La primera venezolana que desfila en Le Défilé de L’Oréal Paris es cantante. Elena Rose apareció este lunes en la Place Joffre, con la Torre Eiffel iluminada como telón de fondo y la École Militaire al otro extremo de la plaza, para interpretar «Cosita linda».
La escena reunió a modelos, actrices, atletas, cantantes y embajadoras internacionales de la marca. Entre ellas estuvieron Kendall Jenner, Jane Fonda, Viola Davis, Eva Longoria, Cara Delevingne, Andie MacDowell y Aishwarya Rai Bachchan.
Pero también una artista venezolana cuyo nombre todavía no ocupa un lugar proporcional a su trayectoria en la conversación pública del país.
Su presencia es el resultado de una carrera que se construyó primero detrás de escena, en la composición de canciones para otros.
Andrea Elena Mangiamarchi, conocida artísticamente como Elena Rose, nació en Miami. Creció entre influencias venezolanas, puertorriqueñas y chilenas, y convirtió esa mezcla en una identidad musical que se desplaza con naturalidad entre el pop latino y los sonidos urbanos.
En Le Défilé, sin embargo, no caminó como compositora. Caminó como figura pública. Su cuerpo ocupó una pasarela internacional y su nacionalidad adquirió una visibilidad que fue más allá del vestuario, el maquillaje o la fotografía oficial.
Le Défilé
L’Oréal Paris presenta el desfile como un espectáculo anual vinculado a la Semana de la Moda de París que reúne belleza, moda, entretenimiento y diversidad. La edición de 2026 corresponde a la novena desde su creación en 2017.
El evento nace para trasladar el mensaje central de la marca (Because you’re worth it, traducido habitualmente como «Porque tú lo vales») a un formato visible y multitudinario.
Con el paso de los años, la firma convirtió esa frase publicitaria en una plataforma de representación femenina. Mujeres de distintas edades, profesiones, cuerpos, nacionalidades y trayectorias comparten una misma pasarela.
La edición de 2026 llevó por lema Express Your Worth, una invitación a expresar el valor propio sin someterlo a una única idea de belleza. La marca definió el espectáculo como una celebración de la sororidad, la inclusión, la diversidad y la libertad individual.
El desfile ocurrió al aire libre, en un espacio situado frente a uno de los símbolos más reconocibles de París. La Torre Eiffel funcionó como imagen, pero también como mecanismo de amplificación. Y es que cada salida se convirtió en una escena diseñada para circular de inmediato por redes sociales, medios de moda y plataformas audiovisuales.
L’Oréal Paris pertenece al grupo L’Oréal y es su marca más grande. Según la compañía, sus productos llegan a unos 600 millones de consumidores. Medios especializados señalan que la división contribuye de forma decisiva al crecimiento del grupo, impulsada en particular por nuevos productos capilares y por artículos de maquillaje como el fijador Infalible 3-Second Setting Spray.
Por eso Le Défilé cumple una doble función. Es un espectáculo de moda, pero también una operación de comunicación global.
La ropa atrae la atención, la belleza sostiene el relato comercial, las celebridades garantizan el alcance y la diversidad intenta responder a una industria que durante décadas restringe quién puede ocupar el centro de la imagen.
La gran Céline Dion fue la estrella de la noche
Compañeras
Kendall Jenner lideró el desfile con una aparición de alto impacto. La modelo estadounidense compartió la pasarela con Heidi Klum, Cara Delevingne y Luma Grothe, pero también con figuras cuya presencia desplaza la lógica tradicional de la moda.
Jane Fonda representó una trayectoria que atraviesa el cine, la televisión y el activismo. Viola Davis incorporó el peso de una carrera consagrada en Hollywood. Eva Longoria sumó la visibilidad de una actriz y productora latina.
Por su parte, Andie MacDowell y Philippine Leroy-Beaulieu aportaron generaciones distintas de intérpretes. La esquiadora olímpica Lindsey Vonn y la atleta paralímpica italiana Beatrice Vio introdujeron otra idea de presencia corporal y rendimiento.
La pasarela presentó a este gran nutrido grupo de mujeres como figuras con historias distintas, unidas por la relación con una marca que intenta hablarle a una audiencia global.
El cierre correspondió a Céline Dion. La cantante canadiense, quien fue embajadora de L’Oréal Paris en 2019, participó como invitada especial y puso fin a la noche con una presentación musical.
En ese reparto, Elena Rose representó una dimensión latinoamericana específica: la de una artista venezolana criada en la diáspora, formada entre varias culturas y capaz de llevar su origen sin reducirlo a una simple etiqueta.
Antes de presentarse como intérprete, Elena Rose escribió -y aún lo hace- para algunos de los nombres más poderosos de la música latina y del pop internacional. Su trabajo incluye colaboraciones con Bad Bunny, Sebastián Yatra, Becky G, Rauw Alejandro, Selena Gomez, Daddy Yankee, Christina Aguilera y Jennifer Lopez.
Durante años, su nombre permaneció oculto detrás de las voces de otros artistas. Esa posición le permitió desarrollar una herramienta decisiva: la capacidad de construir canciones desde la emoción, el ritmo y la identidad de quien las interpreta.
En 2020 inició su carrera como solista y Billboard la reconoció como una artista en ascenso. Su primer sencillo, «Sandunga», marca el comienzo de una etapa en la que la autora decide ocupar el primer plano.
Su repertorio incorpora referencias a Venezuela, Puerto Rico y otras experiencias latinoamericanas sin encerrarse en una sola geografía. La venezolanidad de Elena Rose es parte de una biografía atravesada por el desplazamiento, las lenguas culturales y la creación de una identidad propia fuera del país de origen.
Ese recorrido explica la relevancia de su llegada a París. Su participación enmarcó el hecho de que una artista venezolana, cuyo reconocimiento internacional creció primero por su trabajo autoral, encontró un espacio en una plataforma que presenta modelos de éxito, poder y representación femenina.
Sobre Elena
Para el público venezolano, Elena Rose todavía necesita una introducción. Esa falta de reconocimiento local contrasta con una carrera que ya conecta con artistas, productores y escenarios internacionales.
La cantante cuenta con nominaciones al Latin Grammy, nominaciones a los premios Lo Nuestro, un reconocimiento como nueva artista en los Premios Tu Música Urbano y cuatro canciones ganadoras del BMI Latin Award, según la información publicada por BMI.
Su debut en Le Défilé, no obstante, cambia la escala de esa conversación. La cantante no llegó a París como figura anónima dentro del público. La marca la incluyó en una pasarela cuya edición de 2026 reúne a algunas de las mujeres más reconocidas de la cultura popular contemporánea.
Y eso importa. Mucho.
La primera venezolana en caminar allí no es una modelo profesional de carrera tradicional. Es una compositora que aprendió a ganar espacio desde la escritura y que luego transformó esa autoridad creativa en presencia escénica. Esa particularidad vuelve más interesante todo porque Elena Rose no representa solamente a un país en un desfile; representa también a una generación de artistas latinoamericanas que cruzan industrias, idiomas y categorías.
De esta manera, la pasarela absorbió la popularidad de las cantantes, la influencia de las actrices y la experiencia de las atletas, y el espectáculo de L’Oréal convirtió esas trayectorias en una imagen común: mujeres que caminan bajo una misma luz, aunque llegan desde lugares radicalmente distintos. (EN)








