El domingo 8 de marzo, mientras la ciudad buscaba el descanso y conmemoraba el día internacional de la mujer, el pulmón vegetal de Ciudad Guayana exhalaba un humo amargo. Lo que comenzó como una «candelita» terminó devorando varias hectáreas del Parque Loefling-Cachamay, dejando tras de sí un rastro de cenizas, muerte y una indignación que hoy tiene voz a través de la comunidad del team Loefling Runners.
Un rastro de fuego y cacería
La alerta, confirmada por los bomberos forestales del sistema de parques, no solo habla de vegetación perdida. El hallazgo de un acure joven muerto entre los matorrales negros puso rostro a la tragedia. Según denuncias de quienes hacen vida activa en el parque, el incendio no fue un accidente de la naturaleza, sino un acto presuntamente provocado.
La hipótesis que manejan los usuarios habituales es desoladora: el fuego habría sido iniciado por cazadores furtivos para acorralar a los ejemplares adultos de la fauna local. «Parece que fue por cacería, por cazar a los papás del animalito», relata un testimonio cercano a los hechos, refiriéndose al pequeño roedor hallado sin vida.
La naturaleza que no tiene voz pero impacta
El Parque Loefling es un santuario único en la urbe, un espectáculo de microfauna y biomasa que, en palabras de los corredores, «está vivo, pero no tiene voz para pedir ayuda». La pérdida de estas hectáreas afecta directamente el equilibrio de un espacio que es orgullo de los guayaneses.
Los miembros del team Loefling Runners han alzado la voz no solo para denunciar, sino para sacudir la apatía del ciudadano común. El llamado es directo:
A los usuarios: No hacerse de «la vista gorda» ante una columna de humo o una actividad sospechosa.
A las autoridades: Reforzar la vigilancia contra la cacería ilegal en zonas protegidas.
A la comunidad: Entender que el fuego nunca es «solo una candelita».
«Si la ayuda no viene del usuario, del que va todos los días y ve la cuestión pero no le importa porque ‘no es suyo’, entonces estamos perdidos», lamentan los miembros de los bomberos forestales, quienes rápidamente se hicieron presentes en el sitio y lograron controlar que el incendio no se extendiera a más áreas del parque.
Un compromiso permanente
A pesar de la tristeza que embarga a los amantes de la naturaleza este lunes 9 de marzo, la consigna es clara: no cesar en la actividad de protección. La campaña de concientización busca que el sacrificio de la fauna local no sea en vano y que el Parque Loefling recupere el verde que la mano humana, de forma indolente, le arrebató. Ese parque no pertenece al gobierno, no es reponsabilidad de los Bomberos Forestales que acudieron a tiempo ayer, no es sólo para los ciclistas y los runners; ese parque maravilloso que engala nuestra ciudad es un activo de todos los guayaneses, un legado de la ciudad que fuimos y somos, un compromiso que todos y cada uno de los habitantes de la zona deben proteger como suyo y como legado a las generaciones que vienen (CNP 8235)












