¿Qué queda del chavismo ocho meses después de la captura de Nicolás Maduro?

23 septiembre 2026 | Política

Las fracturas dentro del chavismo no son nuevas. Desde hace años, dirigentes y antiguos simpatizantes se han apartado del movimiento y han cuestionado las decisiones que se han tomado tras la muerte de Hugo Chávez y que, consideran, han desviado el sentido “revolucionario y socialista” del proceso. Pero esas diferencias parecen haberse profundizado tras las versiones que señalan que Delcy Rodríguez fue quien entregó a Nicolás Maduro a Estados Unidos, así como por las posteriores negociaciones con el gobierno de Donald Trump.

El politólogo Fernando Spiritto, profesor de pregrado y postgrado en Economía y Políticas Públicas de la Universidad Católica Andrés Bello, afirma a El Nacional que el chavismo “no es hoy ni la sombra” de lo que era hace 20 años. “Es un movimiento sin anclaje en la sociedad, lo dejó de ser hace mucho tiempo. Al menos desde los primeros años del gobierno de Maduro”, dice.

Spiritto atribuyó este proceso a una combinación de factores, entre ellos el fracaso administrativo, político y económico, así como su progresivo distanciamiento de la sociedad, lo que terminó traduciéndose en una pérdida de apoyos. Declara que, ya antes del 3 de enero —cuando Maduro fue capturado—, el poder se apoyaba en la represión y no tenía ningún tipo de bases sociales.

“Originalmente fue un movimiento antidemocracia puntofijista. Recogió toda esa gama de actores de izquierda, creó una coalición y logró ganar las elecciones del 99 sobre la base de un rechazo muy fuerte que había en el sistema. Posteriormente, a partir de finales del gobierno de Chávez, se convirtió básicamente en un movimiento clientelar”, señala.

¿Afectará la fractura del chavismo al poder?

El profesor duda que el gobierno haya sido un movimiento originalmente liberal, creyente en las reglas de la democracia, en la separación de poderes y el respeto a los derechos humanos. “Es simplemente un movimiento político clientelar cuyo objetivo básico es mantenerse en el poder. Nunca ha jugado con las reglas de la democracia, ni siquiera desde que ganaron las elecciones”, manifiesta.
Fernando Spiritto, sin embargo, dice no estar seguro sobre si la fractura en el chavismo es significativa en este momento. Explica que puede haber, entre sus distintas facciones, algunos “desacuerdos tácticos” sobre el manejo de la economía o la relación con el tutelaje del gobierno estadounidense.

“Pero esa fractura no va a afectar al gobierno en el poder. Lo que afecta al gobierno en el poder es el tutelaje de los Estados Unidos, por una parte, y, por la otra, el desencanto social y la falta de apoyos ciertos en la sociedad. La fractura puede ser un factor de debilitamiento, pero no es el peor peligro que el chavismo enfrenta en la coyuntura”, indica.

Por su parte, el politólogo Ricardo Sucre, profesor de la Universidad Central de Venezuela, no habló de una fractura en el chavismo, sino de un sector más cohesionado, aunque más disminuido. “Antes del 3 de enero el chavismo era retador, amenazante, vocinglero, comunicaba como una estructura y un poder importante. No es que no lo sea ahora, pero sientes que ya esa vocinglería, ese desafío, esas amenazas, no son lo mismo. Como que el tigre no ruge con la fuerza con la que lo hacía antes”, expresa.

Cita, en entrevista con El Nacional, un estudio de la firma Delphos que señala que 16% de la población venezolana es del chavismo. Datanálisis, indica, publicó un análisis que sigue la misma línea.

“Ese es el retrato: un chavismo disminuido, con menos fuerza, menos fuerza en la opinión pública, en la identificación de las personas, pero también políticamente. Ese miedo que causaba, esa impresión de poder y de fuerza que proyectaba, ya no se percibe de la misma manera”, afirma Sucre.

Aclara, sin embargo, que esto no significa que sea un movimiento débil.

“Fractura no noto. Fractura entendería, por ejemplo, que figuras claves del chavismo —que no son Arias Cárdenas ni Mario Silva, eso es otra discusión—, como gobernadores, alcaldes, un grupo de la dirección nacional (del Partido Socialista Unido de Venezuela), se desprenda del chavismo”, explica.

El politólogo cree que hay tensión en la base del chavismo relacionada con la dirección del movimiento, pero aclara que esto ya ocurría incluso en la época de Chávez.

Dice que anteriormente el gobierno, la Asamblea Nacional y las Fuerzas Armadas parecían una “gran estructura” que terminó de desplomarse después del 3 de enero. “El chavismo está disminuido, se mantiene cohesionado, no hay rupturas. Delcy Rodríguez es reconocida (por ese sector), y hay que ver si las críticas internas toman fuerza”, añade.

“Hay un conflicto existencial”

Para el politólogo Nicmer Evans, ex preso político e integrante del Movimiento por la Democracia y la Inclusión, asegura a El Nacional que dentro del chavismo hay un “conflicto existencial” y señala que puede dividirse en tres etapas.

“La génesis del chavismo, cuando Chávez estaba vivo; después, el madurismo —sin duda alguna el chavismo ya es una degradación en sí misma de cualquier ideología de izquierda, pero el madurismo es la degradación del chavismo con matices profundamente marcadas, en tonos de violencia política, autoritarismo y autocracia— y el delcismo, que es la máxima degradación del chavismo en el nivel traición”, explica.

“No era un proyecto de los pobres como ellos decían, que estaba basado en la lucha y la conciencia de clases, en el proletariado y toda ese flatus vocis del izquierdismo ortodoxo, y, con base en ello, estamos viendo que esta última etapa, la del triunvirato, pone en evidencia una profunda contradicción que venía arrastrando el chavismo desde un principio”, añade.

Evans, quien militó en el chavismo hasta el 2013, afirma que este movimiento es una tergiversación profunda de los valores de izquierda. “El chavismo era el militarismo de izquierda, entonces ya es una contradicción profunda nada más en esa misma fase militar, conduciendo a un poco de fracciones de izquierda con visiones ortodoxas o que trataban de hacer un sincretismo político muy complejo en Venezuela en los últimos años, y esa contradicción de génesis del mismo chavismo se profundizó aún más con el llamado ‘presidente obrero’, que no es más que un desclasado”, dice.

Venezuelan Nicmer Evans, member of the Movement for the Recall (MOVER), arrives to the National Electoral Council (CNE) in Caracas, on January 24, 2022. Promoters of the recall referendum against the president of Venezuela, Nicolas Maduro, requested this Monday an extension of the deadline to collect the 4.2 million signatures they need to activate the mechanism, after the electoral authority imposed conditions that made it unfeasible. (Photo by Cristian Hernandez / AFP)

Señala asimismo que algo que estuvo permanentemente presente en el chavismo fue la traición y la degradación de las simpatías y legitimidades del proyecto. Cuestiona la “profunda contradicción” entre lo que se decía y la acción porque, mientras “defendían a los pobres”, más se depreciaba el salario y más se les despojaba de condiciones.

La presunta traición de Delcy Rodríguez y su acercamiento a Trump profundizaron las fracturas dentro del chavismo

El politólogo aclara que, aunque el régimen intentaba excusarse por la destrucción de la economía, las sanciones estadounidenses comenzaron en 2017 y se profundizaron para generar impacto en Venezuela en 2019. La pérdida del Producto Interno Bruto en más de 70%, subraya, comenzó en 2014 y se consolidó un año después. “Antes de las sanciones ya aquí se había perdido toda la capacidad productiva y habían quebrado al país”, acusa.

“Maduro no tenía cómo sostener el poder con apoyo popular, profundizó aún más la violencia política como herramienta para la preservación del poder, sustituyó la legitimidad de Chávez y la empatía que tenía con la gente, pues el populismo que también se desarrollaba se cambió por un populismo autocrático, en donde Maduro aparentaba hacer cosas para la mayoría de la gente, pero al final para lo único que servía era para la violencia, la represión, el terrorismo de Estado, la censura a los medios de comunicación y la muerte como herramientas permanentes”, señala.

“Están tratando de sobrevivir”

Fernando Spiritto insiste en que el chavismo nunca creyó en las reglas de la democracia y que su objetivo era conservar el poder y aumentarlo.

“Ahora, tenemos un movimiento pragmático al extremo, que no es ni comunista ni liberal ni socialista, sino simplemente un movimiento que está luchando por mantenerse en el poder. Las facturas que tiene el chavismo en la sociedad son muy altas, el daño que han hecho a lo largo de los años es muy grande y no hay sector venezolano que no le tenga una factura al chavismo”, observa.

Destaca que nadie le puede garantizar al chavismo que, una vez salga del poder, vaya a tener respeto.

“La fractura no es relevante porque no hay principios sociopolíticos importantes. Ellos no están peleando por principios económicos o ideológicos, ellos están tratando de sobrevivir y adaptarse a ese poder gigantesco que tienen en frente, que es el gobierno de Estados Unidos”, afirma.

El profesor de la UCAB ve en el poder un “remanente” del llamado chavismo originario, que en algún momento fue un “movimiento poderoso” y que en la actualidad es un grupo “inercial”. “Hay un grupo en el poder con nombres muy específicos y que están luchando por mantenerse en el poder y evitar los costos de una eventual transición. Ellos están tratando de buscar una transición lo más beneficiosa posible dentro de las circunstancias”, afirma.

“Lo que tenemos es un remanente de un grupo que es muy hábil manteniéndose en el poder, que está surfeando la ola del enfrentamiento con Estados Unidos muy bien, que ha sabido adaptarse, pero que depende exclusivamente de lo que diga Estados Unidos”, dice.

“¿Qué queda del chavismo original, si alguna vez existió? Diría que nada. Lo que queda es un grupo pragmático intentando sobrevivir. Tienen poder formal, pero es simplemente una apariencia. El poder formal está en Estados Unidos. Están tratando de maniobrar lo mejor posible. A veces algunas cosas les han salido bien, pero es mucha la incertidumbre que deben tener. Debe ser muy difícil estar en sus zapatos porque no la tienen fácil”, acota.

¿Puede recuperar terreno?

Spiritto considera que el chavismo no ha desaparecido por completo. Sin embargo, afirma que no tiene dudas de que el movimiento de Chávez será “barrido” en un proceso electoral con garantías, a pesar de que tiene algún tipo de representación.

“Será un movimiento político mucho más pequeño de lo que era. Pero el otro problema básico es que el chavismo no cree en elecciones. La transición a otro gobierno para ellos es muy complicada. No es un partido que va a regresar a la oposición y se sentará en el Parlamento, dará discursos y saldrá por las ciudades a hacer campaña electoral o reorganizarse. El chavismo no tiene en este momento la madera para constituirse en un partido formal”, expresa.

“Son tantas las facturas que no veo posible que empiecen a viajar nuevamente por el país como si fuera un partido tradicional. Su ADN político es autoritario, no es liberal, y para ellos sería muy difícil volver a un sistema político liberal como teníamos en 1998. Sería una cosa totalmente distinta, al menos para los políticos que tienen en este momento el poder”, señala Spiritto.

Cree posible que el liderazgo de este sector fundado por Chávez se renueve con figuras de bajo perfil, quizá con quienes han sido críticos contra Maduro y Rodríguez.

“Siempre hay alguien que recogerá esa bandera, dirá que es el chavista original, tratará de disfrazar el chavismo con un manto liberal que nunca tuvo, y eso hay que dejarlo claro: el chavismo fue siempre un movimiento represivo y antiliberal, pero el grupo que gobierna hoy tiene demasiadas facturas en la sociedad como para salir a la calle a hacer una política normal. Su ADN los lleva hacia la acumulación del poder y una política represiva. Eso fue lo que les enseñó Hugo Chávez”, dice.

“El chavismo ha desaparecido prácticamente del espectro político, es un porcentaje muy pequeño en relación con la mayoría del país y lo que fue, lo que llegó a ser más del 50% según estudios de opinión pública de hace muchos años, y además lo que queda es adverso a la política de Delcy Rodríguez, porque si algo no perdona la gente es a un traidor, y Delcy al final termina siendo la traición al discurso del chavismo”, asegura.

El chavismo pierde “de todas todas”

Ricardo Sucre afirma que el chavismo pierde “de todas todas” en unas presidenciales.

Señala que un estudio de AtlasIntel y Bloomberg revela que María Corina Machado tiene 57% de apoyo y que, si el resto de las preferencias, que suma 43%, se concentrara en una sola opción, la líder opositora conservaría una ventaja de 14 puntos. Plantea el escenario de que si ese 43% se reúne alrededor del chavismo arrojaría como resultado una diferencia de 57% frente a 43% a favor de Machado.

Expresa que el chavismo tiene posibilidades de recuperarse, desde este momento hasta que se realice un proceso electoral, pero no podría ganar. Destaca también que las autoridades tratarían de que los comicios se realicen en 2028 y resalta un mensaje de Delcy Rodríguez reciente en el que, observó Sucre, habló de temas centrados en la gestión.

“Quiere transmitir. Posiblemente ella era, para mí lo era, incluso antes del 3 de enero, lo más cercano a un gerente que había en el chavismo. Porque en el chavismo no hay gerentes. Hay ideólogos, tira puñetazos, grita consignas, avisados políticos, pero gerentes no tienen. Ella es lo más cercano a eso y lo está desarrollando. Diría que para que la oposición no gane tendría Estados Unidos que botar a María Corina Machado, decirle que no puede postularse para estas elecciones, sino para las próximas, porque no tiene capacidad, que fue lo que dijo Trump”, manifiesta.

Otro escenario que añade el profesor de la UCV contempla que el chavismo “a lo mejor” lograría tener mejor desempeño, aunque sin ganar unas presidenciales.

“Creo que al final la oposición gana. La gente además quiere alternancia, quiere cambio, y aunque el chavismo lo haga superbién, honestamente no veo que gane”, agrega Sucre.

Evans, quien afirma que el chavismo ya está en su etapa terminal, considera que el movimiento de Chávez está jugando a la supervivencia y duda de si pretende tener opción presidencial en unas futuras elecciones.

“Son los principales promotores de que el proceso electoral sea a la inversa a lo que le interesa al país: primero municipales, después legislativas y finalmente la presidencial porque cree que ese es un mecanismo que le podría permitir raspar pequeñas cuotas que permitan su supervivencia. Creo que es lo que están negociando con los Estados Unidos y por eso se filtra tanto la tesis de que ese será el orden de las elecciones, a pesar de que la mayoría quiere que sean las presidenciales primero”, declara.

“Pagamos las consecuencias”

El ex preso político considera que a ocho meses de la captura de Maduro se visibilizan distintas fisuras y divisiones que existían históricamente dentro del chavismo y que, con la pérdida del poder, comenzaron a visibilizarse. Reconoce que quienes decidieron no subordinarse a la “visión hegemónica del poder” pagaron las consecuencias.

“Fuimos cancelados, perseguidos, presos. Y fuimos parte evidente de una división que no podía permitirse llamar división política, porque no era, porque había una hegemonía que no permitía que la gente que se fuera constituyera ninguna organización política porque estaban bloqueadas por distintas vías”, recuerda.

Evans relata que se apartó del chavismo porque había una “élite” que solo se estaba enriqueciendo y que tenía como objetivo la preservación del poder, algo que, explica el politólogo, no estaba claro al principio del proyecto, pero que se fue evidenciando a partir de 2006 y 2007.

¿Entregado por los Rodríguez?

Fernando Spiritto señala que las versiones sobre negociaciones entre Estados Unidos y Delcy Rodríguez para entregar a Nicolás Maduro a las autoridades estadounidenses son especulativas, ya que no existen pruebas que las confirmen. Por esto, dice no estar seguro de hasta qué punto esto pueda influir en la fractura dentro del chavismo.

“Lo mismo se dijo con el supuesto asesinato de Chávez. Varios chavistas originales, entre comillas, decían: ‘A Chávez lo mataron’, y eso no tuvo ningún efecto práctico, al menos que yo aprecie. Entonces, si entregaron o negociaron a Maduro, es un tema que se verá en el futuro. Las fracturas del chavismo tienen sus bases en otras cosas, como el fracaso del gobierno en su gestión económica, el fin de la estrategia clientelar —ganar apoyo con el gasto público, con la repartidera del ingreso petrolero—. Si lo entregaron o no, la historia se encargará de decidir eso, pero no estoy seguro de que, en la coyuntura actual, eso tenga un impacto relevante en las divisiones que tienen ellos”, concluye Spiritto.

Sucre, en tanto, no cree que Maduro haya sido entregado.

“Sí pienso, y la misma Delcy lo ha dejado ver de manera indirecta en entrevistas, que antes del 3 de enero había diferencias y tensión también en el gobierno, sobre todo por el tema económico. En agosto (de 2025) yo pensaba que iba a pasar lo que pasó el 3 de enero, pero en diciembre ya tenía otro escenario; pensé que no se iba a dar la extracción sino que iba a haber un forcejeo de sanciones, etcétera, para ver quién aguantaba más. Creo que en el gobierno ese era el escenario también y ella ha dejado ver que había una diferencia con Maduro, quizás en el tema de qué hacer. Maduro se ve que accedió a algunas cosas porque comenzaron las liberaciones de presos políticos, una serie de cosas”, señala.

El politólogo considera que el chavismo, a diferencia de la oposición, ha dejado que sus diferencias se conozcan públicamente, independientemente de que las procese o no. Menciona el caso de Mario Silva, quien en los últimos meses ha criticado a los Rodríguez y a Diosdado Cabello por su colaboración con el gobierno estadounidense, y el de Elías Jaua, quien no ha “saltado la talanquera” hacia la oposición, a pesar de su distanciamiento del poder.

“Jaua se mantiene dentro del chavismo, no ha saltado la talanquera. Es muy distinto a los chavistas históricos que estuvieron con Chávez, como Héctor Navarro o Juan Barreto, que sí saltaron la talanquera o que forman parte del chavismo disidente”, indica.

Sucre afirma que intentar separar al chavismo del madurismo es una estrategia retórica.

“Maduro tiene su visión como la tiene Delcy Rodríguez, pero son chavistas. Es más retórico de la oposición decir que en el chavismo hay bloques y que entonces hay fractura. Hay que recordar que la tesis de la oposición es el quiebre y todavía están en eso, es increíble. Y a cierto chavismo disidente también le convenía porque ¿qué es lo que dice el chavismo disidente? Que Maduro no es Chávez, que con Chávez todo venía bien. Pero son chavistas, vienen de allí. Es decir, no son algo distinto. Ahora, es una izquierda que se está transformando”, analiza.

El profesor de la UCV piensa que la operación militar de Estados Unidos el 3 de enero “agarró de sorpresa” al régimen chavista, que posiblemente esperaba un “ataque más convencional”.

Asimismo, Evans analiza que la posible entrega de Maduro es el “centro fundamental” de la implosión que considera se está desarrollando. Afirma que para sectores internos del chavismo hubo una traición, una posibilidad que incluso ha planteado Nicolás Maduro Guerra, hijo del capturado.

“No porque yo lo diga, es que es así, lo dicen Mario Silva, Luis Britto García, Elías Jaua. El mismo hijo de Maduro 24 horas después de que lo extrajeron dijo: ‘Se sabrán las traiciones’. Hay una traición que ha tratado de ser solapada y vendida como una acción estratégica para la preservación del poder, pero que ya no tiene ningún tipo de asidero y después de un tiempo ya la gente se da cuenta de que no están defendiendo los símbolos, no están pidiendo el retorno de Maduro, de que desmontaron la imagen de Chávez y al Bolívar zambo, etcétera. Y hay elementos que indican claramente que quienes se quedaron están preservando el poder bajo la condición del desmantelamiento de absolutamente todo el proyecto, todo el discurso y todo lo que ellos consideran que habían avanzado”, expresa.

“Sacrificar para ganar”

Ricardo Sucre, quien fue miembro de la directiva de la extinta Mesa de la Unidad Democrática, cree que el chavismo sí reconoce a Delcy Rodríguez porque estaba “en la línea de sucesión”.

“Era la vicepresidenta. Creo que el chavismo entonces comenzó a procesar el ataque, que ahí sale la teoría de Francisco Ameliach, que es como el teórico del ataque, que dice que Bolívar también en algún momento tuvo que hacer una entrega parcial para ganar más adelante, que es un poco la legitimante del chavismo. Entre sacrificar gente y aceptar un tutelaje para más adelante volver a ganar. El chavismo lo acepta porque además está en su historia: Chávez aceptó el 4 de febrero rendirse, pero más adelante ganó”, plantea.

Puntualiza además que una de las diferencias entre ambos es que la actual presidenta interina es más aperturista, mientras que su antecesor mantenía una postura más cerrada.

Evans manifiesta también que, de no haber preservación de la memoria histórica y de responsabilidad, y que si la justicia no hace su labor, si no se logra la reunificación y el restablecimiento de la República, siempre estará la posibilidad de que sectores del chavismo con criterio autocrático y de preservación del proyecto originario puedan reorganizar sus fuerzas e intentar reconquistar el poder, ya sea por la vía de la violencia o la electoral.

“Esto es una cosa que siempre va a estar presente, por lo tanto, también es una labor de la sociedad civil y política venezolana tener una memoria histórica permanente que nos permita reducir a su mínima expresión lo que pueden significar aquellos que intenten resurgir un proyecto como ese”, finaliza. (EN)

 

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