El sol de la mañana golpea con fuerza sobre las estructuras oxidadas de la Zona Industrial Matanza. Lo que hace décadas era el rugir del progreso, hoy es un silencio sepulcral, la ciudad a pesar de estar viva, también comparte ese silencio, interrumpido solo por el relato de Ramón Bejarano. El líder social y ex preso político camina por los alrededores de lo que fueron emporios productivos, analizando la «Etapa de Recuperación» de la que tanto se habla en los pasillos políticos y que figuras como Marco Rubio han puesto sobre la mesa internacional.
Para Bejarano, esta fase no es solo un término macroeconómico; es una deuda moral y social. «No puede haber reconciliación política sin justicia económica», afirma con la serenidad de quien conoce de cerca los barrotes y la lucha de calle.
El cementerio de la producción
La mirada de Bejarano recorre los restos de las Zonas Industriales 321, Unare I y II, y Chirica en San Félix. El diagnóstico es devastador: más de 1.200 empresas expropiadas en todo el país bajo los gobiernos de Nicolás Maduro y su antecesor.
«Vemos desolación donde debería haber empleo. Revertir las expropiaciones y garantizar el derecho a la propiedad es el único camino real para aumentar la producción. Toda persona tiene derecho al uso, goce y disposición de sus bienes; ese es el pilar que se pulverizó», señala el dirigente.
Esta crisis no se limita a Guayana. El mapa del desmantelamiento se extiende a los parques industriales de Maracay, Valencia, Guatire, Guarenas y los estados Zulia y Monagas, dejando tras de sí un rastro de infraestructuras fantasmales.
El costo humano: Hambre y desempleo
Bejarano enfatiza que el impacto más doloroso no es el hierro retorcido, sino el hogar venezolano. Las estadísticas que maneja son alarmantes:
Destrucción del empleo: Entre 2013 y 2023, el empleo privado formal se redujo en más del 50%.
El sector privado como motor: Históricamente, la empresa privada generaba de tres a cuatro veces más empleos directos que el sector público.
Colapso estatal: El modelo actual redujo los ingresos petroleros a apenas $743 millones en 2020, con un presupuesto nacional de $5.439 millones que solo sembró «hambre, miseria y opresión».
¿Reconciliación o retórica?
Para el ex preso político, el discurso de paz suena hueco mientras las acciones digan lo contrario. Denuncia que las expropiaciones no han cesado, citando casos recientes como los ataques a la propiedad de colaboradores cercanos a líderes de la oposición, como el equipo de María Corina Machado.
«Si de verdad buscan una reconciliación interna, deben parar estas acciones persecutorias», advierte Bejarano. Para él, el Estado debe reducir su poder asfixiante sobre la economía y proceder al resarcimiento de daños tanto a empresarios como a la fuerza laboral, incluyendo la recuperación de las maltrechas empresas básicas de Guayana.
La jornada termina con una sentencia clara: la reactivación económica de Venezuela no vendrá de decretos, sino del respeto absoluto a la propiedad privada y la libertad de quienes, a pesar de todo, siguen apostando por el país. (CNP 8235)








