En un ambiente marcado por la fraternidad y la coincidencia festiva del copatrono San Félix de Cantalicio, el obispo de la Diócesis de Ciudad Guayana, monseñor Carlos Cabezas, dio inicio formal a su visita pastoral a la parroquia Nuestra Señora de Coromoto, ubicada en la urbanización Los Olivos.
Acompañado por el secretario de visitas, el padre Abraham, el parroco local, padre José Gregorio Salazar y la comunidad local, el prelado ofreció una rueda de prensa en la que detalló el profundo significado de este recorrido, el cual representa la décima visita canónica que realiza en sus poco más de tres años de episcopado en la región.
Una visita de encuentro y sinodalidad
Lejos de una mera inspección administrativa o supervisión técnica, monseñor Cabezas insistiría en que la esencia de la visita pastoral —contemplada en el Código de Derecho Canónico—, radica en el encuentro directo y sereno con el rebaño.
«La visita pastoral es un espacio para la sinodalidad, un concepto que significa caminar juntos. Se trata de que el pastor acompañe a sus ovejas y conozca la realidad profunda de cada parroquia», afirmó el obispo.
Durante una semana completa (de domingo a domingo), la agenda episcopal contempla encuentros en los sectores parroquiales, asambleas con los agentes de pastoral y recorridos por las instituciones educativas y de salud que hacen vida en esta comunidad de aproximadamente 25.000 habitantes. El objetivo primordial es estrechar lazos y propiciar un diálogo abierto con la sociedad guayanesa.
Ratificación del párroco y renovación eclesial
Al ser consultado sobre posibles cambios en la dirección de la parroquia, el obispo aclaró las dudas de la prensa local y ratificó la continuidad del padre José Gregorio Salazar al frente de la Coromoto. Monseñor Cabezas explicó que, si bien la renovación de los párrocos es un proceso natural y saludable en la Iglesia católica (con períodos sugeridos de seis a nueve años), en este caso específico no existe intención de realizar movimientos inmediatos.
El padre Salazar, quien lidera la comunidad de Los Olivos desde el año 2018, recibió el reconocimiento de la autoridad diocesana por el extraordinario nivel de organización y el sólido apoyo del laicado local, reflejado incluso en la presentación previa de un completo informe histórico y estadístico de la parroquia.
Nuevos horizontes: el rescate de las Misiones del Caroní
Uno de los anuncios más destacados de la jornada fue la intención de impulsar proyectos eclesiásticos y civiles en el territorio extramuros bajo la jurisdicción de la parroquia: la Misión de los Padres Capuchinos en las Ruinas del Caroní.
Monseñor Cabezas informó que se ha encargado de manera oficiosa al padre José Gregorio Salazar para continuar y expandir la actividad pastoral en este emblemático espacio. Tras la reactivación iniciada el año pasado con motivo del Año Jubilar, la Diócesis aspira a rescatar la riqueza histórica y cultural de la zona.
Simbiosis comunitaria: El obispo elogió la hermosa relación ecuménica surgida con los habitantes adyacentes a las ruinas, quienes, a pesar de profesar distintos credos en algunos casos, colaboran activamente en el mantenimiento del lugar.
Alianzas estratégicas: Se plantea buscar el apoyo de universidades, empresas privadas y autoridades gubernamentales para consolidar un proyecto de resguardo arqueológico y turístico que proteja las estructuras sobrevivientes mediante un techado secundario y se está pensando además en otros proyectos, para los que se requiere apoyo del sector privado.
La Catedral de Ciudad Guayana: una tarea pendiente
Para cerrar el encuentro, el obispo abordó la realidad de la Catedral de la ciudad, un proyecto arquitectónico ambicioso concebido en épocas de bonanza regional que posteriormente se vio paralizado debido a las crisis económicas y políticas.
A pesar de las magnitudes de la obra y de los ínfimos recursos financieros con los que cuenta la Iglesia en la actualidad, monseñor Cabezas se mostró optimista. Destacó la incansable labor del párroco de la catedral, el padre Gerardo, y subrayó que la «iglesia de personas» ya está plenamente consolidada en sus sótanos, donde hacen vida regular entre 400 y 500 feligreses en espacios debidamente acondicionados.
Finalmente, el obispo recalcó que concluir la edificación de la Catedral sigue siendo una deuda histórica y un monumento anhelado para Ciudad Guayana, especialmente por el valor simbólico de albergar la emblemática Cruz del Papa, recuerdo de la visita de San Juan Pablo II. Mientras se gestionan acercamientos gubernamentales e internacionales para la gran estructura, adelantó que ya se evalúan proyectos factibles a corto plazo para el recinto, como la construcción de un cenizario o colombario parroquial. (Gustavo Montaña/CNP 8235)









