Jacinto Marín
Caminaba por los pasillos de dos centros comerciales en Puerto Ordaz y sendos jóvenes se me acercaron para decirme con cierta discreción: “Sr., vendo dólares”. No gracias, les dije. Una amiga que hace confitería me cuenta que muchos de sus clientes cuando le hacen encargos le preguntan si ella acepta el pago en dólares.
En un servicio de comida rápida observo un cartelito fijado en el vidrio frente al cajero que dice: acepto $. Un taxista a quien le solicito una carrera me advierte que no acepta pagos con billetes de menos de cien bolívares y que me hace un descuento especial si le pago con dólares. Estos casos ocurrieron de manera consecutiva en el transcurso de cuatro días recientes y su importancia radica en que ponen en evidencia el predominio del dólar frente al superdevaluado bolívar y la incursión de mucha gente que jamás había pensado en la compra-venta de la moneda norteamericana como fuente de ingreso propio.
Además, la referencia deja de ser anecdótica si la relacionamos con la posible eliminación del DICOM y el surgimiento de las mesas de cambio anunciado esta semana por el BCV, lo cual plantea la tan esperada eliminación del control de cambio; nada más ni nada menos. Según la decisión, a partir del próximo lunes los bancos nacionales que sean autorizados podrán vender y comprar dólares mediante las mesas de cambio sin ninguna restricción; de manera completamente libre.
El hecho cobra mayor significación porque ocurre después de haberse tenido durante 16 años un rígido control de cambio que penalizaba la compra-venta de la divisa, sometiendo así la operación a la clandestinidad. La buena noticia ahora es que mucha gente cree que el cambio es positivo y la mala noticia es que no hay dólares suficientes. El dólar es uno de los activos de mayor escasez en Venezuela y lo contrario no está a la vuelta de la esquina.
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