El Teatro Teresa Carreño (TTC) volvió a subir el telón y encendió sus reflectores para transportar al público de la sala Ríos Reyna a la idílica playa del musical Vaselina en la que Sandy Dumbrowski y Danny Zuko se enamoraron durante el verano de 1958. El sol y el mar se reflejan sobre el escenario donde Danny (Víctor Drija) y Sandy (Diana Ramiy Yisbeli Roa) se despiden con versos de amor sin saber que, en la primavera de 1959, sus caminos volverán a encontrarse en el Rydell High School.
Chaquetas de cuero, rock and roll y mucha rebeldía: Sandy y Danny cursarán su último año de secundaria en medio de las inseguridades, las burlas y los conflictos típicos de la adolescencia. Aquellos que crecieron viendo la película Grease (1978), protagonizada por John Travolta y Olivia Newton John,encontrarán en la escenografía, la estética y los vestuarios de Vaselina una recreación detallista de la cinta sin dejar de lado la esencia rebelde del musical estrenado en 1971.
En el escenario, grandes andamios reproducen sitios icónicos de la década de los 50: una cafetería, la escuela, el taller mecánico, la emisora de la radio Waxx, el Ford Deluxe de 1948 o el autocine. La puesta en escena es dinámica: todo se mueve, se traslada y se construye entre los versos de las reconocidas canciones. Producido por Clas Producciones, con el apoyo de 32 patrocinantes, este nuevo musical que se estrenará el 12 de septiembre con un soldout está dirigido por Elvis Chaveinte. El director buscó conectar a su elenco de 42 artistas con las hormonas de la adolescencia.
Las coreografías, inspiradas en los pasos de Elvis Presley, hacen vibrar el escenario con el toque característico de Taba Ramírez quien respetó que, para los jóvenes de la época, el baile era la manera de rebelarse y expresarse. Aunque el coreógrafo incluyó movimientos de los años 50, también muestra algo de ballet, hip hop y jazz. Quería ofrecer un espectáculo que recoge las raíces del musical, pero también lo actualiza para las nuevas audiencias. Los bailarines, además, tuvieron que enfrentar el reto de dejarse dirigir por Chaveinte: en todo momento están en escena, actuando.
“Poner a los bailarines a actuar no es nada fácil porque ellos ven el escenario desde otro lugar. Traté de acercarlos a este proceso, pero que también tuvieran su espacio para bailar. Quería que todos confiaran en el proceso, ese fue el reto que me propuse”, comenta el director, quien dirigió Oklahoma! de La Escuela de Clas Producciones.
En cada escena, canción o baile está presente la energía de los adolescentes, una edad que al director le parece eufórica. Es una etapa de la vida en la que hay mucha camaradería, pero también una lucha por lucirse ante los otros y una búsqueda constante por encontrar pareja. Su visión como director quedó plasmada con los T-Birds y las Pink Ladies, las dos pandillas protagonistas de la historia entre las que los chistes y las burlas no paran.
La música está interpretada en vivo por una banda de nueve músicos que el público no puede ver porque están detrás de los telones. El sonido del bajo, el teclado, el saxofón y la percusión cautivan al espectador aunque en ocasiones, durante el ensayo general del 8 de septiembre, sonaban demasiado fuerte comparado con el volumen de los actores.
Antes del ensayo general se le advirtió a los medios de comunicación que los aspectos técnicos no estaban logrados al 100%. Así como cientos de edificios se vieron perjudicados en Venezuela por el terremoto del 24 de junio, el TTC también sufrió. Chaveinte, antes de comenzar la función, le dedicó toda la temporada a su mamá, Brenda Rubio, fallecida durante el doblete sísmico, y aprovechó la ocasión para advertir que podrían surgir inconvenientes técnicos. Los hubo, pero no en la escenografía, como se esperaba, sino en los micrófonos.
En ocasiones, no se escuchaba a Víctor Drija cantar los solos de Danny Zuko en los temas grupales. Otros actores también tuvieron el mismo inconveniente. En algunas escenas los micrófonos tenían el volumen muy alto, otros muy bajo. Sobre esto, Chaveinte explicó que como toda obra de teatro, el espectáculo se va perfeccionando y afinando detalles a medida que pasan las funciones. “Estamos en el 80% de lo que queremos lograr. Poco a poco, con los días, llegaremos al 100%”.
Danny Zuko al estilo Víctor Drija
¿Cómo interpretar a Danny Zuko en Vaselina sin pensar en John Travolta? Para Víctor Drija la respuesta está clara: quería hacer su propia versión del personaje. Chaveinte le pidió que creara con libertad. Lo invitó a preguntarse cómo se mueve Dany o las motivaciones de sus acciones. Como líder de los T-Birds, Zuko es para Drija un personaje diferente: dentro de su simpatía también descubrió rebeldía.
A sus 41 años de edad y padre de dos hijos, interpretar a un adolescente le costó trabajo. Entendió que los adolescentes tienen más energía que él, se mueven más y más rápido. Un día, decidió ir a un centro comercial y se puso a observar a los jóvenes. Se dio cuenta de que eran explosivos y reconoció quién era el líder del grupo. Poco a poco, fue estereotipando el personaje sin caer en los clichés. Entendió que, en el caso de Danny, hay un tema hormonal que lo hace efusivo y explosivo.
Con una amplia trayectoria como artista, Drija no tardó en darse cuenta de que cantar en Vaselina era un mundo completamente diferente al suyo. Aprendió a cantar de nuevo, esta vez enfocado en el teatro musical. También retomó el baile que aprendió hace muchos años cuando protagonizó la tercera temporada de Somos tú y yo: un nuevo día. “Tuve que traer todo eso otra vez. Fue básicamente como reeducarme en muchos aspectos. Esto fue una invitación a crecer”.
Desde el primer ensayo, Jhosmarni Martínez, directora de la banda -con Elisa Vegas como asesora- le enseñaron que en un musical no se deben tener mañas al cantar. En vez de sentirse frustrado por aprender de nuevo lo que creía ya dominado, se sintió feliz. Entendió que esas correcciones lo ayudarían a crecer y lo llevarían a un espacio desconocido. En todo momento, como le sucede a la mayoría de los artistas, tuvo que lidiar también con sus inseguridades y la presión. Hijo de los reconocidos bailarines Anita Vivas y Antonio Drija, es hermano George Akram, bailarín en Broadway.
El proceso de ensayo, atravesado por una pausa necesaria y obligatoria por el terremoto, le ha resultado muy difícil. En su caso, le ha tocado estar lejos de su familia, su esposa Blanca Aljibes y sus dos hijos residenciados en Miami, Estados Unidos. “Yo quiero que mis hijos tengan un papá feliz. Siento que soy mejor papá cuando soy feliz, y a mí esto es lo que me pone feliz”. Aunque sus planes de reencontrarse se pospusieron por el sismo, ya falta poco para verlos. “Los extraño mucho, pero trato de sopesar un poco ese sentimiento con el que me produce hacer lo que hago”.
Drija está concentrado en trabajar para convertirse en la persona que le gustaría encontrarse. “Si a mí me toca algún día toparme con una persona, ¿cómo me gustaría que fuera? Estoy tratando de ser la mejor persona que pueda ser. Y eso es más importante que cualquier logro profesional, comercial, económico que puedas alcanzar. Me he dado cuenta de con el paso de los años que todo eso puede ser efímero, que puede ser incluso hasta olvidado. Pero quizás cómo tú hiciste sentir a otra persona, hay gente que lo va a recordar para toda la vida”.
Vaselina le ha permitido construir, trabajar y aprender una nueva forma de ser, actuar, cantar y hasta bailar. Para él no hay dudas: el musical conectará con el público venezolano y con las nuevas audiencias que, aunque no estén en los 50, se identificarán con los conflictos de los personajes.
“Hay muchas ganas de poder reencontrarnos en el escenario. Cuando vine a ver Mama Mia! entendí que había otra persona como yo que se tomaba esto con tanta seriedad. Me dije que tenía que acercarme a Claudia Salazar, nos conocimos en el lobby del TTC. No sabía que el musical que montaríamos sería Vaselina. Nuestro primer mensaje de WhatsApp fue para preguntarnos qué íbamos a hacer. Yo le respondí: ‘En nombre de Dios, haremos historia’. Espero que este sea el primero de muchos”. (EN)









