El Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S) informó este martes que el pasado mes de enero alcanzó una temperatura media del aire en superficie de 12,95 °C, cifra que supera en 0,51 °C la media del periodo 1991-2020.
Este registro sitúa a enero de 2026 como el quinto más caluroso a nivel global, manteniéndose apenas 0,28 °C por debajo del récord histórico establecido en 2025.
El balance de la institución con sede en Bonn revela un planeta fragmentado por extremos térmicos, donde el calentamiento a largo plazo coexiste con episodios de frío severo en latitudes medias.
Durante la segunda mitad del mes, una corriente en chorro polar inusualmente ondulada facilitó el ingreso de aire ártico en el hemisferio norte.
Este fenómeno meteorológico provocó que Europa viviera su enero más frío en 16 años, con una temperatura media de -2,34 °C. Regiones de Fennoscandia, los estados bálticos y el este de Estados Unidos enfrentaron condiciones invernales rigurosas, en contraste con el Ártico y el oeste de América del Norte, donde los termómetros se mantuvieron por encima de la media habitual.
Copernicus, fenómenos extremos y desastres naturales
Según lo reseñado por EFE, la inestabilidad climática se manifestó de forma violenta a través del ciclo hidrológico.
Gran parte de Europa occidental y meridional registró niveles de humedad superiores a lo normal, provocando inundaciones de gravedad en la península ibérica, Italia y el Reino Unido.
En sentido opuesto, zonas de Escandinavia, Islandia y Rusia enfrentaron un periodo de sequía anómala, evidenciando la irregularidad en la distribución de las precipitaciones globales.
En el hemisferio sur, el calor alcanzó niveles récords, intensificando los incendios forestales en Australia, Chile y la Patagonia durante la segunda quincena del mes.
Simultáneamente, el sur de África sufrió el impacto de lluvias torrenciales que derivaron en inundaciones catastróficas, especialmente en Mozambique.
Estos eventos confirman la capacidad del sistema climático para generar escenarios de calor extremo y precipitaciones destructivas de manera simultánea en diferentes puntos de la geografía terrestre.
Samantha Burgess, responsable estratégica de Copernicus, enfatizó que los datos recientes funcionan como un recordatorio sobre la volatilidad del sistema climático actual.
La continuidad de las actividades humanas como motor del calentamiento global obliga a priorizar la resiliencia y la adaptación institucional.
Según la experta, el aumento de la frecuencia e intensidad de estos fenómenos extremos requiere una preparación social profunda para gestionar los riesgos climáticos que definirán las próximas décadas. (EN)








