Este miércoles, frente a las puertas del Palacio de Miraflores, el jefe del Parlamento, Jorge Rodríguez, justificó la ausencia de un viaje oficial de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, a Estados Unidos alegando que tiene el «pasaporte vencido».
La frase, recibida entre risas por la cúpula que hoy concentra el poder, es en realidad el síntoma de una diplomacia que todavía no sabe cómo sentarse frente a Donald Trump tras la caída de Nicolás Maduro.
Acompañada por su hermano y por Diosdado Cabello, la presidenta interina anunció un «nuevo momento» para el país, marcado por las recientes excarcelaciones de presos políticos.
Sin embargo, su elocuencia se desvaneció al ser consultada sobre una reunión directa con Trump, quien se adjudicó el control de la transición venezolana tras la operación militar del 3 de enero.
En lugar de confirmar una visita a Washington o a la vecina Colombia, Rodríguez optó por el silencio y un saludo distante. La confirmación de que solo enviará una «delegación exploratoria» sugiere que Caracas aún no tiene las garantías necesarias para que su nueva jefa de Estado pise suelo estadounidense sin el riesgo de correr la misma suerte que su predecesor.
Delcy Rodríguez y el peso del pasado inmediato
La excusa del pasaporte resulta difícil de digerir en el circuito diplomático.
Apenas en 2025, Delcy Rodríguez cumplió una agenda internacional que la llevó desde La Haya hasta Surinam, demostrando que sus documentos de viaje estaban en regla.
El «vencimiento» parece ser más político que burocrático. Y es que Estados Unidos todavía no define si Rodríguez es una aliada en la transición o simplemente la heredera de un sistema que Washington bombardeó hace menos de dos semanas.
La imagen de los hermanos Rodríguez junto a Cabello en la entrada del palacio presidencial busca proyectar unidad y control. Pero mientras bromean con la prensa, la presión de la Casa Blanca por una transición total y elecciones libres sigue aumentando.
El humor de Jorge Rodríguez podrá haber relajado la rueda de prensa, pero no oculta la realidad: en la Venezuela actual, el poder se ejerce desde Miraflores, pero las reglas del viaje las sigue dictando el Pentágono. (EN)








