Dos años en El Helicoide no le borraron la convicción. Henry Alviares

14 mayo 2026 | Política, Sociedad

 
Dos años en El Helicoide no le borraron la convicción. Henry Alviares está de vuelta en la calle, y Venezuela lo está esperando.
Elizabeth Sánchez Vegas | Venezuela Late
 
Esa noche era Día de las Madres y el régimen había cortado la luz. Entonces Henry Alviares reunió a su familia en casa de la tía, se sentó con Gustavo de 17 años y con Andrea a su lado, y durante hora y media habló al país con una voz que no temblaba. Eso, en sí mismo, ya es una declaración. Porque hay hombres que aparecen en la foto y hay hombres que hacen posible que la foto exista. Henry pertenece con convicción a la segunda estirpe: el coordinador nacional de organización de Vente Venezuela, el que arma equipos, cuenta voluntades, recorre territorios y hace el trabajo menos vistoso, pero más indispensable. El que estuvo casi dos años preso en El Helicoide y salió sin el lenguaje del odio. El que ayer estaba en San Diego, hoy habla con el país, y mañana sigue en Punto Fijo. Indetenible, como el pueblo que lo escucha.
 
El 20 de marzo de 2024, Henry fue detenido junto a Dignora Hernández y trasladado al Helicoide. Casi dos años privado de libertad, separado de su casa, de sus hijos, de todo lo que amaba. Al salir vino el exilio, ese camino que tantos venezolanos conocen, antes de poder volver a recorrer su tierra. Lo dijo con una frase que tiene una dignidad enorme: nos reencontramos con la libertad que nunca tuvimos que haber perdido. Y volvió a la calle. No quebrado. Sereno. Con la misma convicción intacta con la que entró.
 
Cabe señalar que esa libertad no vino sola ni sin advertencias. Henry lo dijo con precisión: tanto él como Perkin Rocha siguen viviendo con lo que describió como una daga en el cuello, porque la discrecionalidad de un funcionario del régimen puede, en cualquier momento y sin proceso alguno, devolverlos a la cárcel. Eso no lo paraliza. Lo empuja. Pero lo dice porque no quiere que nadie normalice lo que todavía no ha sido resuelto: hay 500 presos políticos que siguen adentro, y la llamada ley de amnistía resultó no ser tal. «No hay 500 presos políticos», corrigió con firmeza. «Somos 30 millones. El 70 por ciento del sistema penitenciario tiene sus procedimientos viciados. Venezuela entera está presa injustamente.»
 
Antes de hablar de esperanza, Henry habló de la realidad, porque para él la honestidad con el pueblo es condición de la lucha. Las cifras que trajo desde las calles son aterradoras: 86 por ciento de pobreza, 54 por ciento de pobreza extrema, niños que mueren por desnutrición, racionamiento eléctrico de ocho horas diarias, una ciudad como Cumaná acumulando noventa días sin agua. Y la tragedia tiene cara concreta: está en los pacientes oncológicos del hospital de Valencia que no tienen medicamentos, en los trabajadores que cobran cuatro dólares al día cuando la canasta alimentaria supera los seiscientos dólares al mes, en los transportistas que este mismo domingo veían colas kilométricas de gasolina en Yaracuy, en Carabobo, en Lara. Y está, de manera brutalmente simbólica, en el caso de la señora Carmen y su hijo Víctor Quero, mencionado esta noche con indignación y en la noticia que llegó mientras hablaban: un concejal del estado Anzoátegui apareció muerto estando bajo custodia policial, después de haber denunciado actos de corrupción en una alcaldía de la región. «¿Cómo nos pueden hablar de normalidad?», preguntó Henry.
 
Frente a quienes venden una narrativa de normalización, de inversiones que llegan, de estabilidad que se instala, del impulso petrolero como señal de que el país funciona, Henry fue directo: «Esto no es ineficiencia ni ignorancia. Es una maldad sistemática de un sistema criminal que quiere mantenerse en el poder a costa de lo que sea.» Tuvo palabras específicas para los que llama cómplices disfrazados de oposición, aquellos que durante años aceptaron resultados fraudulentos de manera pasiva porque había, dijo, un estado de confort y una convivencia cómplice en desmedro de una población que lo que quería y lo que desea es cambio. Esa complicidad se vio incluso en el nombramiento de un embajador en España proveniente de la tolda opositora. Para Henry, eso no es oposición. Es parte del problema. Y fue más lejos: retó directamente a Jorge Rodríguez y a Delcy, a quien llama con precisión deliberada «la cargada», no «la encargada», diciéndoles que está dispuesto a debatirlos en cualquier área, y que le dijo siete veces mentiroso a Jorge Rodríguez.
 
Y, sin embargo, y aquí reside el asombro más profundo, lo que está encontrando en cada ciudad no es una sociedad quebrada. Es una sociedad erguida. Lo vio en San Diego, estado Carabobo, donde más de mil personas salieron pese a las amenazas del gobernador Lacava. Lo vio en Guanare. Lo vio en Acarigua. Lo ve de manera recurrente en cada parada de una gira que no se detiene. «Lo que antes nos daba temor, lo que antes nos creaba una desesperanza aprendida, hoy nos crea valor y fortaleza.» Y lo dice con la certeza de quien vivió de cerca lo peor de este sistema y salió convencido de que el venezolano decente y bueno es mayoría. Con esa convicción, esto luce indetenible.
 
La organización de los comanditos no fue improvisación. Fue un plan de tres años de construcción meticulosa, diseñado con dos escenarios posibles: que el régimen reconociera su derrota, o que el fraude quedara irrefutablemente documentado ante el mundo. Ocurrió lo segundo. El 28 de julio de 2024, con Henry ya preso, los venezolanos obtuvieron más del 81 por ciento de las actas. La organización que él había construido funcionó sin él. «Sabíamos que uno de los escenarios era que reconocieran la derrota, que no la veíamos fácil. El otro era evidenciar el fraude. Y fue lo que hicimos.» Y ese es el cimiento inamovible sobre el que hoy se levanta todo lo demás.
 
Hoy, junto al trabajo de Humberto Villalobos y su plan de 40 semanas, con 1,5 millones de venezolanos ya empadronados, Henry está reconstruyendo esa red ciudadana con una ambición renovada. Los comanditos tienen tres objetivos declarados: organizar el recibimiento de María Corina Machado cuando regrese al país, prepararse para el proceso electoral y construir desde ya el marco de gestión ciudadana para cuando llegue el cambio de gobierno. Si en julio del 24 tenían el Plan 600K de testigos de mesa, ahora apunta al Plan 1200K. «En aquel momento había temor. En este momento lo que hay es esperanza.» La diferencia no es menor. Es la diferencia entre defenderse y avanzar. Colegios ciudadanos en cada parroquia, comanditos en cada sector, testigos en cada mesa. No para un evento electoral, sino como arquitectura permanente de una ciudadanía que aprendió a organizarse para gobernarse a sí misma.
 
Desde el municipio Bolívar del estado Aragua, Romel Silva tomó el micrófono esta noche para dar testimonio de lo que Henry describe: en los 53 sectores de San Mateo, en los 20 centros de votación, los colegios ciudadanos están activos y la gente organizada. «Las mujeres nos decían: nosotros vamos a defender los votos hasta lo último, porque ya está bueno que a mis hijos me los estén llevando las marchas.» Una de ellas desafió la prohibición de su propio esposo para unirse. Eso, dijo Henry al escucharlo, está pasando en toda Venezuela, en cada rincón, en cada sector. Y Romel cerró con una certeza matemática nacida del 28J: si con ese CNE les ganamos 70 a 30, con María Corina les ganamos 90 a 10. Y cuidado si no es 100% completo.
 
A quienes preguntan por qué confiar en un proceso electoral cuando el árbitro no es confiable, Henry respondió con la matemática de la realidad: con la diferencia que tenemos, 85 a 15, y soy generoso con ese 15, no hay manera de que nos ganen ninguna elección. Exige la renovación del CNE, la revisión del Registro Electoral Permanente, la habilitación del voto exterior, la devolución de las tarjetas de los partidos y la liberación de todos los presos políticos como condición sine qua non. Pero es pragmático sin ser ingenuo: pongan por lo menos gente decente, que nos permitan auditar, que haya escrutinio real. Un periodista alemán le preguntó si prefería una elección imperfecta a corto plazo o una elección perfecta a largo plazo. La respuesta fue inmediata: cuando veo la tragedia del venezolano, dos años más es muy tarde para muchos. Dos semanas es muy tarde para muchos. Y añadió algo que define todo el horizonte estratégico: en el momento en que se anuncie el cronograma electoral, que espera ocurra en el próximo trimestre, comienza la verdadera transición en Venezuela. Porque desde ese instante, hasta el funcionario subordinado, el juez, el fiscal, el guardia nacional, el policía, empezará a entender que la supremacía del régimen se está diluyendo. Y es irreversible.
 
El tema de Donald Trump fue abordado esta noche desde dos ángulos distintos. Moisés, desde Barcelona, planteó algo que muchos piensan, pero pocos formulan con esta precisión: si el propio Trump ha declarado públicamente que su elección de 2020 fue fraudulenta, ¿cómo se está preparando Venezuela para que eso no vuelva a ocurrirles? Henry fue claro: eso pasa por un acuerdo político que ya está en marcha, porque la presión internacional es demasiada para que el sistema se sostenga. No se dejen llevar por lo que dicen, sino por lo que están haciendo. Y lo que están haciendo está en favor de que la fase 3 de este proceso de tutelaje llegue finalmente. Esa fase 3 no es otra cosa que Venezuela reencontrándose con sus valores y principios democráticos.
 
Fue el joven que se presentó como Tequeño quien pidió palabras de aliento para los venezolanos que están cayendo en el desánimo, y que en algunos casos dirigen su frustración hacia la administración Trump. Henry no esquivó la pregunta: claro que estamos avanzando, dijo, si no, yo no estaría hablando aquí, estaría preso. Y añadió algo que invita a la reflexión: piensen si las cosas hubiesen sido distintas y los costos humanos hubiesen sido mayores. Esta gente es capaz de todo. Con el mismo argumento respondió a quienes sienten frustración con el interinato: no se puede desear otro camino sin calcular lo que ese camino le hubiera costado al pueblo. No pidió que se callara la rabia. Pidió que se dirigiera bien, que no se confundiera al aliado con el enemigo. Porque Trump, con sus elecciones de medio término en noviembre como horizonte inmediato, y con figuras como Marco Rubio, Rick Scott, María Elvira Salazar y Carlos Jiménez empujando desde el Senado, tiene razones concretas y urgentes para que Venezuela se resuelva. La paz de Venezuela es la paz del hemisferio. Eso lo han entendido. Y eso está acelerando todo.
 
Armando Martini Pietri planteó una pregunta que muchos venezolanos se hacen en voz baja: ¿cómo lograr que Vente Venezuela se convierta en un partido registrado ante el CNE, para que María Corina pueda postularse por su propio partido y no dependa únicamente de alianzas? Henry fue claro: Vente tiene más de cien mil afiliados, colegios organizados y estructura extendida en todo el país. Pero el régimen le niega el registro, así como les ha negado a sus legítimos líderes el control de Acción Democrática, entregada a Bernabé Gutiérrez, de COPEI, de Voluntad Popular y de Primero Justicia. Una de las condiciones para que haya confianza en el proceso es que devuelvan las tarjetas a sus verdaderos poseedores: Leopoldo López, Julio Borges y los demás. Sobre la democratización interna de los partidos, Henry estuvo de acuerdo con Martini, pero puso el orden correcto: primero sacar el sistema, luego limpiar la casa propia. Y mandó un mensaje directo a su propia militancia: los que quieren ser alcalde, gobernador, diputado, todo en su momento. Primero darle respuesta al país.
 
Para la diáspora, más de ocho millones de venezolanos que salieron del país y más de cuatro millones habilitados para votar en el exterior, Henry tiene una tarea concreta e inmediata: empadronarse a través de Vente Mundo, prepararse para cuando se abra el cronograma electoral, legalizarse donde sea posible. Si logramos pasar de 350 mil votantes en el exterior a un millón o dos, estamos hablando de un colchón de más de un millón de votos que nadie podrá discutir. Rafael Santiago, conductor del canal Venezuela en Vivo que transmitía simultáneamente esta noche por YouTube, anunció que al día siguiente sale en el canal de Vente Venezuela un episodio de su serie Inquebrantables protagonizado por Henry, grabado, confesó, entre lágrimas. Y recordó algo que pocas veces se dice con esta claridad: el 28J lo ganaron con Henry preso, con una organización construida en tres años bajo terror y persecución. Ahora esa misma organización está libre, más madura y con más esperanza. Si en aquella oportunidad vencimos en condiciones tan adversas, imaginen lo que viene.
 
En cada ciudad que recorre, la primera pregunta es siempre la misma: ¿cuándo llega María Corina? ¿Por dónde? ¿Cómo la recibimos? Henry lo describió con una imagen que lo dice todo: va a ser un volcán de emociones. Recordó las primarias de 2023, cuando todos decían que nadie participaría y tres millones de venezolanos fueron a votar y comenzaron a confiar de nuevo. El regreso de María Corina superará eso.
 
Una de las frases más poderosas de la noche llegó cuando habló del momento que viene después. No usó la palabra reconstrucción. A Venezuela no hay que reconstruirla. Hay que construirla. Está en cenizas. Y en esas cenizas ve una oportunidad histórica: el potencial energético intacto, una sociedad que la crisis volvió más resiliente y creativa, y la posibilidad de construir desde cero lo que nunca existió con la solidez necesaria. Para eso llama a un gran acuerdo de unidad nacional, comparable en espíritu al Pacto de Punto Fijo de 1958, que incluya todos los sectores, incluso la izquierda que entiende que la transición es necesaria. Un pacto donde los partidos no secuestren los liderazgos naturales de los gremios, los sindicatos, las ONG. Y donde la justicia transicional sea real: no se puede crear una sociedad impune, porque eso le hace más daño que la propia complicidad. Los quinientos mil millones de dólares robados no se olvidan. No se pueden olvidar.
 
Lo más sorprendente de Henry Alviares no es lo que sabe ni lo que ha organizado. Es lo que no trae consigo. Casi dos años en el Helicoide, el exilio, la daga jurídica que todavía tiene encima y salió sin odio. Salió convencido de que esta es una lucha espiritual y existencial, guiada por Dios, y con una certeza que repitió esta noche sin un gramo de duda: no hay manera de que esto vuelva atrás. Mañana sigue en Punto Fijo y Coro. El martes en Cojedes. No para. No descansa.
 
Esta noche, mientras el apagón obligaba a toda la familia a reunirse, con Gustavo y Andrea escuchando cada palabra, Henry cerró con algo que solo puede decir alguien que pagó el precio más alto por sus convicciones y que, aun así, no las cambiaría: me siento regocijado y agradecido a Dios. Los venezolanos, que somos buenos y que somos más, vamos a triunfar. Que la Divina Pastora los ilumine. Y que ese 14 de enero de 2027 en Barquisimeto, después de la procesión más grande que haya visto Venezuela libre, sea por fin la fiesta que todos merecen.
 

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