PDVSA siglo XXI de Poderosa a Minusválida; Raúl Alegrett

24 septiembre 2019 | Economía, Internacionales, Todas las del inicio

A fines del siglo XX PDVSA figuraba a la vanguardia de las compañías petroleras públicas del mundo. Era una empresa eficiente y solvente. Aunque enfrentaba una caída de los precios mundiales del petróleo que había hecho disminuir la cotización de la canasta petrolera venezolana a cerca de 8 dólares el barril, la producción se situaba alrededor de 3,5 millones de barriles/día con proyección de superar en breve los 4 millones de b/d. Sin embargo, veinte años después la producción petrolera venezolana ha descendido en un 80%, situándose por debajo de 700 mil b/d. Si bien la caída se ha acentudo en los dos últimos años, al concluir el 2016 ya la producción se había reducido a 2,2 millones de b/d y en el 2017 a 1,7 millones de b/d.

El descenso sostenido de la producción petrolera, a pesar de los señalamientos y alerta de los expertos, no había hecho sentir su impacto en la economía nacional con anterioridad al año 2014 por el marcado incremento de los precios internacionales del crudo y el creciente endeudamiento de la nación, incluída PDVSA. La canasta venezolana había ido aumentando su precio durante casi todos los años de la primera década del siglo, alcanzando cerca de 100 $/b en 2008. Después de descender en 2009 por efecto de la crisis financiera mundial, el alza de los precios se reinició hasta alcanzar en los años 2011 a 2013 valores por encima de 100 $/b, con cifras puntuales de hasta 140 $/b. A partir del año 2014 los precios comenzaron a declinar registrando un mínimo puntual de $35 el barril en 2016, siempre elevado respecto a los precios debajo de $10/ b de fines del siglo pasado, logrando posteriormente recuperarse con oscilaciones alrededor de 60 $/b.

La declinación de la producción y la disminución de los precios internacionales del petróleo a partir del 2014, fueron factores determinantes en la acentuada reducción en el valor de las ventas de PDVSA, pero no fueron los únicos. A ellos se sumaron elementos específicos relacionados con la comercialización. El conjunto afectó significativamente los ingresos de la empresa que, por si fuera poco, enfrentaba un crecimiento sostenido de los gastos, así como de las obligaciones financieras.

Los ingresos por exportación de la empresa se redujeron de 75,3 millardos de dólares en 2008 a 46,3 millardos de dólares en 2013, mientras que el gasto por importación de productos del petróleo, que en 1999 era inferior a 200 millones de dólares, se incrementó a $4,3 millardos en 2008 cifra que más que se duplicó en el 2013, alcanzando $9,9 millardos. En el mismo lapso los intereses de la deuda de PDVSA aumentaron de $1,6 millardos a $4,3 millardos. Como resultado los ingresos disponibles de la empresa de redujeron a menos de la mitad, pasando de 69,5 millardos de dólares en 2008 a 32,1 millardos de dólares en 2013. Y esto a pesar de que el precio internacional del petróleo ostentaba sus niveles más altos.

El deterioro de la industria se reflejó directamente en la economía del país. Más del 90% de divisas en moneda dura que recibe Venezuela proviene de las exportaciones de petróleo. El PIB disminuyó en 2016 en 16,5% y en 2017 en 12%. Las reservas internacionales que a fines del 2011 habían alcanzado 30 mil millones de dólares, fueron disminuyendo hasta llegar a 10 mil millones a comienzos del 2017 y hoy rondan los 8 mil millones de dólares. Las importaciones se redujeron desde 67 millardos de dólares en 2012 a 16 millardos de dólares en 2016, con su dramática incidencia en la disponibilidad de alimentos, medicamentos y otros productos esenciales. La escasez de divisas y el crecimiento inorgánico de la masa monetaria, conjuntamente con restricciones a la producción interna, se tradujeron en una acentuada caída del valor de la moneda y en el crecimiento de los precios de bienes y servicios hasta llegar a una situación de hiperinflación.

Como puede apreciarse, el marcado declino de PDVSA y sus efectos negativos en la economía venezolana eran ya muy acentuados con anterioridad al anuncio de las primeras sanciones financieras aplicadas por los Estados Unidos a mediados de 2017. Estas sanciones aún cuando no estaban dirigidas al comercio del petróleo, pueden haber estimulado a los compradores tradicionales a considerar otras alternativas. Las exportaciones a Estados Unidos cayeron desde un promedio de 880 mil b/d en 2016 a 550 mil b/d en 2017, pero el proceso de sustitución del mercado occidental se había iniciado con mucha anterioridad aumentando las ventas a países asiáticos, especialmente China e India. En el caso de Estados Unidos, las ventas habían disminuido desde casi 2 millones de b/d en 1999 a cerca de 1,25 millones de b/d en 2009 y en los años 2011

a 2013 habían caído a valores algo inferiores al millón de b/d. La cifra continuó descendiendo en los años siguientes, llegando con anterioridad a las sanciones a alrededor de 750 mil b/d.

Las consideraciones anteriores demuestran que, más allá de la disminución de los precios internacionales del petróleo y de los efectos de las primeras sanciones del gobierno de los Estados Unidos, la caída de los ingresos petroleros con su negativo impacto sobre la economía del país, tiene origen en las políticas aplicadas a la industria y en el manejo gerencial de la empresa. A continuación se destacan algunos elementos importantes que han tenido incidencia en el proceso de declinación de PDVSA.

El año 2003 se produjo el despido de un gran contingente de empleados de la industria, incluyendo a la mayor parte del personal técnico y ejecutivo, perdiéndose muchos miles de años de experiencia y millones de horas de entrenamiento formal. Este personal fue sustituído y ampliado incorporando personas que en su mayoría no poseían la calificación y la experiencia requerida. El personal se incrementó desde menos de 40 mil trabajadores en 1998 a más de 110 mil en el año 2012, la mayor parte de ellos en actividades no relacionadas con el petróleo. El gobierno asumió el control absoluto de la corporación, limitando su autonomía e interfiriendo continuamente en las decisiones y el manejo de la empresa. Se estableció una distribución discrecional de los ingresos de PDVSA, disminuyendo la inversión en su desarrollo, incluso durante la década del boom de los precios, y se colocaron recursos en actividades distintas a las propias de la industria. Los costos de operación se elevaron desmesuradamente al mismo tiempo que se descuidó el mantenimiento de instalaciones y equipos. Atrasos en el pago a las empresas experimentadas proveedoras de servicios fueron causa de la progresiva disminución de su participación. La renegociación impuesta por el gobierno de los contratos operativos que detentaban compañías extranjeras, produjo el retiro de algunas operadoras importantes dando lugar incluso a demandas judiciales en contra de PDVSA.

La transferencia compulsiva de cuantiosos recursos a fondos destinados al financiamiento de gasto público y la obligación de financiar operaciones alejadas al objetivo principal de la empresa generaron severas limitaciones a la empresa, además del abandono o descuido de tareas fundamentales del negocio petrolero, conduciendo a la caída sostenida de su capacidad de producción y de sus volúmenes de exportación.

De casi 80 taladros operativos en el año 2012, se pasó a 69 en el 2014 y a apenas 49 en el 2017 y con menor eficiencia. La productividad por trabajador se redujo de unos 80 barriles/hombre en 1998 a poco más de 20 barriles/hombre en 2012. La refinación en el país también se ha ido reduciendo significativamente, son pocas las refinerías que todavía operan y lo hacen en una fracción de su capacidad. La consecuencia es que Venezuela está importando gasolinas y componentes. Solamente las importaciones de estos productos desde Estados Unidos pasaron de menos de 300 millones de dólares en 1998 a casi 8 millardos de dólares en 2012.

Los ingresos por ventas de PDVSA corresponden fundamentalmente a las exportaciones. El consumo doméstico le ocasiona elevadas pérdidas. Estimulado por precios altamente subsidiados, dicho consumo creció hasta alcanzar más de 700 mil b/d representando para la empresa una pérdida anual cercana a 30 millardos de dólares, equivalente a un 60% del ingreso obtenido por la exportación. El excedente de exportación de petróleo que en 1999 era de 3 millones de b/d se redujo a 1,9 millones de b/d en 2012 y a 1,2 millones de b/d a fines del 2017.

Pero los ingresos de la empresa no se han visto afectados solamente por el descenso de los precios de venta y por la reducción de las exportaciones causada por la caída de la producción y el aumento del consumo doméstico. Ocurre que gran parte del volumen exportado no genera flujo de caja. En el año 2017 de los 1,2 millones de b/d exportados, alrededor de la mitad se destinaba al pago de deudas a China, Rusia y a las empresas asociadas. El año 2015 Pdvsa despachó a China 579 mil b/d de crudo y productos, de los cuales 375 mil b/d se destinaron al pago de capital e intereses de la deuda contraída, por lo que tan solo un 35% del volumen enviado, ingresó a la empresa.

Modificaciones en la comercialización de los productos también afectaron sensiblemente el flujo de caja de PDVSA. Las exportaciones comenzaron a direccionarse a países asiáticos, principalmente a China y a la India en sustitución del mercado de Estados Unidos, el más rentable y el que genera mayor flujo de caja. Las exportaciones a ese país, que representaron un promedio de 880 mil b/d en el año 2016, disminuyeron a 550 mil b/d en noviembre del 2017. Redireccionar las exportaciones de petróleo hacia mercados asiáticos implica

altos costos de transporte y ventas con descuentos para poder competir. El valor de las exportaciones realizadas a China pasó de representar en 2005 el 0,8 % del valor total de exportación, al 9,8% en 2012.

Adicionalmente, se suscribieron acuerdos de cooperación energética con distintos países de la región, principalmente de Centroamérica y de El Caribe, acuerdos que establecen pagos con descuentos y financiamiento a largo plazo a intereses de 1% y 2%. Las ventas dentro de los convenios de Petrocaribe, Alba y otros a países sin incluir a Cuba, fueron de 108,9 millones de barriles en 2014 y de 88,3 millones de barriles en 2015. En el año 2012 el porcentaje del valor de la exportación total que correspondía al marco de estos acuerdos, era de 7,4%. Los volúmenes despachados a Cuba alcanzaron en 2015 a 97,8 millones de barriles pero el valor de esos despachos, equivalente a más de 1.600 millones de dólares, no ingresó a PDVSA puesto que era cancelado básicamente con prestación de servicios médicos.

A pesar del amplio período de marcado aumento de los precios, los ingresos no sólo no se reflejaron en inversiones en la industria, sino que la empresa fué contrayendo cada vez más deuda. De 15 millardos de dólares que adeudaba en 2008, PDVSA incrementó su deuda a 40 millardos de dólares en el 2012 (50% del monto de sus activos). A fines de 2017 más de la mitad de los 60 millardos de dólares adeudados por Venezuela a tenedores de bonos, correspondía a PDVSA. Entre 2008 y 2013 los intereses de la deuda aumentaron en casi 3 millardos de dólares llegando a 4,34 millardos de dólares. Al monto de la deuda habría que sumar las notas de promesa de pagos estimadas en 1,5 millardos de dólares, más las deudas contraídas con sus asociados y los atrasos en pagos a compañías de servicios, por un total estimado de 20 millardos de dólares.

Al final del 2017, según el informe de deuda de PDVSA, la deuda financiera con sus asociados, sin incluir el monto de alrededor de 5 millardos de dólares adeudado a la empresa rusa Rosneft, sumaba 3,02 millardos de dólares. Por su deuda Rosneft recibió como colateral el 49% de las acciones de CITGO. En 2017 Venezula suministró a Rosneft cerca de 220 mil b/d y además Rosneft ha adquirido 2 licencias de gas off shore y negocia la obtención de otros activos petroleros

Finalmente, son numerosos los señalamientos y denuncias relacionados con fraudes, comisiones, apropiación indebida, desviaciones, malversación, lavado de dinero y otros ilícitos relacionados al manejo de la industria. En 2017 por iniciativa del propio gobierno, el Ministro de Petróleo, el Director Ejecutivo de PDVSA, todos los directivos de CITGO, además de otros 70 ejecutivos de PDVSA, fueron despedidos y acusados con diversos cargos de corrupción. El expresidente de PDVSA por una década y ex ministrode petróleo, fue acusado igualmente de corrupción. Es todavía difícil cuantificar los daños sufridos en el patrimonio de la industria, pero hay evidencias de que montan a decenas de millardos de dólares.

Los distintos elementos aquí resumidos pretenden contribuir a la comprensión de cómo una industria de nivel mundial, de gran envergadura y robustez, se convirtió en una enferma terminal.

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1 La mayor parte de los datos citados en el artículo han sido tomados de trabajos publicados por Ramón Espinasa (The Rise and Fall of PDVSA, mayo 2014) y por Francisco Monaldi (The collapse of Venezuelan Oil Industry, marzo 2018

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