Una de las razones del fuerte vínculo del público con la saga deToy Story es el pensamiento animista en el que se basa. No hay niño que durante su desarrollo haya tomado un objeto inanimado —no solo juguetes— para imaginar mundos infinitos. Una botella de plástico puede ser una nave espacial y la escoba un caballo para buscar malhechores.
Antes del estreno de Toy Story 5, mucha agua había corrido. Cuando en 1995 se estrenó la primera película, fue todo un fenómeno de taquilla por los sentimientos que despertaba, esos conflictos humanos depositados en los personajes liderados por Woody y Buzz Lightyear, quienes pasan de la rivalidad a una profunda amistad. Mientras, el niño Andy vivía un mundo a su medida con estos juguetes como principales figuras.
Ya en la segunda entrega comienzan a endurecerse los conflictos, cuando la maldad acecha de verdad. Si bien en la primera entrega Sid Phillips tan solo era un niño que se descargaba destruyendo juguetes en su complejo de Frankenstein, en Toy Story 2 (1999) surgen temas como el secuestro cuando un coleccionista pretende vender a Japón todos los juguetes del programa El rodeo de Woody.
Entonces, Buzz Lightyear y compañía tienen que rescatar a Woody, tentado ante la propuesta de ser siempre admirado en una vitrina o preferir a un niño que tarde o temprano dejará de jugar con él. Además, tendrá que lidiar con Oloroso Pete, un juguete resentido por nunca haber sido querido por un niño, incapaz de comprender a los otros en su afán por compartir más fantasías en algún hogar. En esta entrega se suma como personaje la vaquera Jessie.
En 2010 fue el estreno de Toy Story 3. Andy es un joven universitario. Por descuido los juguetes terminan en una guardería en la que el oso Lotso es un malvado tirano que no tiene piedad con aquellos que lo enfrentan. En esta película ya se tocan temas como la despedida y la aceptación de los cambios de la vida. Aparece entonces la niña Bonnie en este universo.
Para algunos, la tercera parte de la saga era el cierre perfecto. Y lo era. Sin embargo, en 2019 se estrenó Toy Story 4, una película para algunos innecesaria, pero que llevó toda esta historia a un nivel extremo de humanización con el tema de la emancipación de Woody, con Gabby Gabby como una villana que representaba ese sentimiento de quitar a los demás lo que nunca has tenido, pero con esa línea también de comprender las intenciones de los actos malvados, muy en la línea de algunas películas de la época reciente con respecto a figuras malvadas.
La más débil de todas
Finalmente llega a la cartelera Toy Story 5. Y al igual que su predecesora, pudo no haber existido. Tendrá sus detractores, pero si se hace el ejercicio de separarla del resto, es una película entretenida y potente; pero como es imposible abstraerse de su origen, es la más sencilla y débil de la saga, pues se vale de recursos y sentimientos ya tratados en los filmes anteriores.
En el largometraje, Woody está en el retiro. Ya no vive con los demás en la habitación de Bonnie; mientras, los que quedan en la comunidad ven cómo llega a casa un nuevo aparato: Lilypad, una tableta que le compran los padres a la niña con la esperanza de que le sirva para tener amigos. A la niña le cuesta socializar y de su generación es la única que todavía se distrae con juguetes. El resto sólo se divierte frente a las pantallas.
Y ese es uno de los puntos débiles de Toy Story 5. Si bien las anteriores películas tocaban temas humanos como el miedo al olvido, la separación, el resentimiento y la envidia de una manera en la que no se subrayaba esa intención, sino que el mismo conflicto y la caracterización de los personajes permitían que el espectador reparara en ellas, en esta película hay una clara intención de cuestionar el uso excesivo de pantallas incesantes en la vida cotidiana. Por momentos, pareciera una campaña por lo analógico, salvo ya en su tercer acto cuando apunta a otros caminos a través del trabajo conjunto de quienes al principio se enfrentaban.
A través de Lilypad, Bonnie entabla un vínculo con un grupo de niñas, y es ahí cuando comienza el conflicto: la pequeña se siente mal cuando las otras se burlan de ella por jugar con juguetes. Entonces, decide dejar a un lado a su querida vaquera Jessie y a su caballo Tiro al Blanco.
Nuevamente surge el temor de Jessie a ser abandonada, una constante en su existencia como juguete. Es ella quien tiene el mayor protagonismo en Toy Story 5, pues hará todo lo posible por solventar todos los entuertos que van surgiendo en la trama, especialmente hacer que Bonnie finalmente entable una amistad.
Buzz será un acompañante, a la vez que Woody sale del ostracismo del retiro para vivir nuevamente una aventura con sus viejos amigos, temerosos de ser guardados para siempre en la cochera.
Otro de los puntos discutibles de la película es la ausencia de un peligro novedoso o de un villano que en realidad ponga en vilo la continuidad de los vínculos de los juguetes. Si bien Lilypad es rechazada por Jessie y compañía, los autores de Toy Story 5 no la llevan a los extremos y más bien le dan otro derrotero en el tercer acto.
Vínculos humanos
Toy Story 5 es dirigida por McKenna Harris, quien debuta en largometrajes luego del corto Ciao Alberto (2021), junto con Andrew Stanton, uno de los pesos pesados de Pixar que ha firmado obras como Bichos (1998), Buscando a Nemo (2003), WALL-E (2008) y Buscando a Dory (2016), además de ser guionista de todas las anteriores de la saga Toy Story.
Si bien tiene sus debilidades, la película mantiene su pulso porque logra afianzar un punto importante en el personaje de Jessie como es el desprendimiento de lo que la hace sentir segura frente a lo que entiende debe ser su deber: lo mejor para la persona que ama.
Y no es que sea una novedad en la saga, pero la manera en la que se hilvanan en Toy Story 5 las relaciones entre humanos tiene un matiz diferente. Acá los juguetes de Bonnie terminan siendo un medio para un fin posterior, una puerta a un mundo de contacto en el que antes no había entrado. (EN)







