Sin duda, The Mandalorian es una de las propuestas más interesantes del universo Star Wars en esta época de Disney. Desde su estreno en 2019, el viaje de Din Djarin (Pedro Pascal) ha llamado la atención por el aura de este cazarrecompensas que se ve inmerso en el cuidado de una pequeña criatura: Grogu.
Un western espacial ambientado en los años posteriores a El retorno del Jedi, en momentos en los que el Imperio ha caído. La Nueva República se esfuerza por afianzar todos esos principios por los que la Rebelión dio todo, aunque todavía en la galaxia se mantienen fuerzas imperiales que buscan reacomodo.
Ahora, tres temporadas después, se estrena The Mandalorian and Grogu, un largometraje que busca extender el propósito de estos personajes.
La película es dirigida por Jon Favreau, padre de la criatura. Como creador, se ha ganado el respeto al posicionar este universo como uno de los más definidos de la saga. Y como guionista se unió a Dave Filoni, responsable de otras series del canon como Ahsoka y El libro de Boba Fett.
La historia comienza cuando la coronel Ward (Sigourney Weaver) convoca al protagonista y a su aprendiz para localizar a un señor de la guerra con simpatías imperiales. La Nueva República necesita obtener información de esta figura para conocer qué planes tiene.
Entonces inicia un viaje que incluye al Cartel Hutt, encabezado por los Gemelos Hutt, quienes son sucesores del famoso Jabba; un trayecto marcado por conflictos familiares, encargos no cumplidos y retaliaciones.
El primer acto dura una hora, un lapso bastante extenso en el que no queda claro hacia dónde va la película. De hecho, una vez resuelto, hay personajes que se configuraban como relevantes que se desinflan para no volver a aparecer en la producción.
Luego, The Mandalorian and Grogu toma forma en un conflicto mucho más claro cuando entra en juego la dinámica criminal de los Gemelos Hutt. Sin embargo, la diatriba planteada no corresponde a la expectativa que genera un largometraje. Las dos horas de duración la hacen parecer más un capítulo extendido de la serie que una obra que proponga y lleve este mundo a otro nivel.
Si bien se mantiene ese ambiente arrabalero —lugares en los que conviven personajes que se encuentran al margen, lejos de esas luchas entre el bien y el mal tan características de Star Wars con los jedi y los sith en dilemas existenciales—, la película desentona cuando deja la sensación de que no aporta más.
Entre los puntos a favor está el desarrollo de Grogu en su manejo de la Fuerza, una seguridad que lo apunta cada vez más como parte de una dupla que como un protegido. Sin embargo, esas pequeñas novedades no corresponden a lo que debe plantear un largometraje de dos horas.
The Mandalorian and Grogu responde más a un afán de estrenar películas para mantenerse en la conversación que a un proceso concatenado de realzar, en una producción, información o elementos que lleven al público a otra etapa del universo de The Mandalorian.
Es una respuesta a la necesidad de mantener la marca en las salas de cine en detrimento de una evolución de este mundo fortalecido como serie. (EN)








