«Descevegizar » Guayana, una acción imperativa I Rafael Marrón González

4 marzo 2026 | Opinión

A partir de los años 60, Guayana, que ya se destacaba por la extracción y
exportación de mineral de hierro, se convirtió en una región de impactante
dinamismo por sus potencialidades siderúrgicas, de hidroelectricidad y de
expansión industrial, lo que la colocaron en la visión desarrollista del mundo.
Guayana prometía ser, y lo fue, el Silicon Valley del acero y la energía.
Por ello, había que crear un ente rector que imprimiera direccionalidad estratégica
los proyectos de inversión nacional y extranjera. Así nace la Corporación
Venezolana de Guayana (CVG). Pero, además de esta suficiente responsabilidad, la
CVG diseñó y planificó una ciudad modelo y asumió funciones que correspondían a
gobernaciones y alcaldías de la región.
Construyó autopistas y carreteras, gerenció los servicios básicos (agua, electricidad
pública y doméstica, servicio de aseo urbano, ornato y jardinería), esto debilitó la
institucionalidad civil. Si a la industria le iba mal, la ciudad sufría directamente en
sus servicios básicos. Y cuando llegó el colapso de la CVG, arrastró a la ciudad en
su deterioro, porque, a pesar de tener el parque metalmecánico más importante
de América Latina, al privarlas del oxígeno vital corporativo, cerraron sus puertas,
obviando el mercado internacional, teniendo el desarrollo del norte de Brasil, al
lado. Y así la ciudad languidece de manera improductiva. Cualquier pueblo de sus
alrededores produce su subsistencia.
Por esta realidad, consideramos que la CVG cumplió honrosamente con sus
responsabilidades, pero es hora de asumir la etapa post CVG, pues la lección CVG
es que, si bien fue eficiente en su etapa de expansión, terminó convirtiéndose en
un techo de cristal para el desarrollo regional debido a su excesivo centralismo y
dependencia.
Guayana debe pasar de ser un campamento industrial gigante; administrado por
una corporación, a ser una región autónoma con empresas privadas eficientes,
generadoras de empleo y estabilidad económica, instituciones democráticas fuertes
y servicios públicos independientes de la nómina del Estado.
La «Descevegización» no significa destruir lo construido, sino evolucionar hacia un
cambio de paradigma hacia la productividad real (no subsidiada por el petróleo) y
la institucionalidad.
La etapa post-CVG es un reconocimiento de madurez regional. La riqueza de
Guayana no está solo en el hierro o el Guri, sino en su capacidad de ser una urbe
moderna, conectada al mundo y dueña de su propio destino institucional.

La principal propuesta de esta descevegización, es la creación del Consorcio
Siderúrgico Orinoco, autoría del doctor Óscar Dam, que convertirá el gigantismo
industrial cevegista, en unidades de negocios independientes, mixtas, de capital
público y privado (incluyendo ciudadanía y trabajadores en su componente
accionario, lo que no es solo una medida económica, sino un seguro de pertenencia y
cuidado de los activos).
Esta propuesta está llamada a fortalecer el músculo institucional, a través de los
impuestos municipales, lo que redundará en la recuperación física de la deteriorada
Ciudad Guayana, otrora ejemplo de pulcritud y eficiencia.

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