“SI ERES NEUTRAL EN SITUACIONES DE INJUSTICIAS, HAS ELEGIDO EL LADO DEL OPRESOR ”
Monseñor Desmond Tutu
27/01/2019-Ante una situación como la que hoy vive Venezuela ¿es una opción permanecer neutral? Y cabe también preguntarse ¿es neutral la “no intervención”? O ¿pueden las buenas conciencias satisfacerse con declaraciones tan evasivas como aquellas que se limitan a llamar al diálogo y que, añaden muy orondas, la solución debe ser pacífica y democrática?
Qué más quisiéramos, pero ¿es que estos sugeridores de civilizados encuentros y magnánimos acuerdos, ignoran la realidad de la situación política, económica y social que sufren los venezolanos?¿Desconocen acaso la gravedad de la crisis humanitaria que tritura día a día a la sociedad venezolana? ¿No perciben mínimamente la urgencia del momento. ¿Han dedicado algo de su tiempo a examinar con atención el contexto político existente? ¿O son simplemente cómplices no declarados?
La situación real, evidente y palpable, es que el pueblo venezolano vive un sistemático proceso de aniquilamiento, sin alimentos ni medicinas, con servicios públicos esenciales cada vez más deficientes, víctima de la violencia oficial, para-oficial y del hampa, con pérdida de sus derechos y libertades fundamentales, con violación continua de los preceptos constitucionales, con un proceso inflacionario sin precedentes. ¿Puede alguien honestamente negar la evidencia? ¿Es que acaso los diplomáticos acreditados en el país no perciben ni transmiten a sus respectivos gobiernos la situación que palpan diariamente?
La catástrofe económica y social que vive el país no es la consecuencia de un cataclismo, ni de una cruenta guerra, ni de carencia de recursos naturales, ni de la ausencia de mercados para sus productos, ni de la inexistencia de una infraestructura física básica. La migración de cientos de miles de venezolanos no es provocada por invasiones o bombardeos, ni por enfrentamientos raciales o religiosos. Es imposible no comprender que todo ello es la consecuencia de varios años de implantación de políticas destructivas derivadas de doctrinas totalitarias aplicadas por grupos que reúnen en sus integrantes, dogmatismo, incapacidad, revanchismo y ambiciones desmesuradas de poder y de riqueza.
Cuando destacados representantes de instituciones o de países asoman como solución a la caótica situación que vive el país, el entendimiento y el diálogo, seguramente expresan un buen deseo, muy racional además, que los libera de verse en condiciones de tener que asumir una responsabilidad o un rol activo. Tratándose de países o instituciones que ostentan valores democráticos y que preconizan el respeto a los derechos humanos, no pueden hacerse los desentendidos de cuanto está ocurriendo en Venezuela; entonces, reconociendo diplomáticamente que lo que ocurre está mal, que el gobierno no lo está haciendo bien, que no es posible que un país con recursos como Venezuela esté sufriendo una crisis pavorosa, que existen presos políticos y sin defensa, y otros lunares más o menos notorios, se acogen al principio de la no intervención o declaran solemnemente que son los venezolanos, mediante el entendimiento y el diálogo civilizado, quienes deben resolver sus problemas. Eso sí, estarían dispuestos a ejercer el papel de mediador, si ambas partes lo solicitasen.
¿Es que acaso estos ilustres jefes de gobierno o directivos de instituciones internacionales, creen sinceramente que existen condiciones para dialogar, cuando una de las partes no está dispuesta a aceptar ninguna solución que comprometa su permanencia indefinida en el poder? Cuando declaran que la solución debe ser democrática y pacífica ¿están conscientes de que la misma pasa por una situación de transición y por la más inmediata celebración de elecciones con garantías? Y si es así, ¿por qué no le consultan al expresidente Maduro y sus sostenedores, si estarían dispuestos a dialogar en esa dirección?
?Qué otra solución pacífica y democrática puede haber? La situación ha llegado a tal punto que sólo el soberano, el pueblo venezolano llamado a consulta para decidir libremente, puede legitimar y dar sustento a sus autoridades. Construir el camino para realizar esa consulta en el marco de la Constitución vigente, y renovar los representantes de todos los poderes públicos, es el único objetivo que convalidaría el diálogo.
¿Compartirán el expresidente y sus seguidores este propósito? Deben declararlo y comprometerse públicamente. Pero no lo harán y las razones no son difíciles de identificar. En esencia, porque saben que no tienen oportunidad de triunfar en unas elecciones libres, con plena participación y con vigilancia internacional creíble, y están conscientes de las consecuencias que conlleva para muchos de ellos la pérdida del poder. Los gobernantes están manchados, marcados por acciones ilegales, por violaciones a derechos humanos, por abusos y crímenes de variada índole, incluyendo corrupción y narcotráfico.
En consecuencia, sólo el ejercicio de una muy fuerte presión nacional e internacional puede confinar al régimen hasta hacerlo negociar una salida o provocar su ruptura. No parece haber otras opciones para estabilizar y recuperar al país. El diálogo, sin la previa aceptación de una transición limitada en el tiempo y de elecciones libres con garantías, no aportará solución alguna, por el contrario contribuiría a agravar la situación con un gran saldo de dolor y de pérdidas de vidas. Si alguien vislumbra una opción diferente, debería entonces darla a conocer. por Raul Alegrett Ruiz







