El pasado se hace escena en Clipper dirigida por Javier Vidal

13 agosto 2026 | Arte y Espectáculo

Isaac en dos tiempos y lugares. A sus 57 años de edad, ve una foto de su familia tomada cuarenta años atrás. Rememora esa época en la casa del padre con sus hermanos y primos. Y ese mismo lugar es donde se desarrolla ese recuerdo, cuando todavía no llega a los 20 años de edad y está a punto de ser enviado a una escuela militar de Estados Unidos.

El actor Rafael Monsalve es quien interpreta a ese personaje en dos momentos de su vida. La foto lleva inmediatamente al espectador a ver cómo eran esos años de juventud de un muchacho apasionado por las artes y el baile. Una familia judía sefardí encabezada por un padre que no entendía muy bien los intereses de su hijo y por lo tanto decide que lo mejor es la educación castrense hablada en inglés “para que sea un hombre de verdad”.

Así comienza Clipper, la obra de teatro de Isaac Chocrón del año 1987 que desde el fin de semana pasado se presenta en el Trasnocho Cultural con un elenco que también integran Gerardo Soto como Elías Chocrón, Wilfredo Cisneros como el tío Elías Ettedgui, Tania Sarabia como Pura, Josette Vidal como Esther Ettedgui de Bustamante “Titonga”, Jan Vidal como José Ettedgui Serfati, además de Theylor Plaza como Mauricio Chocrón y Valentina Rodríguez Montenegro como Merche, estos dos últimos ambos hermanos de Isaac.

El personaje de Tania Sarabia es por momentos una bisagra que da el toque de comedia necesario en la tensión

La puesta en escena es una casa sin ventanas, un hogar del que la mayoría de los jóvenes de la familia quieren partir. No solo Isaac, que ve la solución del padre como inevitable, sino también las dos primas, que entienden que hay mucho más allá de esas paredes y de la visión de los dos adultos, quienes hacen lo que pueden en un país que no es el suyo, pero en el que se han sostenido y desarrollado.

Isaac, su hermana y su prima quieren más. Y no es que el resto no quiera, sino que más bien apuntan a senderos más seguros, quietos y menos aventureros. Esas visiones chocan en la dinámica familiar, pero más que una tragedia en la diferencia, generan el apego al que invita la madurez del reconocimiento. En medio de esa vorágine está Pura, la jocosa trabajadora de la casa, una católica de nombre que halla su esencia en la labor de ese hogar; una especie también de conciencia para los más jóvenes, aunque a veces con torpeza debido al temor hacia los patrones.

Dirigida por Javier Vidal, Clipper tiene una lectura pertinente en un país que todavía resiente las secuelas del éxodo, hogares quebrados que decidieron partir por mejores futuros, la apuesta de la vida más allá de las fronteras. Pero también, después de los terremotos del 24 de junio, se ve con una perspectiva de añoranza a la dinámica hogareña, en la que, a pesar de las diferencias, hay cabida para el encuentro y la solemnidad que da la confianza en mejores tiempos, escenificada en parte en Clipper en las escenas de la cena, donde hay sosiego en medio de la dinámica de demostrar sus razones entre cada integrante. La tradición como encuentro.

Javier Vidal cuenta que no vio la obra la primera vez que se presentó hace cuatro décadas. Estaba muy ocupado con diversos montajes en el Grupo Theja en el Ateneo de Caracas.

Y ahora es la primera vez que la monta. “Cuando comenzamos a desarrollarla teníamos en mente la temática de lo diferente. Es una familia judío-venezolana sefardí, con dos padres y sus respectivos hijos, sin ninguna mamá. Y en ese contexto hay alguien más diferente a todos: Isaac. Diferente para la familia, diferente para la comunidad y diferente para un país”.

En Clipper hubo asesoría para momentos solemne de la tradición judía

Eso fue antes del 24 de junio, cuando la tragedia trastocó el curso de un país ya trastocado por tanto. “Se abrió una grieta también en el país, no solamente física, sino también metafísica. Y emergió la esperanza. Porque estos personajes están esperanzados. Hablamos entonces de un mañana que será mejor, de un presente que hay que cambiar. Es la apuesta por un mañana desconocido, inaccesible, que no lo tenemos a mano, pero por el cual luchamos y por el cual queremos vivir. Esta familia, esta rara familia, se convierte en una metáfora del país en estos momentos, aunque sea una pieza de hace 40 años”, agrega el director.

Entre las licencias en la pieza está el cambio de nombre del personaje de Rafael Monsalve, que originalmente es Jacobo, y Javier Vidal fue directo y le puso Isaac Chocrón. Luego, hacia el final narró un momento que anteriormente era de diálogos. De resto, se mantiene como se concibió.

Sobre el escenario detalla que siguió la línea de un espacio que también fuera varios. La casa es el hogar, pero también la tienda de la familia o el hospital en el que trabaja José Ettedgui Serfati. Un escenario abstracto con dos salidas, una hacia la calle y la otra hacia la cocina o los interiores de la casa. “Pero claro, es válido. En eso yo no peleo con los que tienen la posibilidad de analizar todo eso, como el claustro, el encierro, lo que significa una ventana cuando no está”. (EN)

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