Oscar Dam: El tesoro de tierras raras que Guayana ya extrajo

14 mayo 2026 | Economía, Regionales

En las llanuras y relieves de Bolívar, el concepto de riqueza está sufriendo una metamorfosis silenciosa. Por décadas, la mirada del minero se hundió en el subsuelo, buscando la veta virgen, la roca inexpugnable. Sin embargo, para el Ing. Oscar Dam, la verdadera soberanía mineral de la región no requiere de nuevas perforaciones ni de la fractura de montañas intactas. La fortuna, según explica con la precisión de quien conoce la estructura íntima de la materia, ya está sobre la superficie, apilada en montañas de inventario que el tiempo y la industria anterior dejaron atrás.

Se trata de las «Reservas Dormidas». Un concepto que redefine las escombreras, lodos y estériles no como desechos, sino como yacimientos de vanguardia listos para una minería de «stock».

La paradoja de los Lodos Rojos: Un banco de metales críticos

A un costado de las operaciones de Bauxilum, se extiende un mar de sedimentos que durante años se consideró un pasivo ambiental. Hoy, bajo la lupa de la metalurgia moderna, estos Lodos Rojos se revelan como un banco estratégico de Galio (Ga) y Escandio (Sc).

«Estamos hablando de aproximadamente 50 millones de toneladas acumuladas», señala Dam. Las estimaciones de prospección sugieren una reserva latente de entre 2,500 y 4,000 toneladas de Galio. La ventaja competitiva es técnica y económica: el material ya está pulverizado. El ahorro es total en los procesos de molienda, permitiendo una extracción química directa de elementos esenciales para la industria de semiconductores y pantallas LED.

El Gigante de Hierro y Tierras Raras

El viaje hacia el corazón ferroso del estado, en Cerro Bolívar y El Pao, ofrece una perspectiva similar. Aquí, las escombreras de material de baja ley y los estériles ferruginosos se cuentan por cientos de millones de toneladas.

Aunque la ley de concentración parece modesta (80-100 ppm), el volumen masivo transforma estas colinas artificiales en una fuente inagotable de Tierras Raras Ligeras (LREE), como el Lantano y el Neodimio. Es, en esencia, una minería de «paleo» directo: no hay voladuras, solo la recuperación de finos de hierro con subproductos de un valor tecnológico incalculable que hasta ahora habían pasado desapercibidos.

Saprolitas: El reactor natural de Guasipati

Más allá, en las tierras de Guasipati, la naturaleza ha operado como un laboratorio químico durante milenios. Las saprolitas —capas de roca meteorizada ricas en arcillas adsorbentes— actúan como esponjas que han retenido Tierras Raras Pesadas (HREE) e Indio (In).

A diferencia de las escombreras industriales, aquí la meteorización natural hizo el trabajo de liberar los minerales. Este escenario permite un modelo de minería circular: mientras se recuperan los elementos críticos para la industria de alta tecnología, se pueden rehabilitar los suelos, sanando las cicatrices del terreno.

El Ing. Oscar Dam ha realizado el primer índicador de precios de tierras raras para Venezuela (Cortesía Oscar Dam)

La Trifecta Tecnológica: Costo de extracción cero

El argumento del Ing. Dam es contundente: el mineral ya salió de la tierra. Al eliminar los costos de perforación y voladura —el denominado Mining-Free—, el esfuerzo financiero se traslada íntegramente a la separación metalúrgica.

La estrategia se centra en la Metalurgia de Fracción. Mediante circuitos de clasificación por tamaño, se busca capturar la «Trifecta Tecnológica» en las fracciones más finas:

Galio: Extraído de los flujos de recirculación actuales.

Indio: Capturado en los circuitos de saprolitas ricas en estaño.

Tierras Raras (REE): Obtenidas mediante lixiviación selectiva de lodos y colas de hierro.

Un futuro que se refina, no se extrae

El margen de error en estas predicciones, situado en un 75%, no es visto como un obstáculo, sino como una frontera científica por validar. «Si solo el 25% de estas reservas resulta recuperable, el estado Bolívar se convierte automáticamente en el principal centro de materiales críticos del continente», afirma Dam con convicción.

La propuesta es clara: no hace falta buscar nuevas montañas ni alterar más el ecosistema de Guayana. El tesoro está en las montañas que ya construimos, en los sedimentos que ya procesamos. En este mayo de 2026, la visión metalúrgica invita a una epifanía industrial: el futuro de Guayana no está en el fondo de un foso, sino en la inteligencia con la que refinamos lo que ya tenemos a plena vista. (Gustavo Montaña/CNP 8235)

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