EL DINERO HELICÓPTERO Jacinto Marín

16 noviembre 2021 | Opinión

Es como la lluvia, viene de arriba y quienes lo reciben en tierra no saben de dónde sale ni cómo se produce. En el caso venezolano, es el dinero que se reparte por misericordia del gobierno con la etiqueta de bonos o subsidios dizque para recompensar las pérdidas en ahorros, empleos y salarios, causadas esas pérdidas precisamente por la pésima gestión gubernamental durante más de veinte años. Antes se acuñó la denominación de dinero inorgánico; ahora la moda es llamarlo dinero helicóptero.

“Si la gente entendiese cómo funciona nuestro sistema financiero, creo que habría una revolución antes de mañana”, dijo Henry Ford, según un artículo de Alfredo Apiláez en Rebelión (08/11/2018).

El dinero helicóptero fue una propuesta del genio de la economía Milton Friedman en 1969 como un paliativo para superar algunos desequilibrios económicos, sin convertirse en una política recurrente. Pero los gobiernos se han acostumbrado a aplicarla como política casi permanente bajo la táctica engañosa de mejorar el poder adquisitivo y estimular la demanda de bienes y servicios. El engaño se hace real en tanto que el dinero helicóptero es una manera fácil y sin costo y sin nada que ver con inversiones para incautar mentes ignorantes y generar con su gestión una imagen de bondad y eficacia. Las inversiones son las que generan más empleo y mejores salarios y por consiguiente es la forma más expedita para incrementar el poder adquisitivo; aquí en Venezuela y en cualquier parte del mundo.

Lo malo no está en el reparto propiamente, sino en que los gobiernos y bancos centrales desatienden las causas estructurales de la recesión económica para dar preferencia a una supuesta solución con el dinero que reparten.

Producir dinero de la nada y repartirlo de manera demagógica ha sido una práctica muy usual en muchos países, en los cuales la pobreza es presencial. Los gobiernos hacen ver que es solución y los beneficiarios reciben los bonos o subsidios conscientes de que no resuelven los verdaderos problemas, más allá de la compra de unas canillas de pan en cada oportunidad. Venezuela se ha convertido en un caso típico de esa práctica durante el gobierno Chávez-Maduro.

Lo fácil y de costo cero deviene de las restricciones que enfrenta el gobierno porque sus ingresos son decrecientes y la imposibilidad que tiene para pedir prestado y pagar los intereses respectivos. Además, producir dinero helicóptero es una práctica emblemática de monopolio en razón de ser un privilegio solo del gobierno y más concretamente del Banco Central de Venezuela.

La emisión constante y a diestra y siniestra de dinero helicóptero no supera las causas que la motivan y no resuelve ningún problema serio, sino todo lo contrario; crea inflación porque la cantidad de dinero en circulación es mayor que la producción de bienes y servicios. Poner dinero gratis en manos de mucha gente es la manera más eficaz para crear inflación y un remedio que a duras penas llega a ser simplemente un alivio para sus beneficiarios.

El dinero helicóptero es malo porque se trata de un ingreso no derivado del trabajo humano, sino de la provisión de una máquina impresora de billetes, a disposición única del gobierno, o es dinero que viene por vía del endeudamiento. Al menos se entregan de manera fija cada mes cinco bonos sectorizados a través del Sistema Patria, cuyos montos van desde 0.67 hasta 3.46 dólares, salvo el bono complementario, el cual es por 10.5 dólares y es solo para los trabajadores públicos. En los próximos días la lluvia de dinero será más fuerte debido al pago del tradicional aguinaldo y lo lamentable es que el gobierno tuvo que pedir un préstamo para poder cumplir el compromiso.

Los subsidios son una de las indicaciones más aplicadas para paliar la pobreza, pero después de tantas décadas la pobreza no ha desaparecido y

cada vez es mayor en muchos países, aunque los subsidios sean recurrentes y siempre mayores. Está más que demostrado que las ayudas económicas no acaban con la pobreza y la única manera de que no haya pobreza es creando riqueza. Si los subsidios fueran una solución para reducir la pobreza, en Venezuela no se tendría actualmente el 94.5% de gente pobre.

Los gobiernos han pretendido históricamente asegurar el buen vivir de las personas mediante el otorgamiento de dádivas, pero el resultado de su gestión dista mucho de ese propósito. Con el reparto asumen el papel de protector de los más necesitados y hacen ver que practican caridad, pero al final no logran ni lo uno ni lo otro, sino más inflación y mayor malestar

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