EL DAÑO Edgar Benarroch

El daño causado al país y sobre todo al pueblo más necesitado y débil por la destructiva y dañina gestión pública de los últimos veinte años es verdaderamente gigantesco. Acabaron con todo lo bueno y provocaron males nuevos y mayores. Han arruinado nuestra economía después de ser el país más rico de Latinoamérica. La de los huevos de oro, PDVSA, que producía 3.500.000 barriles de petróleo todos los días, a pasado a menos de 700.000 según cifras de expertos , acabaron con el complejo siderúrgico de Guayana y nos han metido en un infierno inflacionario de los más horrorosos del mundo que ha llevado a nuestra moneda a carecer de valor de intercambio, recibimos más dinero pero podemos menos , en un kilogramo de queso se va el salario mínimo mensual. Provocaron cierre o indebidamente se apropiaron de una buena parte de las industrias del país, ahora existe un cementerio de galpones vacíos, el comercio ha cerrado sus puertas en más del 60%..Nuestras fértiles tierras están despobladas o tomadas por malandros con el consentimiento del régimen El empobrecimiento es general.
Han desvirtuado y desnaturalizado la institucionalidad nacional. Todos los Poderes Públicos, a excepción de la Asamblea Nacional son ilegítimos. Montaron un mamotreto que llaman constituyente también irrita y como tal ilegítima. No hay división menos autonomía de las ramas del Poder Público  y todo se resuelve en Miraflores, desde allí se ordena y hasta se dictan veredictos propios de la administración de justicia. Desde Miraflores se inhabilitan partidos políticos y dirigentes y se ordena la persecución, encarcelamiento, tortura y hasta asesinato de la disidencia.
Estos daños, económicos y político-institucional son superables a relativo corto plazo. El primero, económico, con una sana administración que entre otras medidas reflote a PDVSA, prácticamente refunde la siderúrgica de Guayana, reestructure y revise la inmensa deuda publica, promueva y estimule el aparato productivo y detenga y si es posible desaparezca la inflación, estimule y promueva la reindustrialización y rescate nuestras fértiles tierras para volverlas a hacer productivas seguramente podemos empezar a subsanarlo. Se mejorarán de esa manera nuestras cuentas nacionales (macroeconomía) y el día a día del venezolano (microeconomía). Claro está estas medidas son fácil enunciarlas y nada fácil ejecutarlas, su implementación  supondrá sacrificios que se tratará no recaigan en los sectores más necesitados, ya bastante sacrificados y que sean soportables por el resto del país.
Lo segundo, político-institucional también es superable con una administración democrática, decente y respetuosa de los valores y principios fundamentales para la convivencia. En la próxima elección, Dios mediante iniciaremos esta tarea. Especial empeño habrá que dedicar a nuestra Fuerza Armada para que recobre su institucionalidad y sea fiel a su juramento de servirle y defender los valores y principios patrios.
Así pues, esos dos grandes problemas son perfectamente corregibles o iniciar con buen pie su corrección en el transcurso de tres o cuatro año lo económico, lo institucional a mucho menor tiempo.
Lo que nos abruma, atormenta y preocupa más es el daño social. La sociedad es el conjunto de individuos que comparten una misma cultura e interactúan entre sí para conformar una comunidad. El régimen ha hecho lo posible para distanciarnos y dividirnos: Somos «leales o traidores», «patriotas o apátridas», «importantes o escuálidos», «explotadores o explotados», «burgueses o pueblo», es decir, ha querido lograr el insólito e inaceptable esquema de dividir el país entre explotadores y proletariado en busca de la lucha de clases propuesta por el comunismo. A ese esfuerzo por desagregarnos se suma el odio, rencor y venganza que caracterizan al régimen. Han pretendido cambiar nuestra cultura, nuestra interacción y nuestro comportamiento que siempre ha sido tolerante, de hermandad, bondadoso, caritativo, en fin solidario y todo ello en medio de una gran permeabilidad social. En nuestra diversidad y diferencias siempre hemos encontrado caminos para entendernos civilizadamente  y de esa manera hemos conformado nuestra colectividad.
Tengamos muy presente que el régimen tiene montado un macabro laboratorio para manipular la opinión pública con invenciones y mentiras y crear en nosotros malos entendidos, sobresaltos y confusiones. Cuidado con hacernos eco de esa desinformación. Toda noticia que nos produzca confusión, desánimo, sorpresas desagradables, irritación o malestar, tengamos la plena seguridad que proviene de ese laboratorio. No nos dejemos engañar ni confundir.
Hay quienes por su formación y personalidad desechan y enfrentan el criminal dilema que el régimen procura, pero hay también quienes por debilidad o carencia de formación adecuada pueden ser tierra fértil para que prospere las  consejas de la usurpación. Dios quiera que la espada no haya llegado hasta la encachadura.
Así pues, reacomodar  y reordenar el país socialmente será una tarea titánica que estamos en el ineludible deber de atender con decidida voluntad y esfuerzo. Especial atención nos merecen los jóvenes  que han crecido en la pesadilla de los últimos veinte años. Esos jóvenes son el relevo y debemos atenderlos y formarlos para que afronten con éxito los desafíos que se les presentarán.
Nos corresponde atender la dramática situación nacional con mucha inteligencia, capacidad, voluntad de servicio y toda la dedicación posible. Todos los sectores del país hay que acomodarlos, creo, como antes indiqué , que lo económico y político-institucional  son superables en relativo corto tiempo, lo socio-cultural seguramente nos demandará mayor tiempo e intensidad. Hoy estamos luchando por el cese de la usurpación, por un gobierno de transición y por elecciones generales, pero también hagamos conciencia que lo que nos corresponderá más adelante es un desafío del tamaño de nuestra historia. Continuemos en la lucha y preparémonos para mañana.