Ante las elecciones regionales. responsabilidad, reflexión y autocrítica. Raúl Alegrett

17 noviembre 2021 | Opinión

Como era de esperarse, ante el evento de las próximas elecciones regionales, la oposición venezolana se encuentra dividida en dos grandes sectores, uno que considera que se debe ir a votar y otro que se pronuncia por la abstención. Ambos reúnen un considerable número de electores y de cada sector surgen paladines que desarrollan activas campañas para hacer valer su posición. Independiente de las razones y justificación que cada sector aduce, la consecuencia de este enfrentamiento es fácil de prever: la abstención no será contundente, inclusive probablemente inferior a la de anteriores eventos electorales regionales, y tampoco lo será la votación a favor de candidatos reconocidos como opositores. Con el agravante de que la oposición está atomizada con un número muy elevado de candidaturas.

 

Los argumentos que esgrime cada una de las partes son variados, algunos realmente de peso, otros cuestionables y otros más ni siquiera son reales. Para colmo, desde ambos sectores surgen acusaciones pretendiendo descalificar a quienes opinan distinto. Unos señalan a los otros de inmovilistas, radicales, cómodos y otros adjetivos, y éstos a su vez utilizan calificaciones más fuertes, tales como, vendidos, traidores, oportunistas, colaboradores, ingenuos, corruptos.

 

Un examen riguroso de los argumentos exhibidos, permite encontrar y descartar en ambas posiciones muchos deleznables, así como identificar aquellos válidos y suficientemente sólidos. El problema estaría entonces en valorizar o ponderar estos últimos y determinar la inclinación de la balanza. Pero surge entonces el problema de la subjetividad en las valoraciones. Condición que se agrava y se torna imposible, cuando se esgrimen posiciones “no discutibles”.

 

Dadas estas condiciones, es fácil concluir que:l

 

1. Permanecen dos posiciones excluyentes, sin que un sector haya logrado modificar sensiblemente la posición del otro.

2. Esta situación beneficia sustancialmente a quienes detentan el poder.

 

Una vez concluya el proceso electoral y visto el resultado, cada uno de los sectores dedicará tiempo y esfuerzos a culpabilizar al otro, aumentando así el desgaste de los liderazgos y el enfrentamiento y división de la oposición. La esperanza de superar el drama nacional disminuye con una oposición cada vez más débil y desprestigiada.

 

Existe un viejo ejemplo, utilizado con el propósito de motivar a la cooperación al perseguir objetivos comunes, basado en la conducta de dos burritos en una determinada circunstancia. Los dos animales están unidos por una cuerda no muy larga, alineados mirando en direcciones opuestas. Al frente de cada uno, a cierta distancia, han colocado una paca de forraje. Cada animal trata de avanzar hacia la paca que tiene al frente, pero no le puede llegar porque la soga que lo une al otro no se lo permite. La reacción inicial es tratar de halar más fuerte que el otro y arrastrarlo, pero las fuerzas son parejas, la soga aprieta al cuello, no resulta. Se quedan sin comer. ¿Cómo pueden superar este fracaso? Obviamente, cooperando. Ir ambos sobre una misma paca, no importa cual de ellas, y luego igualmente sobre la otra. Sencillo ¿no les parece?

 

Si se ha estado observando que personas serias, prestigiosas, honestas, bien intencionadas, con experiencia en política, se han pronunciado en favor y en contra de una u otra de las posiciones, y si se tiene la convicción de que el rechazo al régimen está cerca de, o supera, el 80% en el electorado, y de la conveniencia de evidenciar esa condición en la oportunidad del evento electoral; uno no puede menos que preguntarse ¿cómo es posible que la dirigencia opositora no haya podido encontrar una vía para establecer la cooperación? Peor aún, ¿que ni siquiera lo haya intentado?

 

Dos son sin duda las opciones para el logro de una victoria de la oposición: una mayoría contundente que se abstiene o una mayoría contundente que vota en contra del régimen. Está dicho que para unos es sólo una opción la que tiene validez, pero lo cierto es que cualquiera de las dos afecta al régimen. En cambio, la situación hibrida, abstención y votación o, si se prefiere, ni abstención ni votación, es la que conviene al régimen. No lo descalifica, y hasta le otorga un barniz de legitimidad y le concede el monopolio de los poderes regionales y locales.

 

Más allá de los escritos a favor o en contra, más allá de interminables e inútiles discusiones, más allá del tuiteo inclemente, generalmente en contra y pocas veces a favor de algo, los adalides de la oposición han debido acercarse a oír al pueblo, conocer sus expectativas, auscultar sus aspiraciones y sus deseos y al mismo tiempo, potenciando al máximo sus capacidades y su compromiso con Venezuela, haber construido algún mecanismo o procedimiento para poder adoptar una decisión que comprometiera a todos. Con la sensatez y la grandeza que demanda la dramática situación que vive nuestra patria. Grave la responsabilidad.

 

Sólo nos queda solicitar a quienes decidan votar, que lo hagan por aquellos candidatos con respaldo de organizaciones de oposición reconocidas y que presenten las mejores posibilidades de triunfar.

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