Bajo el muy cálido cielo de Ciudad Guayana, la Iglesia local ha levantado una bandera que no es de guerra, sino de bálsamo. Monseñor Carlos Cabezas, Obispo de la Diócesis, presentó la 46ª edición de la Campaña Compartir, una tradición que desde 1981 acompaña el caminar cuaresmal de los venezolanos. Pero este año, el lema «Sanar la herida y abrazar la vida» no es solo una frase institucional; es un diagnóstico del alma nacional.
El cuerpo herido de una nación
Con la serenidad que otorgan los años de pastoreo, Monseñor Cabezas no esquivó la realidad. Para el prelado, Venezuela es hoy «un cuerpo herido». Habló de las cicatrices que se ven a simple vista: el hambre y la falta de medicinas. Pero su voz se hizo más pausada al mencionar las «heridas invisibles», aquellas que no sangran pero supuran en el silencio de los hogares: el dolor de la migración que fractura familias, la soledad de los ancianos que se quedan como guardianes de casas vacías y el agotamiento emocional de un pueblo que lucha un día a la vez. Incluso habló del drama de los presos políticos; «Las heridas no se sanan de hoy para mañana», advirtió el Obispo, recordando que, a diferencia de la ficción cinematográfica, los procesos sociales requieren paciencia, justicia y, sobre todo, voluntad.
Democracia sin barrotes
Uno de los puntos más álgidos de su intervención fue la relación entre la fé, la política y la salud democrática. Al ser consultado sobre los presos políticos, Monseñor fue categórico: «No puede haber en una democracia presos políticos».
Celebró con esperanza los pasos dados hacia la excarcelación de ciudadanos y la reciente Ley de Amnistía. Aunque reconoció que pueden existir diferencias de criterio, enfatizó que estos son pasos necesarios para una reconciliación verdadera. «Ojalá sea esta la última vez que en Venezuela tengamos que sanar esta herida abierta», expresó, subrayando que la reconciliación debe ir de la mano con la justicia, pues de lo contrario, sería un simple «saludo a la bandera».
Una ruta de «Primeros Auxilios para el alma»
La campaña, que se extiende desde el Miércoles de Ceniza hasta la Semana Santa, propone un itinerario espiritual y práctico:
El Viacrucis de la Reconciliación: Cada miércoles y viernes de Cuaresma, las parroquias meditarán sobre el sufrimiento de Cristo espejado en el sufrimiento del hermano dividido por el pensamiento político.
Manual de Primeros Auxilios: Un instrumento elaborado por Cáritas Nacional y la Conferencia Episcopal para trabajar la salud mental y espiritual en las comunidades.
La Colecta Compartir: El último domingo de Cuaresma, el aporte de los fieles se destinará directamente a las Cáritas parroquiales, con especial énfasis en la dotación de insumos médicos y medicamentos.
La apuesta por la vida en abundancia
Para Monseñor Cabezas, este 2026 es un año de «reacomodo y renovación». Su mensaje final fue una invitación a rescatar la solidaridad intrínseca del venezolano, esa capacidad de abrazarse a pesar de las sombras.
Al citar el Evangelio de Juan (10:10), «He venido para que tengan vida y vida en abundancia», el Obispo recordó que la abundancia no se mide en posesiones, sino en calidad de vida y en la capacidad de reconocerse en el otro. En Ciudad Guayana, la Cuaresma ya no es solo un tiempo de ceniza, sino la oportunidad de convertir el dolor en una vida que, finalmente, se deje abrazar. (Gustavo Montaña/CNP 8235)








