticos en unas elecciones, ya que antes
regía un sistema de partido único.
En Uganda los candidatos opositores que se nieguen a participar en sus
elecciones arregladas, son encarcelados. El principal candidato opositor, Besigye,
fue detenido 4 veces entre el 15 y el 21 de febrero 2016, durante la campaña y
posterior al proceso de votaciones. La constitución del país fue modificada para
permitir la reelección indefinida. La conformación del congreso fue modificada para
llevar el número de diputados de 375 a 426. Durante la campaña para las últimas
elecciones celebradas en 2016, el gobierno contrató cientos de jóvenes
“colectivos” dizque para cuidar la pulcritud del proceso, pero, ellos fueron los
encargados de fomentar los disturbios y perpetrar el fraude.
Ante el incremento de gobiernos autoritarios, llegados al poder por la vía del voto,
devenidos luego en tiranías de corte populista y que, para galvanizar el apoyo de
sus adeptos, inventan enemigos ficticios y pasan horas y horas hablando
zoquetadas, nosotros, quienes llevamos las raíces democráticas incrustadas en el
alma, debemos cerrar filas alrededor de las opciones democráticas que luchan por
abrirse paso, propugnando un pensamiento similar al expresado por el escritor
Mario Vargas Llosa: “Prefiero la peor democracia, antes que la mejor dictadura”.
Pero no todos tenemos igual concepto de la democracia, veamos este caso que
pudiera ser el de cualquier habitante de un país pobre y tiranizado. La señora
Ángela Gutiérrez, 67 años, con 8 hijos, vive en una casucha miserable en
Managua, Nicaragua, le importa un c… la democracia. Lo explica, sentada en su
sala con goteras, un viejo televisor es su bien más preciado. A ella, le gusta ver
sus novelas y le molesta hacerlo con paraguas. Porque en su vida pobre y sin
expectativas, espera que le llegue el regalo que le ha prometido el comandante:
un techo de zinc que le quite por fin las goteras ¿A quién votará? le pregunta el
periodista: «Siempre voto a mi presidente, él me ha dado la mano. Una se siente
gozosa cuando la tienen en cuenta» ¿Pero sabe usted que la oposición ha
decidido no presentarse a estas elecciones que han sido tachadas de ser un
fraude por todos los organismos internacionales? «No lo sé ni me importa. Yo
necesito el zinc y eso me lo dará Ortega», concluye la señora Ángela.
«Una casa dividida contra sí misma no puede seguir en pie. Creo que este
gobierno no puede continuar, de forma permanente, mitad esclavo y mitad libre».
Estas palabras de Abraham Lincoln debieron causar un profundo impacto en su
audiencia y continúan vigentes hoy en día. Por cierto, la parábola de la casa
dividida que se derrumba aparece en tres de los cuatro Evangelios.
Es un dicho común que los regímenes democráticos suelen corromperse por
exceso de oligarquía o de demagogia. Esto sucede cuando una minoría manipula
las instituciones y les impide realizar su idea básica, la cual es, el gobierno del
pueblo, por el pueblo, para el pueblo. Solo con gobernantes de amplias miras se
puede desarrollar una cultura democrática inspirada en los valores que dignifican
al ser humano y dan valor al pensamiento universal. De lo contrario, la alternancia
se transformará fácilmente en asalto al poder en beneficio propio o, como máximo,
en beneficio exclusivo de quienes les han permitido alcanzarlo.
*Coordinador Nacional del Movimiento Político GENTE
Noelalvarez10@gmail.com

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