La nueva potencia petrolera del subcontinente; A F Concheso

Por Aurelio F. Concheso

Para inicios del año que viene, nuestra vecina Guyana empieza a producir 120.000 barriles diarios de petróleo (bdp) costa afuera, y para 2025, ese monto se eleva a 750.000 bdp, lo que la hará el mayor productor mundial en términos per cápita dada su escasa población que es de 800.000 habitantes.

En términos comparativos, es como si Venezuela estuviera produciendo 28 millones de barriles diarios.

Pero eso es solo el principio de lo que va a ser una de las provincias de producción más importantes en la región durante los próximos años.

Todos esos barriles vienen de una  pequeña parte, del bloque Stabroek, el campo Lisa 1, concesionado por Exxon-Mobile, esa pequeña empresa que el «comandante eterno» tuvo a bien despachar de Venezuela intempestivamente, despojándola de lo que le correspondía, en aras de un nacionalismo que ha llevado a nuestro país a producir tan solo 20% de lo que una vez lo hiciera una de las principales potencias petroleras.

Las exploraciones y perforaciones costa afuera en mar profundo son de las más costosas y riesgosas que existen. Puede encontrarse petróleo y gas, pero si las cantidades no son de grandes volúmenes, se corre el riesgo de haber encontrado algo que no es comercialmente explotable , y adiós varios centenares de millones de dólares de levantamiento geofísico y perforación de pozos exploratorios.

Exxon Mobile apostó por el costa afuera guyanés hace más de 15 años y ganó de forma superlativa. En 2014 inició la perforación del primer pozo exploratorio en el campo Lisa 1, y para ese momento ya había ubicado 3.000 millones de barriles.

De manera cautelosa, ese estimado ha venido aumentando y ya va por 6.000 millones, el doble de las reservas probadas de Colombia.

Los entendidos sospechan que el solo bloque Stabroek puede tener reservas parecidas al megayacimiento mexicano de Cantarell. A estas alturas, solo Exxon sabrá si es así. Pero Exxon no es el único jugador: Anadarko, Hess, Repsol y Tullow  son algunos de los que ya están explorando, y la lista sigue creciendo.

El reto para Guyana será administrar este shock económico positivo de tal forma que el mismo no la arrastre a la columna de los Estados petroleros fallidos como Venezuela y Angola, y que más bien logre una institucionalidad parecida a la de Noruega y de los países pequeños del Golfo Pérsico, que han logrado administrar la riqueza con criterio.

Tal vez la tradición de Imperio de la Ley, respeto por los contratos y respeto a la propiedad privada, heredada de su pasado como colonia británica, la ayuden en ese sentido.

Para Venezuela, el éxito de Guyana plantea unos retos importantes a futuro. Durante décadas, el costa afuera venezolano ha sido una promesa que nunca se ha concretado, en buen parte por la actitud de PDVSA y del propio mundo político que pretendían imponer condiciones que ahuyentaban a quienes tienen la tecnología y los bolsillos profundos para tomar ese tipo de riesgo.

En un caso clásico de ni lavar ni prestar la batea, PDVSA no quiso o no pudo hacer nada significativo en esos campos. Ahora, corremos el riesgo de que lo que ahí existe, quizás en montos comparables a lo del bloque Stabroeck, se quede in situ hasta más allá del fin de la era de los hidrocarburos.

Lo cierto es que mientras perdíamos el tiempo certificando reservas de un crudo extrapesado que nadie quiere, y trazábamos planes fantasiosos de irrealizables poliductos hasta la Patagonia, nos olvidamos de oportunidades como nuestro costa afuera y campos convencionales (con reservas de más de 40.000 millones de barriles), todos con crudos más mercadeables que los de la Faja.

Para colmo, terminamos viendo cómo el populismo y la mala gerencia acababan con la industria petrolera nacional, paralizando su infraestructura de transporte y capacidad refinadora.

Ojalá que el ejemplo de Guyana sirva para que alguien implemente políticas petroleras sensatas, para que futuras generaciones no tengan que decir: «¡Caramba, el petróleo es nuestro, pero ya nadie lo quiere! ¿Por qué a nuestros antepasados no se les ocurrió venderlo cuando todavía tenía algún valor?».