EL PLAN PAÍS Y SUS ENIGMAS

Jacinto Marín Rojas

Por definición básica todo plan de desarrollo es un conjunto de propósitos para ser logrados en el corto, mediano y largo plazo. El Plan País lo es en esencia cuando establece la meta de «comenzar de inmediato el proceso de rescate, recuperación y transformación social, económica y política, una vez que se logre el cambio político en Venezuela».

Es la sustitución del Estado fallido actual por otro que garantice estabilidad y prosperidad. Para el logro de esa meta, el Plan País comprende tres fases:

1) estabilización económica,

2) nueva política petrolera y

3) nueva política social.

Definiendo adicionalmente más de cuarenta acciones específicas a ser ejecutadas durante el proceso de cambio, cuyas acciones están enmarcadas en un conjunto de catorce prioridades. Tanto la meta como las acciones y prioridades se corresponden con la lógica del cambio, por lo que todas son, en principio, de innegable aceptación general, además de la calidad profesional de quienes están dirigiendo el Plan País. Otra de sus bondades consiste en que se trata de una articulación no definitiva, dado que el plan inicial está sometido a consulta pública para su necesaria complementariedad.

En esa línea de acción, hay algunos items o temas que conducen a interrogantes y sus posibles respuestas, y la primera de ellas es la pertinente a la concepción explícita en el Plan País respecto al tamaño y funcionamiento del Estado. Se dice en el plan que «El Estado, de ahora en adelante, se encargará de proveer los bienes y servicios públicos que garanticen la igualdad de oportunidades a todos los venezolanos, promover una economía que genere empleos productivos y hacer respetar las leyes en toda la extensión del territorio»

Visto así, ¿Cuánta diferencia hay entre el modelo de Estado propuesto en el Plan País y el modelo estatal que hemos tenido en los últimos 20 años? Además, la igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos a través de las dádivas del Estado es la típica y jactanciosa prédica de los regímenes socialistas o populistas, incluido el socialismo del siglo xxi.

El estatismo excesivo es uno de los peores desequilibrios que tenemos en Venezuela, por lo que debería ser eje central en un cambio de modelo de desarrollo. Por otra parte, el Plan País repite el patrón de cualquier plan de la nación adoptado en Venezuela y otros países de América Latina para procesos de transición bajo condiciones de “cierta normalidad”, pero la experiencia venezolana de los últimos 20 años indica que no estamos en situación de normalidad, por lo que es necesario un plan con mayor énfasis y contundencia en la reducción del tamaño del Estado, particularmente en sus versiones de capitalismo estatal y Estado de bienestar. En ese sentido y en mi modesta opinión, el Plan País se observa débil y tímido.

Otro de los temas de dudosa interpretación es el referente a la identificación del Plan País con un determinado modelo para el desarrollo social, económico y político; es decir, el plan no se identifica ni con el sistema socialista ni con el sistema liberal o capitalista; es de tipo “ni-ni”. En ese sentido, el Plan País juega entre dos aguas. La imparcialidad quizás se deba al respeto de la pluralidad ideológica y al derecho de los ciudadanos para identificarse con el modelo de su preferencia, tal como está indicado en la Constitución Nacional Bolivariana.

Aun así, queda la posibilidad nada despreciable y muy realista en el plano económico de una identificación con la conocida “Economía Mixta”. La necesidad de una identificación con un sistema determinado y en particular con el modelo capitalista o con el de economía mixta, se explica con base a la experiencia que se ha tenido en Venezuela en las dos últimas décadas, en las cuales el gobierno impuso autoritariamente el régimen socialista. “La única causa del colapso económico es el modelo del socialismo del siglo xxi”, expresó el presidente de Fedecámaras, Carlos Larrazábal, en su cuenta twitter el 21 de marzo 2019. Sobran las razones para borrar en los planes de desarrollo y en las normativas legales todo vestigio de lo que ha sido esta nefasta experiencia. La libre economía hay que blindarla y ahora estamos en Venezuela ante una oportunidad inaplazable.

Próximamente volveremos con otros enigmas del Plan País.

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