Los expertos que leen historias de vida tras las grietas que dejó el sismo

13 agosto 2026 | Regionales, Sociedad

Detrás de cada fachada agrietada, de cada muro fracturado o columna resentida tras el doblete sísmico que sacudió al país el pasado 24 de junio se encuentra también el alma de un hogar: la memoria de las familias venezolanas que, tras la tragedia, cargan junto con sus grietas el temor de no saber si el lugar que los resguarda sigue siendo un refugio seguro.

Para los arquitectos e ingenieros de la Comisión Presidencial para la Evaluación de Habitabilidad de Infraestructuras los edificios son el escenario donde pusieron sus conocimientos al servicio del otro, de un país que aún digiere la magnitud de la tragedia. La misión trasciende lo meramente técnico: no se trata solo de las estructuras. Más allá de las inspecciones, en cada lugar leen las historias que habitan entre paredes que superaron, o no, aquella sacudida de la tierra. El propósito de estos voluntarios es devolverle la calma a quienes no saben si están a salvo y, en el intento, escuchar y sostener vidas que quedaron suspendidas.

“Desde el día uno nos hicimos la pregunta de cómo colaborar con una catástrofe de esta magnitud cuando no somos médicos ni rescatistas o quizás no tenemos las herramientas para atender la emergencia. Decidimos poner al servicio nuestra profesión: arquitectos, ingenieros civiles y estudiantes de estas profesiones dimos nuestro granito de arena para brindar contención a las personas que lo necesitaban”, dice la arquitecta Ánabi Freitas.

“No somos sólo nosotros. Hay otras tres brigadas: una en San Bernardino, otra en Catia y hay una especial que se mueve a sitios específicos, como las escuelas. Nosotros notificamos si hay una escuela y desde el la Comisión Presidencial se envía a esa brigada porque son condiciones distintas de infraestructura a evaluar”, explica.

Héctor Bravo, ingeniero civil de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado, con 15 años de experiencia, también forma parte de la brigada. En el último mes ha trabajado ininterrumpidamente con el grupo por el mismo motivo: brindar tranquilidad. “Es un compromiso con nuestro país. Sentía que era muy importante, desde nuestro gremio, aportar a la sociedad ante esta tragedia”.

Para Bravo ser parte de la comisión es un propósito y compromiso que va más allá de su intención de ayudar. Para su tesis de pregrado realizó un análisis del comportamiento de los edificios con sintomatologías y propuestas de refuerzos estructurales sismoresistentes. Sabía que tenía los conocimientos. “Nos vimos abocados a atender en primera instancia a conocidos y allegados. Luego, nos unimos a esta causa”.

Un día evaluando edificios

Cada día, los 30 miembros de las brigadas se encuentran a las 8:00 am en la Universidad Central de Venezuela (UCV). Sus coordinadores les indican qué zona les corresponde, una decisión que toma la Comisión Presidencial para la Evaluación de Habitabilidad, presidida por el ingeniero Francisco Garcés. Madriz desconoce cuáles son los criterios para escoger las parroquias. Sin embargo, confía en que la comisión tiene un mapa con reportes de los lugares más necesitados.

Luego se pone en contacto con los consejos comunales o líderes comunales del sector para planificar una ruta de acción. Divide a su equipo en duplas: un arquitecto y un ingeniero. A veces, se les suman estudiantes del octavo y noveno semestre de las carreras. Finalmente, salen al campo en autobuses facilitados por el gobierno. En un día, cada dupla puede inspeccionar alrededor de 10 estructuras entre las 9:00 am y las 4:00 pm.

La comisión detalló que hasta finales de julio se realizaron 32.485 inspecciones, a cargo de 2.687 profesionales, en siete entidades del país. De ese total, los ingenieros clasificaron 18.139 inmuebles en categoría verde, 7.199 fueron marcadas con etiqueta amarilla y 7.147 quedaron bajo la categoría roja.

Hasta ahora, tras más de un mes de trabajo ininterrumpido, la brigada de Madriz, Bravo y Freitas cubrió la parroquia Santa Rosalía, Sucre y, recientemente, San Pedro. “La experiencia ha sido increíble. Definitivamente como voluntarios estaremos aquí el tiempo que sea necesario para dar tranquilidad a la gente”, asegura Madriz.

“Barrer las calles”. Así le dicen los voluntarios al trabajo que realizan. ‘Buenas, somos de la Comisión Presidencial, venimos a inspeccionar su edificio’, se presentan. En cada zona, edificio, local o estructura no saben con qué van a encontrarse. “En la medida en que fuimos participando en el voluntariado nos dimos cuenta de que este trabajo no era únicamente estructural, revisar un edificio, ver si era habitable; sino que cada inspección cuenta una historia. Cada edificio muestra el alma de las personas que viven allí”, comenta Freitas.

Se han visto sorprendidos por la amabilidad de personas que, agradecidas, les ofrecen café, agua o galletas. Otras veces se han encontrado con vecinos que no quieren abrirles la puerta porque los asocian con el gobierno sin saber que su trabajo es completamente voluntario y no remunerado. Algunos, en ocasiones, les preguntan por qué acudieron a su edificio si no sufrió daños y les piden que vayan adonde los necesitan. También les ha pasado que los vecinos se enteran de su presencia y les piden inspeccionar su casa.

El semáforo

Cada día, las brigadas de la Comisión Presidencial de Habitabilidad revisan grietas, aceros, columnas, escaleras, cabillas, techos, sótanos, paredes y tanques de agua. Los primeros días anotaban sus observaciones a mano, en una planilla facilitada por la UCV. La universidad realizó una capacitación para unificar criterios y establecer una guía de pasos para las inspecciones. Poco después, el Colegio de Ingenieros también anunció una capacitación urgente para evaluar estructuras. Así fue como se estableció que las inspecciones deben durar alrededor de 20 minutos, además de establecer el ya reconocido semáforo, muy popular actualmente en las fachadas, puertas y rejas.

El color verde es para las viviendas habitables, el amarillo para aquellas que presentan daños que deben revisar los especialistas y el rojo para aquellas que se deben desalojar por riesgo de derrumbe. Estas últimas no implican, necesariamente, que el edificio deba demolerse. Funcionan como una advertencia para que los residentes no pernocten allí.

Muchas veces, la brigada se encuentra con residentes que, nerviosos por las imágenes de edificios colapsados, quieren asegurarse de que están a salvo. Les piden inspeccionar más detalladamente sin saber que, cada día, en la inspección se prioriza las zonas de escape del edificio, como las escaleras. Luego se revisan las columnas, vigas y el tanque de agua que puede, por su peso, ser un factor de riesgo.

“Cada edificio muestra el alma de las personas que viven allí. A medida que recorríamos las calles, nos dimos cuenta que toda persona tenía una historia, algo para compartir. Este trabajo no es meramente técnico, sino que hay un sentimiento, una razón social detrás de lo que hacemos”, comenta Freitas. No se trata solo de ver si el edificio es habitable o no, dice, sino brindarle a la persona la seguridad de que está a salvo. O por el contrario, si su vivienda tiene riesgos, indicarle qué debe hacer, informarla y guiarla.

En cada inspección se entrevista a una persona que esté a cargo de la estructura y se le pide el número de teléfono en caso de que haya que contactarla para la siguiente fase. Las brigadas se encargan de una primera etapa: las evaluaciones visuales. “No pedimos otros datos personales porque nosotros venimos a ver la estructura. Vendrá una segunda etapa dependiendo del color del semáforo que indique la tarjeta. Nosotros lo llamamos ‘fase de los especialistas’”, explica Madriz.

“Una familia ve una grieta y se alarma. Las personas están muy nerviosas; nosotros entramos, le damos tranquilidad. Le decimos que la grieta es solo la fachada, no tocó la pared y es normal que la mampostería se comporte de esa forma. Se quedan tranquilos”, asegura Madriz.
Habitable

“Esta aplicación tiene información de la fachada de la vivienda o del local, y de las condiciones en que se encuentra. Se muestra si tiene alguna avería producto del sismo y se envía a un sistema centralizado que maneja la comisión, incluso con coordenadas UTM. Es decir, que si arrebatan la etiqueta, igual queda en el sistema dónde está ubicada la estructura”, explica Madriz.

Con las inspecciones encontraron casos de edificios que ya presentaban daños antes del sismo por falta de un mantenimiento. Los miembros de la brigada reconocen que han visto edificios con mucha humedad y filtración. Eso debilitó el concreto que se vio más afectado por el terremoto. “Se desprenden algunos pedazos de concreto y se deja en evidencia la cabilla que ya está corroída producto de, precisamente, la filtración”, comenta Madriz. Como insiste Bravo, cada edificio es un caso de estudio.

Las normas: ¿cuándo es seguro un edificio?

Héctor Bravo considera necesario destacar las técnicas de construcción que hay en Venezuela, a las que define como robustas. “Tenemos ejemplo de edificaciones que pasaron el sismo del 67 y el de 2026. Pero también hay que ir a aquellas que fallaron y tuvieron consecuencias muy lamentables”.

Para él no hay dudas: fue muy trágico lo que pasó en La Guaira. Las estructuras tienen desplazamientos considerables de hasta de medio metro de distanciamiento horizontal. Una sola edificación colapsada debe ser un elemento de estudio.

En el caso particular de La Guaira las construcciones tienen una microzonificación que requiere edificios de menor tamaño, menos alturas y plantas más simétricas. La brigada, en sus primeros días, encontró casos en los que estas características se cumplieron y, por ende, los edificios no colapsaron. “Hay una importante cantidad de 180 edificaciones que para nosotros son elementos de estudio. No debemos generalizar, pero sí debemos chequear bien qué sucedió con los que se cayeron y los que no”, comenta.

Desde el punto de vista técnico, Bravo explica que se debe analizar la prevalencia o tipologías constructivas, la edad de las edificaciones y comparar la realidad con la normativa existente. Destaca que sí hay una cultura sismoresistente en Venezuela. Pero en zonas como Caracas o la Guaira hay una alta presencia de humedad, algo que no ocurre en otras regiones del país y que conlleva a otras patologías prevalecientes. Es decir, hay síntomas previos de corrosión o filtraciones que hay que considerar.

“Es momento para comparar nuestras filosofías de diseño y de trabajo desde el punto de vista estructural para el cálculo y así también para la ejecución de obra. Es muy importante cotejar lo que ocurrió con la ejecución de edificios que mostraron ciertas fallas o ciertos golpes por estos sismos”, comenta. Sin duda, hay un antes y un después. La teoría que estudian los ingenieros explica lo que no se debe hacer o lo que no debe ocurrir y, sin embargo, en el campo hay otra realidad.

La brigada ya no acude a La Guaira porque en la zona se encuentra, según Madriz, un gran grupo de profesionales haciendo las inspecciones necesarias. “Hay más de 600 personas. Hay una política de Estado en donde se convocó a todos los ingenieros y ellos están en La Guaira. Como ya la zona tiene un personal bastante amplio, estamos enfocándonos en Caracas para determinar incluso si hubo el mismo impacto”.

La brigada, además, está enfocada solo en la primera fase. Por ahora, su certificación expira el 15 de agosto cuando está previsto iniciar la fase dos de la Comisión Presidencial de Habitabilidad.

“Lo más bonito de esta experiencia ha sido compartir con las personas y que parte de nosotros se quede en cada una de estas inspecciones. Todos cuentan una historia que te dice que cada edificación no es un número más sino una historia de vida. Hay un ser humano que tiene también su lugar que necesita ser atendido, aun cuando no estén directamente relacionados con la tragedia”, comenta Freitas. Bravo y Madriz quienes no dudan en afirmar que estarán en las calles, haciendo las labores en el campo hasta que la tranquilidad y seguridad vuelvan a casa. (EN)

 

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